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domingo, 6 de septiembre de 2009

Variaciones sobre lo público y la cuestión GLTB



Lamentablemente la cuestión gltb solo tiene lugar en los intersticios de anonimato que propone la circulación urbana. En los pueblos, donde todo es espacio público y vida compartida, no hay lugar para la divergencia, puesto que el gran problema sigue siendo el reconocimiento social y político del otro.
En ambos casos, las vidas son tapadas, difuminadas y silenciadas. En las ciudades están disueltas entre las masas, que nos devoran casi inexorablemente y nos obligan a participar de los medios de comunicación y sus modos de pautar la verdad y el show business para poder conseguir visibilidad social. En los pueblos, el famoso secreto a voces trama una urdimbre de palabras entredichas que ocultan la existencia social de lo diferente. Salvo algunas excepciones, si por ejemplo alguna marica irreverente decide poner de manifiesto su putez, el precio suele ser tener el “placer" de transformarse en el culo "público" que utilizarán casi todos los machos del pueblo, al mejor estilo baño de estación de servicio. Y así se ratifica una vez más el poderío simbólico de la virilidad y se perpetúa un orden social vertical, reglamentado y machista. Ese puto no desacomoda las relaciones de poder en ese espacio de "convivencia" social.
La palabra sigue siendo una llave para abrir el debate público y, por lo tanto, las nociones de poder político. El lenguaje es un sistema de representaciones sociales que, como tal, es arbitrario y tendencioso. La opacidad del signo esconde formas cristalizadas que naturalizan lo que no es obvio ni está dado por ninguna providencia. Socializar el lenguaje es dotarlo de perspectivas históricas que den respuesta a las formas de relación humana y desentramar los mecanismos de poder ocultos en su interior. Desguasar la lengua ayuda a leer la historia a contrapelo y a liberar los potenciales revolucionarios, liberadores que surgen del reconocimiento de las propias limitaciones. Lo gltb es una cuestión de lenguaje que va desde lo indecible, hasta la suspensión entre las masas, o la obturación en los pueblos, con la opción de circular como una galería de freaks al servicio de los medios de comunicación y de la carcajada pública.


Imagen: Fotografía "Multitud" de Misha Godin

miércoles, 13 de mayo de 2009

¿Voces en el infinito?


A partir de la difusión del uso de internet pareciera haberse dado una suerte de democratización respecto de la accesibilidad a la información y a los bienes culturales. Hoy se dice que todos podemos tener toda la música, todos los libros o abundante información acerca de lo que queremos. ¿Pero qué encierran esas totalidades? ¿Qué hay detrás de esas ilusiones de completud en las que parecemos vivir?

En primer lugar, ese "todos" que se adueña de “todo”, como pasa nada menos que en salud o en educación, nunca es la totalidad de la gente, sino que es una suerte de ideal, de sujeto indefinido que cubre los vacíos y las grietas de nuestras carencias y los egoísmos de una sociedad pensada para pocos, para cada vez menos gente.

¿Y qué es ese “todo” que es objeto de nuestra apropiación? ¿Cómo se transforma la cultura en consecuencia? Si bien, es sumamente interesante que exista la posibilidad de reponer, por medio de la digitalización, numeroso material que el mercado obstinadamente silencia, también sucede que la hiperabundancia de información, de música, de textos o de lo que fuere, acaba conformando una masa amorfa e indefinida, en la que es imposible realizar un proceso selectivo que construya algún tipo de criterio subjetivo o proceso mental-emocional. ¿Qué tipo de huella interior puede dejar una voracidad consumista de alta velocidad? ¿Acaso los días que nos tocan vivir nos dejan invertir el tiempo necesario para procesar la información contenida en gigas y gigas de textos, películas o música digital? ¿Cuánto de absurdo y paranoia consumista encierra esta actitud generacional?

Al recorrer páginas web, blogs o ese nuevo campus de vinculación virtual, ese "no lugar" del siglo XXI, que es el facebook, uno ve (incluso en sitios de medios masivos de comunicación) como la información se propaga como un copy/paste casi frenético y desprovisto de toda elaboración intelectual, de toda construcción subjetiva, única y personalizada. Ahí es cuando cabe rehacerse las preguntas anteriores ¿para qué nos sirve toda esa información? ¿Qué podemos hacer con ella? ¿Acaso el pensamiento elaborado va a terminar siendo una exquisitez para pocos, como lo son las manufacturas artesanales después del advenimiento de la producción industrial en serie? ¿Realmente nos libera y nos da la posibilidad de elegir esa “accesibilidad infinita”? ¿O nos ahoga en un sinsentido que nos anula, que nos silencia y que nos impide elegir lo que nos construye, lo que nos conmueve?

domingo, 24 de agosto de 2008

La obra del futuro


Solamente somos un grupo de personas que todavía busca construir la creencia de que el cambio se nutre de la fuerza esperanzadora de nuestros brazos. Ellos son la dinámica de los tiempos y la obra del futuro.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Puedes dejarte el conchero puesto


En un foro de debate e intercambio entre varones gays, un forista abrió el hilo de discusión: “¿Afeminados o masculinos? ¿Cómo te gustan?”. Con el consabido atractivo que ejercen sobre nosotros las opciones (siempre sin grises), muchos fuimos los que votamos. El total de votos, para ser exactos, fue de 526. Lo llamativo, en cambio, son los resultados. Un 96,96% de los foristas optó por los hombres masculinos, es decir, 510 personas, para ser exactos. Sólo 16 fueron los que votaron “afeminados”, representando un 3,04% del total.
La marcada diferencia entre las dos posibilidades entiendo que resulta representativa de una tendencia que es social y que se manifiesta, de este modo, en el colectivo gay: la violencia o fuerza coercitiva que ejerce la construcción del "macho", en un modelo social falocéntrico. Tal es así, que las distintas formas de poder son simbolizadas con la sugestiva forma de un cetro o una espada o la pluma (la que escribe, no la que se revolea).
La organización de nuestra realidad consiste en diversos planos como el político, el económico y las estructuras sociales, entre otros. Dichas estructuras, incluyen, además de los modos de relación (con sus consecuentes jerarquías), los diferentes pactos de significación y representación simbólica colectiva. Estos modos de significar construyen el poder y, a partir de ellos, éste funciona y ejerce su verdadera presión. El resultado es la naturalización de las categorías que impone. El propio significado (siempre una representación imaginaria) se borra a sí mismo. De este modo, construcciones que son sociales y potencialmente modificables, en tanto históricas, se vuelven inmutables.
La educación pública, nacida bajo el lema de la “libertad, igualdad, fraternidad” (ficción burguesa que nos daría a todos similares porciones del poder político, económico y social), es uno de los mecanismos más funcionales a la reproducción del orden imperante en sus distintos niveles. El aprendizaje de la organización política y económica y sus roles, instituciones y modus operandi se incluye en las currículas de Educación. ¿Pero qué pasa con las formas de la organización social? ¿Dónde se establecen esas relaciones de poder? "La familia es la base de la sociedad" repiten las maestras (casi siempre mujeres, claro). Y esa familia luego es dibujada por los niños en sus cuadernos de clases. Papá, mamá y los nenes. En algunos casos el perrito o el gato y la casita de fondo. Felicidad garantizada y el amor, siempre tan “universal”, garantizando las buenas intenciones de la educación.
¿Qué se esconde atrás de esas formas que aparecen en los esquemas de contenidos de la educación de manera tan insistente? La fijación de los distintos roles interpersonales parece materializarse en los garabatos infantiles. Papá maneja, trabaja, mantiene la casa. Mamá, en cambio, prepara la comida, mantiene todo limpio y mira, muy apasionada, telenovelas que apelaban a sus sentimientos y las formas de representación del amor, interés definido como femenino casi por unanimidad. Si bien algunas pautas de este modelo han ido cambiando en estos últimos tiempos, pareciera que, al menos, papá sigue manejando el mejor de los autos que hay en la familia (si hay más de uno) o que mamá usa el auto sólo cuando papá no lo necesita. Además, mamá mira sus novelas en la medida en que papá no haya llegado de trabajar y, siempre y cuando, no haya ningún partido de fútbol, que se impone inexorablemente sobre los gustos de cualquiera. El terreno del trabajo es un poco diferente. Mamá trabaja en casi todos los casos, a veces más que papá, porque, claro, todavía hoy en muchos trabajos a las mujeres se les paga un poquito menos que a los varones. El cambio de estas formas de poder y jerarquía social entre el hombre y la mujer que determinan el patriarcado es paulatino y el hombre no parece del todo dispuesto a entregar la carga de valor simbólico que lleva entre las piernas. ¡Para ser papá y para ser mamá hay que ser de una determinada manera! Y para ser dignos hijos de mamá y papá, ¡también!
La reproducción de los modelos de hombre y de mujer se ejerce y construye desde adentro de la familia. Los varones, luego de ostentar todo tipo de ropas celestes y azules, son anotados en escuelas de fútbol y demuestran sus “huevos” a través del deporte. "¡Qué salvajes estos chicos! ¡Qué vagos!". Las nenas, por el contrario, tienen inmediato acceso a todos los elementos necesarios para ser mamá: bebotes, ollitas de todos los tamaños y formas, kits para jugar a la maestra y un acceso más limitado a los deportes que, por supuesto, no incluye el fútbol. La formación de nenas y varones, con sus variantes, tuvo su basamento en las formas de la organización familiar. Esto logró cierta perpetuidad de estos modelos a través de las décadas, que sólo van variando a fuerza de lucha.
Si bien el gusto es, ante todo, una categoría subjetiva, está demostrado que hay también un entrenamiento y formación del mismo. No es producto de la “tan sensata naturaleza” el hecho de que a un gran porcentaje de las mujeres les “gusten” las novelas rosa. Tal es el caso de que al 99% de los hombres les "atraiga” tanto el fútbol. Es evidente que la educación y la exposición a determinado tipo de espacios favorece la “predilección” o, mejor dicho, construye una imposición bajo el sutil disfraz de lo "elegido".
Las significaciones sociales sobre un varón deseable o sobre una mujer deseable se enseñan a los niños desde bien chiquitos. Los cánones de belleza masculina (flaco, rubio, sin nariz grande, blanco, de ojos claros, canchero, hábil para el deporte) y femenina (muy flaca, bien rubia, nariz pequeña, blanca pero tostada por el sol, de ojos claros, canchera pero menos que él, poco hábil para el deporte) se incorporan de este modo. Luego los reproduciremos con iteración. Esto constituye la ficción más grande de nuestro sistema. Creemos elegir lo que nos viene impuesto. Asumimos como propias categorías que nos enseñaron como tales.
La imagen del gay y la lesbiana no responde a estas enseñanzas “tan bien” impartidas. La loca, tan femenina, a veces conventillera, torpe para el deporte, maltratada por los pares, sensible (aunque generalmente un poco víbora), no goza de la mejor reputación entre las formas de significación social. Nadie que haya aprendido bien lo que es un hombre "como Dios manda" o "como papá y mamá esperan" podría depositar su gusto en un especimen feminoide de estas características. La reproducción de este modelo entre los varones gay es una demostración contundente de homofobia interna. Homofobia aprendida, que ni siquiera se ve como tal. Frases como "para estar con una loca, entonces me voy con una mina" avalan estas afirmaciones. Los hombres son hombres "hechos y derechos" para el 96,96% de los varones gay. Nadie parece notar que si un hombre está "hecho" es porque entonces puede “hacerse” y, lo que es mejor, “deshacerse” o “rehacerse” o “inventarse” de mil modos. Nadie parece querer un “torcido”. Los perfiles de los usuarios de cualquier página de contacto entre varones gays (ratificando lo que pasa en el foro) insisten en buscar sexo “entre machos”, en tener “cero plumas” y, por si quedan dudas, autodefinirse como "onda nada que ver". Algo así como: "somos putos pero no somos putos", "somos putos pero lo queremos borrar a cero", "somos putos pero no nos bancamos ser putos", "somos putos pero mirá que somos hombres hechos y derechos", "por favor, somos putos pero no nos parecemos a esas locas abominables", "sí, ya sé que somos putos... pero te juramos que ni lo parecemos”, “somos putos pero no nos queda otra”.
Lo irreverente de ser puto o torta y que se note tiene que ver con poner en duda estos modelos tan fijos y tan instalados, incluso dentro del propio colectivo gay/les. Una propuesta muy interesante, en este sentido, es la que hacen las chicxs de la “Asociación Argentina de Chongos”. Haciendo gala de sus ganas de ser y manifestarse simplemente como les place, proponen revalorizar esas características que, puestas en una mujer, son desdeñadas sistemáticamente. Encontrarse con los propios costados masculinos y femeninos, en interacción y resignificados es fundamental para poder saberse un lindo varón que revolea las caderas al caminar, o saberse una linda mina que, en vez de revolear las caderas, tiene una notable cadencia en sus hombros. Cuando las chicas que así les plazca puedan ponerse las canilleras, tanto como los varones podamos llevar con orgullo los concheros, entonces estaremos proponiendo modelos más abiertos para desasirnos de una de las formas más crueles de sujeción (sino la más) de nuestra cultura.

domingo, 20 de julio de 2008

De putos, traviesas, maricas y tortilleras


El modelo socioeconómico capitalista occidental organiza sus relaciones sociales sobre la base de la institución de la familia y el matrimonio. Por lo tanto, gays, lesbianas, travestis, trans y bisex no pueden encuadrarse dentro de dicha organización. En consecuencia, surgieron dispositivos de persecución hasta la negación de la otredad y la diferencia. El lenguaje fue fue uno de los vehículos de dominación más fuertes imprimiendo a las palabras que nos designan cargas peyorativas ancestrales. Así, somos putos, tortilleras, maricas, travas, invertidos, marimachos, etc.
La articulación del movimiento gltb en dispositivos militantes, como la marcha del orgullo y diversas organizaciones en todo mundo, ha logrado, sin embargo, notables reconocimientos sociales y civiles que llegan hasta el matrimonio pleno y la adopción. Pero también ha demostrado una conquista que nunca parece resolverse del todo, dejando espacio a una tensión fundamental de la problemática gltb. ¿Cómo son los modos de integración? Una nueva palabra “gay” recorrió el planeta luego de aquel Stonewall norteamericano y pareció instalarse como la nueva categoría del homosexual a nivel global. Pero cuando decimos gay, ¿qué decimos? Decimos alegre y también designamos a un homosexual que se autopercibe como tal y que funciona dentro del modelo social occidental. ¿Un gay debería “integrarse” a ese modo de organización social capitalista basado en instituciones como la familia?
Las palabras puto, marica, tortillera, marimacho, torta, trava y demás adjetivos descalificativos parecen ser mucho más injustos a la hora de designarnos. Pero ¿no se encuentra justamente ahí el espacio donde se demuestra que esa integración nunca es plena? Si asumimos estas palabras como propias contribuimos a repensar los modos en que se ha instalado lo queer en la sociedad y también encarnamos, en la forma de autopercibirnos, cuáles son las luchas y cruces que se producen a nivel social. Designarnos sólo como “alegres”, conlleva una imagen mucho más próxima a la del homosexual blanco, de clase media, con un buen pasar económico y que basa su integración a las sociedades capitalistas en la participación en un mercado que le ofrece espacios determinados de circulación y consumo.
Replantearnos las palabras será, luego, replantearnos la forma de construir nuestra identidad. Será también asumir la lucha como marca histórica de nuestro posicionamiento y también abrirá el espacio requerido para la búsqueda por un reconocimiento social que no se base en formas de integración impulsadas por estrategias de mercado.
Putos, maracas, tortilleras, travas, tortas, maricas, maricones, binormas, bomberos, camioneras, traviesas, invertidos, desviados, perversos entre otras son muchas de las posibles brechas que tenemos para reconstruirnos a la hora de repensar nuestra identidad colectiva.




Fuente de las imágenes: Homoxidal 500, Nº 1 & 2.

lunes, 14 de julio de 2008

Fotos viejas


Las fotos eran viejas, muy viejas. Algunas de hace más de 50 años. Y las caras eran otras. Posaban como si la foto fuera un verdadero evento, un logro de la técnica que no era tan usual conseguir. Las mujeres disponían sus afeites: maquillaje, peinados altos y hasta vestidos. Los hombres, gomina, algún que otro traje. Los niños de pantalones cortos, siempre. Y en la foto, como encerrado, el tiempo. El que de tan presente a veces se nos vuelve imperceptible y, sin embargo, está ahí impreso en los cuerpos que lo llevan como marcas, como historia.
Por momentos la foto parece congelada, como si no fuera real, como si esas personas nunca se hubieran movido, como si terminado ese instante no se hubieran sentado a comer o a dormir, como si esos cuerpos no hubieran latido en algún momento. Qué estaría pensando esa señora en ese momento? Se sentiría feliz?
Las fotos se suceden. Las caras pertenecen al pasado. Son caras que ya no están, historias que quedaron en el papel y en la memoria de algunos. Y las caras, muertas, muestran la propia historia, la transformación. El resultado final es el tiempo y la presencia implacable, escondida, entre rincones de ese miedo, el mayor que nos avisa que algún día sobreviviremos sólo en el papel.

domingo, 29 de junio de 2008

La cultura no se negocia


Cualquiera que se disponga a acceder a los bienes culturales más diversos, en la Argentina, se va a encontrar con una poco grata sorpresa, que demuestra lo lejos que estamos de poder proclamarnos capital cultural de ningún lado o, en todo caso, develará la proximidad con que vivimos del mítico país de Nomeacuerdo. Conseguir un libro, un disco o una película en este querido suelo parece ser una tarea por lo menos titánica, en la que deben intervenir una fuerte dosis de perseverancia, suerte, ganas y tesón. Y todo eso siempre y cuando no sea urgente conseguirlo, porque en ese caso sería conveniente declararse fracasado aún antes de haber empezado la búsqueda. Sucede que el mercado de bienes culturales sólo realiza una oferta mínima de sus catálogos y que en la mayoría de los casos es totalmente reduccionista y fragmentaria. Nombres de artistas de la talla del mismísimo Carlos Gardel, no tienen asegurada su obra en las bateas de ninguna disquería (imagínense todos los que no son Gardel). Por el contrario, modernas ediciones para turistas con plateadas letras en inglés anuncian la salida de "Carlos Gardel's Greatest hits", en innumerables compilaciones que, además, incluyen siempre las mismas piezas entre sí.
Construir algún tipo de análisis o comprensión de un hecho artístico, requiere, indefectiblemente, el estudio pormenorizado de una obra en su totalidad. De esta manera se podrá comprender la propuesta estética, sus puntos fuertes, sus costados más endebles, los matices que puedan darle riqueza y, además, la evolución artística que conlleva la vida de todo creador. Las posibilidades de pensamiento crítico, en este contexto, se ven retaceadas por el libre albedrío editorial y el manejo semi clandestino de copias pirata de los materiales.
Este recorte editorial de las bienes culturales, que mantiene a numerosos artistas viviendo a "grandes éxitos" (quisiera saber el significado de éxito ¿de ventas?, ¿de popularidad?, ¿creativo?), se sostiene en base al argumento de que hay artistas que ya no venden y que, por lo tanto, no es redituable invertir en la reedición de sus obras. La paradoja radica, justamente, en el sintagma que las denomina: ”bienes culturales”. Bienes económicos o productos de mercado, por un lado, pero a la vez artefactos que, en sumatoria, determinan la identidad de un pueblo. ¿Debería considerarse, entonces, a un bien cultural en los mismos términos que un simple bien de mercado y librarlo a la especulación de los inversionistas? ¿Deberían ser las empresas editoras las que deciden a qué accedemos en términos de capital simbólico? ¿No es acaso darles demasiado poder y someternos a un recorte, por lo menos, problemático?
Diversos espacios como blogs o los programas más variados de descarga demuestran un hecho popular que, verdaderamente, me conmueve. Muchas son las personas que, sin fines de lucro, trabajan para rescatar del olvido esos discos, esas películas, esos libros, que el mercado pareciera querer negarnos. Se forman redes que se encargan, solidariamente, de digitalizar vinilos, casetes, films, escanear su arte de tapa y ofrecerlos, compartirlos para que, entre todos, recuperemos un poco esa memoria, esa identidad que no es de ninguno, sino que es de todos, que nos hace nosotros, que nos devuelve a ser únicos, a ser "cada uno", a la interioridad y a la fraternidad que nos convoca. "Si a vos te duele como a mí" que ese disco ya no se pueda escuchar, que esa película ya no se pueda ver. Ese pareciera ser el lema de esas múltiples cofradías de rescatadores.
Frente a la proliferación de blogs que, además, cuidan celosamente la no publicación de material disponible para no perjudicar a los artistas. Frente a muchos creadores, que ofrecen su propia obra, cabe preguntarse ¿es cierto que esos bienes no son redituables? ¿es cierto que no son consumidos? ¿Cuánto hay de especulación por parte de las empresas que prefieren vender un millón en un minuto inflando a un "operación triunfo", para no esperar el lento pero permanente ritmo de ventas que conlleva la oferta de obras clásicas? ¿Tiene derecho una empresa a privarnos de nuestras obras de arte más queridas y la consecuente pulverización de la identidad cultural de un pueblo?
Vender arte no es vender remeras y el Estado debería proponer algún tipo de mecanismo para protegernos de esta dictadura simbólica que, además, promueve la superficialidad a través de operaciones de marketing que establecen la velocidad como parámetro en el consumo de obras. Ésto, por supuesto, implica una falta de profundidad en su compresión y un achatamiento de las ideas.
El "proteccionismo" cultural de este sistema capitalista radica, únicamente, en sostener la defensa de los derechos de autor, como modo de garantizar que el creador obtenga el consabido beneficio económico por la comercialización de su material. Una primera idea que considero importante señalar respecto de esto es que un artista, además de un creador, es un trabajador y, por lo tanto, alguien que merece una remuneración por lo que produce. Destierro esa idea que circula por el campo intelectual de que el artista que gana dinero es menos artista por eso. Todos necesitamos ganar dinero y eso no quita la legitimidad de una creación. El "amor al arte" es justamente elegir el arte como camino para ganarse la vida, pero de ningún modo creo que sea justo plantear que un artista deba regalarse para que su arte sea justipreciado como tal. Desde este punto de vista estoy de acuerdo con la existencia de derechos o cánones que reconozcan su labor. Pero por le otro lado, si toda una obra permanece fuera de catálogo ¿se protege al artista? ¿cobra algún canon? ¿Quién puede decidir si un artista le gusta, acercarse a su propuesta, si desconoce su material? ¿Acaso ese amor al arte, que hace que se lo elija como camino a seguir, no incluye la construcción de una forma de trascendencia cultural? ¿El respeto que se le debe guardar a un creador no presupone la conservación de su creación? ¿No es una forma de desidia esta operación de descarte?
Internet y su anárquica circulación de la información parece hacer ese trabajo que, desde el mercado editorial, no se lleva a cabo y las obras se disponen gratuitamente para todo aquel que las necesite (por supuesto, ese “todo aquel” nunca es realmente “todo aquel”, sino "algún aquel" que pueda acceder a internet, aclaración que limita en muchos el alcance de esa totalidad). Una fiel prueba de la raigambre identitaria del arte (si es que necesitara ser sometido a prueba) es que, como señalé anteriormente, y citando a Eladia Blázquez, “contra viento y marea hay montones de manos para hacer la tarea” y muchas obras completas han sido rescatadas ya del olvido, aún a merced del pataleo (y a veces más que eso) de las empresas contra los promotores de estos actos de justicia. Incluso en ocasiones en que los propios artistas han aprobado la difusión del material. ¿Qué protege más al artista: la preservación de su obra (aunque sea en forma gratuita) o mantenerla décadas (con suerte sólo décadas) en espera de que el dedo mágico de las reediciones la toque en suerte para poder ver la luz? En estas instancias es conveniente señalar que éste es un debate entre propiedad privada y cultura, donde gana, como era de esperarse, la propiedad privada. Ahora bien, ¿La propiedad privada de quién? ¿Del artista? Cánones minúsculos en relación con el precio de los productos finales, por un lado, y obras inaccesibles, por el otro, no parecieran demostrar que sean ellos los beneficiarios de este sistema legal. Privados quedan los músicos de su propiedad intelectual y privado el pueblo de su sesgo identitario. Todos rehenes de un sistema de mercado para pocos o, lo que es peor, para ser nadie desde el momento en que se nos niega la memoria. El mercado editorial, en cambio, consigue la habilitación necesaria para poder planificar su producción en serie, masiva y según la lógica de las grandes empresas, ganancia máxima con mínimos costos (costos económicos, desde ya, porque los costos simbólicos son altísimos).

martes, 17 de junio de 2008

La pura mentira


La imagen seleccionada pertenece a una pequeña cigarrera que estaba apoyada en la mesa de la casa de una amiga. Discutíamos por qué la idea de sexualidad y género era un problema político. Ese dibujo fue la base de mi argumentación para explicar la necesidad de intervención política en una problemática de índole histórico social. Como se ve en el dibujito, “la pura verdad” o “the simple truth” (haciendo eco de la dominación lingüística que corre por estos pagos) se presenta como una idea incuestionable y autónoma de lo que somos y lo que, como todo lo cierto, jamás cambia ni evoluciona.
La operatoria fundamental de las posturas conservadoras es inscribir los acontecimientos humanos como naturales. Es pensar que las conductas del hombre y la mujer responden a una suerte designio divino, postulado según una gramática inmanente. Las consecuencias principales de este pensamiento son la deshistorización y la deshumanización de los hechos y los posicionamientos. Todo aspecto concebido desde una postura tan esencialista impide cualquier tipo de intervención sobre el devenir, que conlleve un cuestionamiento de un orden, aparentemente fundado por una mano superior a la humana. El primer paso para pensar y reconstruir estos procedimientos es asumir que el humano es un ser natural en cuanto carne, un ser natural en cuanto muerte, un ser natural en cuanto aire, pero un ser social en tanto tiene nombre, en tanto piensa, en tanto tiene palabra, en tanto se organiza, en tanto ritualiza. Un ser social en tanto la concepción y la percepción de esa carne, en tanto la idea de esa muerte, en tanto el manejo de ese aire. El humano es un ser que comprende y piensa siempre desde alguna perspectiva, que no es más que producto de su propio imaginario y de las condiciones de su supervivencia. Todos los conceptos son sociales, siempre que el hombre mira hay representación sígnica del entorno y de sí mismo. Algo “tan natural” como ir al baño se transforma en un hecho social en tanto se estructura por toda una serie de convenciones que determinan cuestiones tales como la privacidad, el tabú o la negación de los olores, por citar un ejemplo.
El concepto de hombre y de mujer, que determinan las categorías de género más taxativas, son dos de las nociones más naturalizadas y por las que aún hay que franquear mucho camino para lograr desentrañarlas. La supuesta rudeza masculina o la sensitividad femenina son ejemplos de lo más cristalizados de estas categorías culturales que ejercen una fuerza coercitiva sobre las personas, justamente, por estar naturalizadas. “Los muchachos no lloran” y las mujeres “que vayan a lavar los platos” son el resultado de este constructo legitimado socialmente por generaciones y generaciones.
Diversas políticas determinan la distribución sexuada del poder y el ejercicio de la sexualidad. Las mismas son propuestas por los Estados, con la respectiva mano “derecha” de todas las religiones. Para las mujeres, entre la pecadora y tentada Eva y la virgen María, queda la negación del deseo hasta el matrimonio y luego la procreación “porque una mujer que no tiene hijos es una gallina que no pone huevos” (cita extraída de la película ‘Mercado de Abasto’). Los hombres, por el contrario, son víctimas/victimarios de la exacerbación de la carnalidad como único eje que motiva su accionar. La idealización del sentir de la mujer siempre deja por fuera su dimensión estrictamente carnal. Por el contrario, el hombre –siempre regido por sus instintos- queda negado de sus sentimientos. Esto genera un status quo que resulta la base fundamental de ese imaginario tan popular que, evidentemente, está evolucionando, pero no tanto como pareciera.
La construcción de la categoría “hombre” o “mujer”, como ya señalamos, se ha deshistorizado, dando dimensión biológica a aspectos sociales. No hay una correspondencia entre el sexo genital de la persona y su autopercepción. La atribución de los rasgos de conducta a la idea de macho o hembra implica desentender la capacidad de cada persona de autopercibirse y, en consecuencia, autopensarse y autopostularse, según el modo en que se simboliza. Tangos como “Lloro como una mujer” o “Maula” demuestran cabalmente estas operaciones culturales que fijan dichas posibilidades de autopercepción y generan diversos mecanismos de autodiscriminación frente al imperio de esa norma que, de tan invisible, nos hace creer que género es lo mismo que sexo y que nos enfrenta al travestismo o la transgeneridad como una forma de horror social que sigue siendo insoportable para muchas personas.

miércoles, 11 de junio de 2008

La gran duda


¿Cómo remediar la fatalidad de ser mortales en universo infinito? ¿de ser minúsculos, granos de polvo, entre colosos espaciales? ¿de ser mayúsculos, de escala planetaria, ante los granos de polvo?
Sólo la razón, la abstracción, la palabra, el signo nos hacen únicos y nos enfrentan a la paradoja más brutal: ¿cómo entender una existencia maravillosamente incomprensible?

martes, 13 de mayo de 2008

La palabra urgente


“¡No me etiqueten! ¡No me encasillen! -dicen algunas personas- yo amo, nada más, depende de qué ser se me cruce”. Es cierto, no lo pongo en duda, no lo cuestiono tampoco ¿Cómo voy a cuestionar un sentimiento ajeno? Sin embargo me pregunto, ¿Es realmente encasillarse decir que uno es gay/les/bi/trans?
El closet es una forma de tabú, un silencio construido socialmente. Es una prisión sostenida sobre la imposibilidad de poner en palabras los sentimientos, el deseo y el amor.
Cuando uno analiza esto es preciso tener en cuenta dos conceptos fundamentales para discutir cualquier tema de dimensión política, como éste. ¿De qué hablamos cuando hablamos de lo público y lo privado?
La esfera de lo público, en una sociedad, representa todo tema que sea de interés común de toda la comunidad. Aquellos aspectos sobre los que se debe construir un consenso que debe manifestarse en el ejercicio político (sí, sí, utopías, pero así debería ser). La esfera de lo privado, por el contrario, corresponde al ámbito de las decisiones estrictamente personales y cuyo interés no recae en la comunidad. La exacerbación de lo público da lugar a la anulación de las decisiones personales y al control de la totalidad de los aspectos identitarios y por ende deviene en una dictadura. La exacerbación de lo privado da lugar a formas de individualismo y descompromiso con el otro.
¿Y por qué hacer público algo como la sexualidad o el deseo de uno, que parecieran pertenecer a la vida privada? Sin dudas que el desear es un discurrir que pasa por dentro de cada cuerpo y que eso no está sujeto a reglas, ni a etiquetas, ni siquiera se ata a palabras. Pero más allá del deseo, están las decisiones y políticas puntuales y específicas que exigen nuestra toma de posición. Imposibilidad de donar sangre, de heredarse, de casarse, de adoptar, de tener hijos, entre otras, son algunas manifestaciones legales concretas que tienen que ver con la construcción de una política determinada y sobre la que es necesario –y urgente- intervenir.
En una sociedad que silencia la homosexualidad, haciendo que todos tengamos que “decirlo” en algún momento de nuestras vidas, con las correspondientes consecuencias, proclamarse públicamente ¿¿¿puede significar etiquetarse??? ¿¿¿puede implicar ser encasillado??? ¡¡¡De ninguna manera!!! Es tomar posición política, es intervenir y sobre todo es aportar a construir y sumar palabras para la destrucción de una mordaza que lleva siglos.
Hay palabras que sujetan y hay palabras que liberan. Que hoy diga acá “Hola lector, yo soy gay” a mí me permite ubicarme, situarme y, desde ahí empezar a jugar, a participar. ¿A qué juego se juega sin posiciones? ¿Qué debate se puede proponer sin pronunciarse? Vuelvo a esa frase genial de Silvio: “ASUMIRSE LOS FUEROS ES NO DICTAMINARSE” y hoy decido participar, decido poner mi voz al servicio del otro y también apostar a que ser visibles puede ser un modo posible de vida, a que las abuelas pueden sentirse contentas de nuestras parejas... A que cuando niños nuestros padres nos dejen jugar con muñecas si así lo deseamos, a que no haya que seguir saliendo del closet porque lo fuimos desarmando entre todos.
La única forma de etiquetarse o encasillarse es, precisamente, asumiendo la ambigüedad y el silencio como una de esas “tantas maneras de no ser”.
Hoy una palabra me hace más fuerte y más feliz. Hoy puedo aportar y sé que somos muchos los que construimos desde donde podemos. Vamos a andar!


Autor: Miguel A. Vesco
Técnica: Acrílico
Medidas: 1,05m x 72cm
Año: 2007

lunes, 7 de abril de 2008

El vacío existencial


Una época signada por el consumo es declarar el imperio de la necesidad. Necesidad voraz que sólo se satisface para dar lugar a otra necesidad mayor. El consumo es la respuesta a la carencia y ésta es prueba del profundo desequilibrio de un ser humano que no se encuentra a sí mismo (ni al semejante, claro).
La pachamama aguanta y sigue aguantando por siglos la vanidad y la devastación. Mi gran duda existencial es si el ritmo (me refiero a velocidad) que tiene la depredación y el envenenamiento no es mayor que el tiempo histórico que podría llevarle al hombre generar un nuevo concepto de sí mismo, encontrar equilibrios y transformar sus carencias en otra cosa, en el plano filosófico. Me pregunto si el planeta no va a morir antes de que el hombre genere un nuevo sistema productivo y, por lo tanto, político y social. La posible diferencia de tiempos entre la emergencia biológica y la evolución histórica es la gran amenaza que veo cuando quiero tratar de renovar las esperanzas.


"Cuando está muy solo busca abrigo,
cuando al fin lo encuentra quiere libertad
No sabe qué busca y se consuela
cumpliendo el deseo de los demás
Para liberarse compra objetos
que lo harán atarse todavía más.
Cuando tiene todo no le alcanza
y quiere más... más... siempre más...
Es que el ser humano nunca aprenderá?...
Tiene el agua en la boca... y busca el mar."

(Fragmento de Con el agua en la boca, Marilina Ross)

viernes, 14 de marzo de 2008

La belleza


¡Qué fea es la belleza estandarizada!
¿Cómo a alguien se le puede ocurrir que puede resultar atractivo que todos nos veamos iguales?
Los cánones de belleza nos estandarizan, nos borran esas singularidades que nos identifican. ¿Qué es lo verdaderamente hermoso?
Filas y filas de flacas, rubias o morochas (pero blancas), con las tetas redondas, operadas, rígidas y artificiales. Todas vestidas más o menos parecido, o desvestidas más o menos parecido, da igual.
Galanes cursis, sin actitud para nada más que para carilindos, para fotitos de revistas pasatistas. Algunos y algunas son lindos, es verdad, pero sólo lindos. La belleza es otra cosa.
Cirugías plásticas que agreden la naturalidad de los rasgos, las expresiones genuinas, que suponen que sería interesante que todos tengamos la misma nariz, que se nos hinchen los labios para afuera. ¡Qué mal gusto! ¿Por qué una nariz grande tiene que considerarse fea? ¿Acaso no depende totalmente de cómo la luce aquel que la lleva?
La verdadera belleza es la de los seres únicos. Esos seres únicos y no estandarizados son los que logran instaurar un nuevo canon de belleza. ¡Esos son los imprescindibles!
La Coca Sarli es hermosa (porque lo sigue siendo!) porque ha sido única, porque tuvo las tetas que todas quisimos tener (sí, me incluyo). Joe Dallesandro, James Dean... hombres hermosos por su estilo, por su actitud, por no haber trabajado de lindos sino por ser lindos, por tener sex appeal.
Raffaella Carrá, Susana Giménez, Mirtha Legrand también son hermosas y también construyen estilo, modos de ser bellas que las identifican, cada una a su manera.
¡Qué diferente es ser lindo de ser hermoso! Seguramente Pampita o Pamela David nunca pasen a las páginas de los seres realmente bellos como Marilyn, como Marlene, como Sophia Loren como Jim Morrison, como Kurt Cobain, como John Lennon (que no necesitaba ser más carilindo de lo que era para ser precioso).

miércoles, 12 de marzo de 2008

La Santa Inquisición de cada día


La iglesia católica funda el derecho a la sexualidad basándose en la idea de la procreación. Todo acto sexual debe contemplar la posibilidad de la reproducción para ceñirse la ética de sexualidad eclesiástica. El matrimonio es el marco y la condición de posibilidad de esa procreación en tanto instaura el concepto institucional de familia. Admitir la posibilidad de que existan matrimonios de personas del mismo sexo implicaría cuestionar justamente ese eje sobre el que se apoya la ética católica. Dos hombres o dos mujeres cómo se pueden casar y ser considerados familia si nunca podrían procrearse? Es evidente que la integración de la homosexualidad en este concepto correría totalmente dicho eje e introduciría una nueva ética de la sexualidad al quitarle ese componente esencialista por reproductivo y también implicaría asumir el sexo desde una perspectiva cultural (es decir, como lo que es) corriendo el viejo oxímoron de la ley natural. El sexo dejaría de ser parte de las leyes de la creación divina (por eso la reproducción) y pasaría a ser parte de la creación humana (situación harto peligrosa por revolucionaria y por implicar un genuino ejercicio de la libertad).
Otra cuestión fundamental es que conllevaría la aceptación de actos tales como la masturbación (sí, está también prohibida. En la escuela primaria un cura me ha confesado preguntándome si me masturbaba para expiarme de tamaño pecado). Se deberían admitir también los métodos anticonceptivos (una de las formas más despiadadas de genocidio de la iglesia católica hoy en día). Otro tanto pasaría con el sexo pre y extramatrimonial.
Semejante revolución sería impensable para una institución que fundó su lógica represiva en la abominación del deseo y la sujeción del cuerpo a través de la culpa.
Si analizamos un poco la iconografía cristiana tenemos:

* Cristo que debe perder su cuerpo para elevarse a lo divino. Todo los hombres deben abominar sus cuerpos (la vida de Santo Domingo de Silos es un buen ejemplo de esto). La muerte siempre es bienvenida en función de que llegue el momento del ascenso espiritual porque para la iglesia carne y cuerpo es corrupción.

* Los dos modelos de mujer (misoginia a la orden del día) son bien claros. Por un lado el modelo virtuoso puesto en la Virgen y su imagen incorpórea. Personaje que no admite el sexo ni siquiera para la procreación. Eso la mantiene fuera de todo pecado.
El contramodelo puesto en Eva, mujer que lleva en su cuerpo la causa de todo mal. La expulsión del paraíso es producto del deseo del hombre (siempre sujeto!) sobre la mujer (siempre objeto!). El deseo del hombre es inspirado por la vileza de la carne femenina y eso hace que pierda su nobleza y virtud (Un texto bárbaro sobre esto es “Lo maravilloso y lo cotidiano en el occidente medieval” de Jacques Le Gof).

El cristianismo funda sus imágenes más fuertes sobre la configuración y la construcción del cuerpo, de un cuerpo que se silencia (María) y otro que debe morir para alcanzar la virtud (Cristo). Plantear la desregulación del control de los cuerpos, plantear el reconocimiento del amor y el ejercicio del deseo por el deseo mismo está lejos de ser una posibilidad para la iglesia que incansablemente tildará de enfermos a aquellos que se corran de sus modelos, con las consecuencias que eso trae para tod@s. Ese Dios que es todo amor es justamente en el amor donde más frenos pone. Todo amor en el cielo, nada de amor en la tierra.
El matrimonio, con sus pautas civiles, pone de manifiesto las normas para la regulación del amor. Sabemos que las iglesias y los estados nacionales siempre se han llevado bien (en algunos casos mejor que en otros) y también sabemos que si bien hay un movimiento de aceptación civil de los matrimonios gltb, todavía estamos lejos de mover del eje a la institución recalcitrante que tanto nos maltrata, cuya palabra es de gran y nociva incidecencia y que necesitamos comprender mejor para poder superarla, pensarla.
Toda mística es una convicción profunda y personal, pero que esa mística por la que cada uno se apasione y vibre no se vuelva funcional a una institución que ya nos dio sobradas muestras históricas de sus ideas.

“Dios me ha pedido un beso,
le acerco mi boca.
No besa, no toca.
Dios nunca ha besado,
siendo tan amado.”
(Gabo Ferro)

domingo, 24 de febrero de 2008

Para el puto lo que es del puto


Todo más que bien con que todos estemos más abiertos, que todos seamos re freakys, posmos y la mar en coche, pero como dice la canción “asumirse los fueros es no dictaminarse” y hay cosas que para poder hacerlas hemos puesto cuerpo y alma. Hay momentos en que esta cultura light tiende a ocultar, a no hacerse cargo de las cosas valiéndose de un discurso por demás disperso.
Resulta que ahora podés vestirte de mujer, encamarte con otros tipos, participar de fiestas homoeróticas y todo simplemente llamándote “hétero flexible”. Eso es simplemente adornar con palabras para revista de tendencias lo que antes también se hacía y también es una forma de disolver las posibles consecuencias reales de hacer todo eso.
Yo sostengo que ser gay es algo que va mucho más lejos de acostarse con alguien. Es una construcción, algo que se forja desde la experiencia. Es una actitud de vida y todo lo demás. Pero digamos también que hay cuestiones que son específicas y que siempre tendieron a ser borradas, que se las ha silenciado obstinadamente. Callarse estas cosas o hacer un juego de palabras para no decirlas del todo no es una forma de complicidad?.
¿Qué pasa cuando un hombre hétero se acuesta con otro hombre y se autodenomina heteroflexible por no llamarse puto? Es comodidad?? Es miedo?? O es un simple tipo al que hoy le pintó el homoerotismo pero eso no determina una crisis de identidad?? Difícil de dilucidar el asunto. Yo por mi parte creo que los grises en estos terrenos es como dar rienda suelta a seguir creando zonas pantanosas en las que nadie es nadie. Es como una solución acomodaticia para tener los beneficios de pertenecer sin cargar con los problemas y responsabilidades de ser. Pareciera que da un poquito de miedo correrse el american dream que te asegura la casita y el auto a cambio de la papá y la mamá con los dos hijitos (preferentemente rubios). Papá y mamá siguen pesando tanto en nuestra cultura de hoy!
Yo no hablo de encasillarse, pero ¡ojo! porque una palabra bien dicha, a veces, es una única posibilidad de ser y de existir como tal. “Es una virtud, es dignidad y es la actitud de identidad más definida”.
Sería necio yo si no considerara también que las tan mentadas identidades GLTB ya necesitan revisión, que también están ya en peligro de ser estancas y, lo que es peor, funcionales al sistema. De todos modos creo que hay cuestiones específicas que necesitan ser aclaradas porque aportan un sentido constructivo y van despejando la complicidad al silenciamiento. Además, cómo cambiar algo si no se empieza asumiéndolo? Sólo siendo puto podré cambiar la putez.
Muchas veces me argumentaron que no es necesario ponerse un cartel que diga “Soy PUTO/ TORTA/ ETC.” No, claro que no pero sin embargo que eso no sea una buena excusa para no estar, para no comprometerse, para borrarse y para finalmente no existir.
Yo me pregunto, estos hétero flexibles comentan mientras juegan al fútbol que se chuparon una pija? O se lo guardan para sostener el status quo? Cómo construyen la flexibilidad? Con la tan mentada “discreción”? La valentía es mirar a la luz, salir a sol con la entereza de un semblante libre.
Como si todo esto fuera poco, horas y horas de reflexión, numerosas situaciones incómodas y más de un quilombo nos hemos ganado los putos para luego tener el privilegio de ser nosotros los que, cuando nos agarraba la loca, teníamos el privilegio (conseguido en buena ley) de ponernos una mini de brillos con tacos aguja. Pero ahora parece que es tan sencillo como andar en calzoncillos y cualquier hijo de vecino pulula con una estola de visón y después se va a jugar al fútbol como si nada, sin cuestionarse ni medio. Es tan sencillo? Andan cambiando boxers por tangas como si nada pasara?
Ojo con alivianar las cosas, que bastante peso específico tienen y sólo desde ese peso ESPECÍFICO se las puede considerar, pensar y manejar, es decir modificar para ser un poco más libres.

"En tiempos de crisis, tiempos de definición, la ambigüedad puede parecerse demasiado a la mentira"
(Eduardo Galeano)

martes, 1 de enero de 2008

Un año más


Sabemos que el tiempo es lineal, circular, paralelo, infinito, absoluto y relativo, pero es necesario ordenarlo para comprenderlo, para situarse. El año nuevo para mí tiene mucho sentido, es tan diferente de la Navidad. Marca el transcurso, es como el momento en que uno para en la ruta, registra el camino y se prepara para seguir viaje. Ése es el sentido que yo le doy.
Para el blog lo que yo quería era marcar el Año II con un cambio estético. Realmente si bien sé manejar la pc caseramente, no soy un as de la informática y no entiendo mucho así que muy a pulmón y valiéndome de las herramientas prediseñadas, fui modificando hasta que quedó así, creo que está bastante lindo, al menos a mí me gustó.
Les deseo a todos un buen año. Mucho amor y muchas ganas de hacer cosas! Para no perder la costumbre les dejo una canción alusiva de Mecano, preciosa!

Un año más
(Nacho Cano)

En la Puerta del Sol
como el año que fue
otra vez el champagne y la uvas
y el alquitrán, de alfombra están.

Los petardos que borran sonidos de ayer
y acaloran el ánimo
para aceptar que ya, pasó uno más.

Y en el reloj de antaño
como de año en año
cinco minutos más para la cuenta atrás.
Hacemos el balance de lo bueno y malo
cinco minutos antes
de la cuenta atrás.

Marineros, soldados, solteros, casados, amantes, andantes
y alguno que otro
cura despistao.

Entre gritos y pitos los españolitos
enormes, bajitos hacemos por una vez
algo a la vez.

Y en el reloj de antaño
como de año en año
cinco minutos más para la cuenta atrás.

Hacemos el balance de lo bueno y malo
cinco minutos antes
de la cuenta atrás.

Y aunque para las uvas hay algunos nuevos
a los que ya no están echaremos de menos
y a ver si espabilamos los que estamos vivos
y en el año que viene nos reímos.

1, 2, 3 y 4 y empieza otra vez
que la quinta es la una
y la sexta es la dos y así el siete es tres.

Y decimos adiós
y pedimos a Dios
que en el año que viene
a ver si en vez de un millón
pueden ser dos.

En la Puerta del Sol
como el año que fue
otra vez el champagne y las uvas
y el alquitrán de alfombra están.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

El muerto se fue de rumba


La interacción con los amig@s, los padres, los vecin@s, los compañer@s de trabajo y con la sociedad toda, exige que cada uno de nosotros establezca un lugar desde donde abordar al otro, desde donde posicionarse, afianzarse y participar de ese devenir cotidiano al que simplemente llamamos vida. Esos lugares que cada uno construye responden a las demandas sociales que se encuadran en esa interacción. Es así que deben brindarnos la posibilidad concreta de establecer vínculos sostenibles con todos aquellos con los que cada uno se quiera relacionar. Esos lugares, que son lugares comunes (por pautados y por sociales), son los que determinan la identidad o posicionamiento como “ente” identificable, único e irrepetible de cada uno de nosotros en el medio que nos rodea. Estos lugares comunes, están construidos según determinadas pautas legitimadas socialmente que cada sujeto debe seguir en función de detentar una identidad que el colectivo social abordará como legítima, verdadera, valiosa, sana, normal, respetable, entre otras.
La posibilidad de discurrir como subjetividades deseantes, múltiples, diversas queda frustrada en tanto cada sujeto se enfrenta con la necesidad de pertenecer a una inmensa mayoría que con una voracidad insospechada devora las particularidades de cada sujeto en función de la construcción de un patrón de identidades posibles. Este proceso de adaptación, de subyugación y de diferencias borradas, implica necesariamente esconder todo aquello que no responda a las normas sociales imperantes. En ese acto de esconder, es que se constituye la idea de un closet o armario en que se guarda todo aquello de uno que no es socialmente mostrable, pronunciable, aceptable y por lo tanto no pasible de hacer circular y poner de manifiesto como potencialidad creadora y generadora de crecimiento.
Ahora bien, ¿por qué pensar específicamente en un placard o armario? Es parte del folklore popular el dicho “Todos tenemos un muerto en el placard”, entonces podemos pensar a ese muerto como aquella identidad a la que no hemos dejado vivir por responder al “deber ser” impuesto por la sociedad en que vivimos. Ese muerto, eso que tenemos guardado o escondido es la representación de lo sórdido, es lo que está signado por la dupla prohibición – castigo, lo indecente y moralmente peligroso, y por lo tanto lo que excluye y margina al sujeto en cuestión. Debemos considerar que existe sociedad en la medida en que existe simbología, representación sígnica de la realidad y consenso a partir de ello, como acto fundacional de la cultura. En este sentido, debemos tener en cuenta que la valoración negativa de un conjunto determinado de modos de ser, situarse o ejercer el deseo, instrumentada desde la palabra, tiene un alcance fundamental e intrínseco en el sujeto ya que la palabra es el acto constitutivo primero del sujeto como tal. Entonces, si la palabra es un acto constitutivo de mundo posible, la palabra negada es la palabra imposible y en consecuencia el mundo que no se puede vivir. La posibilidad de abrir el placard, es decir de mostrar el mundo oculto, dependerá de la palabra, de decir lo impronunciable, y en ese sentido es un acto de transformación radical del mundo, transforma el mundo imposible en posible y, por lo tanto, es un acto fundacional en sí mismo.
Asumir el riesgo de incidir en la realidad a través de la enunciación es prácticamente una tarea cuasi titánica, pero posible. Hay que luchar cuerpo a cuerpo contra miedos, frustraciones, desvalorizaciones, (auto)mentiras, palabras que resuenan negativamente y que, para peor, muchas veces fueron pronunciadas por nuestros seres más queridos y entrañables. Toda una historia de imposibilidades y sueños más o menos realizados confluyen como empujes y contrapesos que simultáneamente invitan y rechazan que, como un volcán, la palabra erupcione urgente e impostergable.
El “coming out” es el acto de apertura de ese placard, es la pronunciación, es la constitución del nuevo sujeto. Este concepto proviene de la voz inglesa “come out of the closet” que en castellano se traduce como “salir del armario”. La apertura de ese closet es lo que nos interesa pensar, ya sea desde los alcances que tiene, como de las posibilidades de ser concretada en la sociedad en la que vivimos actualmente.
Retomando el movimiento de apertura del armario, considero importante señalar que la pronunciación y apropiación de lo negativo conlleva la transformación de la carga valorativa puesta sobre lo antes oculto en el placard, positivándolo. Al cambiar dicha carga se construye otra realidad y por ende el sujeto funciona socialmente desde otro posicionamiento y pone en crisis los lugares comunes al ejercer lo imposible, lo nefando, es decir lo que no se enuncia y lo que da repugnancia. La construcción de nuevas realidades, el nuevo espectro de posibilidades ponen al sujeto como actor de sus propias circunstancias y sucesos y por lo tanto dotan de vida al muerto del armario, que ahora comienza a vivir como un sujeto deseante. Nuestro muerto empieza a ver la luz, la explora, decide, superó la clandestinidad. Ya no está quieto, ahora camina, baila. Nuestro muerto se fue de rumba diría la canción. Este muerto ya no está estanco, podrido, ni lleno de moscas. Ahora opera sobre la realidad, va con su música por todas partes y deambula por la calle entre la gente. Nuestro muerto ya tiene vida.
En esta idea de movimiento, es muy interesante y conviene acotar, en función de pensarla con mayor detenimiento, que “Coming out” es un gerundio, es decir una acción en transcurso, un discurrir en el tiempo. De este modo es que el tránsito de lo oculto, transformando la realidad, se plantea como infinito ya que se reactualiza con cada persona o ámbito nuevo en que interactuamos.
El coming out de un sujeto conlleva que al contacto con el otro ya sea amig@, familiar, compañer@ de trabajo, etc. éste último deba poner en cuestionamiento sus prejuicios, valoraciones y miradas sobre lo diferente que implican una desestabilización de lo preestablecido. Esto es así ya que en el acto mismo de la enunciación cada vez que se dice “yo” entonces se postula un “tú” y un “él” que existen sólo en función de esa primera persona. De ahí se desprende que cada vez que “yo” se transforme necesariamente deberán hacerlo “tú” y “él”.
Como dijimos anteriormente, son muchas las pautas legitimadas socialmente que cada persona debe cumplir si quiere acceder a ciertos “beneficios” que ofrece nuestra sociedad a cambio. Así, ser heterosexual, o sea preferir a personas del sexo opuesto, es una de las características de lo que se conoce como “Héteronorma”. La héteronorma implica no sólo ser heterosexual, sino también la manera de comportarse. Así, para acceder a los beneficios civiles del matrimonio además de elegir a alguien del sexo opuesto, hay que prometerle fidelidad, convivencia, descendencia, amor eterno, etc. Es decir hay que acogerse (¿o no cogerse?) a las reglas que implican hacer del amor y su discurrir una institución, que como tal es fija. Poder reflexionar estas cuestiones y confrontarlas con la realidad deseante de cualquier sujeto implica ver que los armarios donde guardar la subjetividad identitaria son muchos y cada puerta que se presenta requiere ser abierta con mayor o menor facilidad. Esto hace del coming out un proceso ad infinitum, es esa necesidad de no estancarse, sino de afianzarse, de no detenerse, sino de avanzar.
Sería incorrecto dejar de lado que este proceso, este paso hacia una instancia de circulación social desconocida suele venir acompañada de complicaciones relacionadas con los espacios de sociabilidad del sujeto en cuestión. La soledad como amenaza y la falta de actores que sirvan de soporte o sostén frente al peso del cambio, a través de grupos de contención y pertenencia son dos variables generalmente presentes en este tránsito. Es amenazante la aparente fragilidad del yo frente a la coacción del colectivo social, frente al peso del hecho social.
Si tomamos la salida del closet en nuestra sociedad actual, aparecen diversas y novedosas variables que hasta hace unos años eran impensadas. En primer lugar, el auge de internet posibilita un acceso a la información antes inédito. Esto permite que un adolescente utilizando cualquier buscador o sala de chat ya puede estar en contacto con iguales, aunque sea virtualmente. Así, también se facilita la posibilidad de conseguir direcciones de lugares adonde acercarse a buscar información o conocer gente.
No se puede ignorar tampoco que nuestra sociedad “light” superficialmente es más permisiva con las parejas del mismo sexo, ya no tanto con las travestis o trans. Así, ya no es tan raro ver hombres o mujeres besándose en tv en horarios centrales, Florencia de la ve es primera vedette en calle corrientes y el grupo Miranda! juega con la ambigüedad mostrando hombres “heterosexuales” con brillitos en la cara. El corrimiento del modelo rígido de años anteriores facilita que la salida del closet sea cada vez más precoz y menos problemática, aunque no por ello inocua.
Como conclusión de este trabajo quiero decir que la única forma de ser normal es siguiendo nuestra propia norma, la de cada uno y que esa norma no es más que el resultado de todo aquello que uno pueda construir explorando sus fueros más internos y echando luz a los costados oscuros. Abrir cada armario que uno construye es una tarea tan ardua como satisfactoria. Construir la propia realidad es tocar la propia música, es un acto de liberación genuino, es aquello por lo que vale la pena vivir, es responder a la negatividad con orgullo, es ser únicos, irrepetibles y maravillosamente singulares.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Contigo en la distancia


Cuando reviso mis fotos más o menos cotidianas encuentro que, generalmente, siempre son los mismos los que están ahí. Esos que el miércoles cuando nos despedimos nos decimos “nos vemos el sábado en…”, los que ya tenemos armado el próximo plan que nos va a reunir y los que van acompañando nuestro camino en pequeñas y grandes cosas.
Sin embargo, cuando reviso la agenda del celular o fotos un poco más viejas aparecen muchos otros amigos, historias o vínculos que ya no son cotidianos, con quienes no está el “te veo mañana”, pero que me doy cuenta de que por dentro tienen la misma importancia de siempre, aunque sea desde otro lugar.
Muchos son los amigos que ya no veo casi, pero que nos reúne, nos convoca un recuerdo importante, un espacio de vida común que protege nuestra memoria. A veces hablamos sólo para los cumpleaños, pero qué feliz me siento cuando atiendo el teléfono y son ellos…
Tener una historia construida, un espacio propio, un afecto sincero es más que suficiente, para mí, para mantenerme unido más allá de lo circunstancial, de lo diario. Cómo podría enojarme o descartar lo trascendente cuando cada uno tiene que seguir andando, para donde necesita, para donde puede. Los ritmos de vida, los caminos escogidos, las necesidades cotidianas bifurcan los rumbos, las direcciones. Dejamos de frecuentar algunos espacios, pero eso que se conserva desde la memoria es suficiente para que la ligazón afectiva sea sólida. Es imposible traicionar a la memoria, ella se hace marca en el cuerpo, se hace registro de una historia, se hace fundante. A veces ni siquiera una pelea logra desbaratar el afecto pasado, si fue profundo.
Me gusta cruzar el espacio y el tiempo para encontrarlos, me gusta saberlos ahí, me gusta saber que si se acercan, aunque sea una vez cada tanto, es porque lo que hicimos fue importante, legítimo.
El cuatrimestre pasado me pasó que un día salgo a la noche de la facultad y desde un auto me tocan bocina, miro y era una amiga del secundario a quien ya no veo, pero que vive a la vuelta de mi casa y como me vio en un aula, me esperó para llevarme. Desde ese día, todos los lunes nos volvimos juntos, charlando, unidos por esa amistad, que es ayer, que es haber crecido uno al lado del otro, que es conocernos desde chicos. Que ya no nos veamos modifica, claro, pero no invalida, hay una esencia, un patrimonio común… Cada vez que me la encuentre será una amiga, será un reconocimiento, un abrazo y un afecto. Qué importante!

jueves, 15 de noviembre de 2007

Orgullosos de qué?


Introducción

Año tras año, llegado el mes de noviembre comienza a generarse en mí una ansiedad particular por las actividades sobre el Orgullo GLTTTBI que tienen lugar en Buenos Aires. Así, recorro cines, charlas, obras de teatro y recitales. El broche de oro lo da la marcha del orgullo con su colorido, su espíritu festivo y la fuerza que genera la presencia de miles de personas poniendo el cuerpo por una misma causa. Muchas cosas se movilizan en estos días, un arraigado sentimiento de pertenencia aflora manifestándose en mi piel y sentimientos. Las ganas de cambiar la historia, de zanjar el camino, de construir el espacio común, de pensar en el otro vuelven a dar vueltas en mi cabeza. Es como si recibiera la dosis de fuerza necesaria para seguir el resto del año en ese trabajo diario que es validar mi propia identidad, y con ello la de los demás.
La ilusión de lograr de una vez por todas una comunidad parece revivir y por momentos cree encontrar alternativas para consolidarse. Sin embargo, ese sueño teñido de cierto hippismo latinoamericanista, parece disolverse apenas finalizan los acordes de Soy lo que soy dando final a la marcha del orgullo, momento en que el sueño compartido parece terminar para volver a la desolación de los boliches.
La identidad está de fiesta estos días y siento que no puedo menos que tratar de reinventarla, de alimentarla para que se forje única, sincera, erguida. La fuerza saldrá desde ese lugar y la posibilidad de generar una participación activa también.
En este recorrido tanto personal como colectivo por las actividades, suelo conversar esta cuestión con mucha gente (ajena o no a “lo gay”) y generalmente surgen ciertos comentarios positivos acompañados por una pregunta que parece repetirse eternamente: “pero… orgullosos de qué están?”. Ante esta demanda, más de una vez me quedé perplejo e hice grandes esfuerzos por traducir en palabras la suma de sentimientos que me generaba festejar mi identidad con mis semejantes año tras año. Titubeo tras titubeo, y sin dejar de sentir ganas de participar, comencé a tratar de dilucidar de qué se trataba esta cuestión del orgullo.

Algunas consideraciones sobre el orgullo.
Aproximación histórica.

La palabra orgullo, con su fuerza arrolladora, parecía ser aquello que a todos les hacía ruido y lo que yo no podía terminar de explicar. Como punto de partida en mis disertaciones personales, pensé que el sólo hecho de pertenecer a la “comunidad GLTTTBI” no era más que una característica entre el crisol de rasgos que definen mi persona. Sin embargo, en la cuestión gay parecía haber algo que diferenciaba ese rasgo de los demás y que hacía que me manifieste de esa manera con respecto a ello. Buscando esa razón, llegué a la certeza de que si no hubiera sido gay, hoy no sería la misma persona, los sueños serían otros, los miedos también y, lógicamente, mi posición en el mundo sería diferente. Esta cuestión de lo gay como constitutivo me quedó más clara aún cuando surgió la idea de que si las personas fuésemos pinturas, entonces la sexualidad sería algo así como el color o el material del lienzo sobre el que estamos pintados. Los trazos son muchos y fundamentales, pero el telón de fondo, el que sostiene el esquema personal es el espacio en que se deposita la líbido, el deseo y el principio comunicador con la alteridad.
En un marco en el que surgen tantas cuestiones intrínsecas es que aparece la palabra orgullo resignificando estas características y poniendo de manifiesto una primer cuestión: el nivel visceral, vivencial y sentido del término. Uno nunca puede estar orgulloso sino de lo que vive y late dentro de uno, así sea un trabajo logrado, una persona que ama, o la sexualidad propia, todo ello se detenta con orgullo en tanto pertenecen al campo de lo más internamente asumido como propio, y digo propio dejando de lado la noción de apropiación como pertenencia material, sino como verdadera incorporación.
Siguiendo esta línea, y como primer ejercicio, me predispuse a buscar cuáles eran los distintos rasgos semánticos de la palabra orgullo. La herramienta inmediata, lógicamente, fue el diccionario y encontré dos acepciones que me resultaron interesantes por su dicotomía: “Opinión demasiado buena que tiene uno de sí mismo. Arrogancia. Fatuidad. Ostentación. // Sentimiento elevado de la dignidad personal // Conciencia del propio valor que puede nacer de causas nobles.” La primera luz que surgió de esta búsqueda fue la posibilidad de develar, en algún sentido, el por qué de la resistencia de los demás al escuchar el término Orgullo aplicado a lo gay y su consecuente militancia. La idea de arrogancia como eje conductor del orgullo gay, sin embargo, no creo que sea un factor que permita circunscribir el concepto dado que el mismo está forjado desde un espacio de resistencia que conlleva a revisar algunos aspectos de la historia.
El concepto de orgullo gay surge a partir la conocida revuelta de Stonewall ocurrida en el boliche Stonewall Inn en la ciudad de Nueva York el 28 de junio de 1969. La noche del 27 de junio el bar fue víctima de la tercer “razia” policial de la semana y los que en él se encontraban, no soportando la opresión reiterada, se defendieron de la policía con piedras, botellas y todo objeto que encontraran. Los hechos no concluyeron en ese momento, sino que la noche siguiente más de 2000 gays, lesbianas, travestis, transexuales, bisexuales y heterosexuales se congregaron a brindar su apoyo a quienes permanecían aún en el bar y a quienes habían sido liberados. La resistencia duró tres días y la voz del gay power surgió en las calles neoyorquinas dando lugar al florecimiento de 5 frentes de liberación gay en diferentes ciudades norteamericanas. Al año siguiente se realizó la primera marcha conmemorando los hechos y luego las mismas comenzaron a efectuarse regularmente, lo que dio lugar a una tradición que con el paso del tiempo cobró carácter internacional.
La introducción de esta reseña histórica permite poner de relieve dos cuestiones básicas. En primer lugar es fundamental ligar la noción de orgullo con una idea política indisociable. La respuesta de la juventud norteamericana en 1969 estuvo evidentemente cargada por la necesidad de un posicionamiento social y marca, por sobre todo, un quiebre contundente con respecto a la actitud de la comunidad GLTTTBI respecto del espacio social. El surgimiento posterior de agrupaciones militantes y focos de resistencia muestra los primeros trazos de organización frente a años y años de discriminación, silenciamiento, torturas, sufrimiento y muertes. La noción de orgullo, en este contexto, está impresa en un fondo de contrapartida, respuesta, reacción a la estigmatización social opresiva que operó por siglos, y sigue operando, sobre la comunidad GLTTTBI. El orgullo, pensado desde hoy, tal vez no sea entonces el orgullo de ser gay únicamente como si fuera un rasgo en sí mismo destacable en cada persona, sino que, como continuación de sus orígenes, el orgullo gay es el orgullo de la superación, el orgullo de la resistencia, el orgullo de haber levantado la voz, de haber sembrado la primera semilla de lo que sería un cambio histórico a nivel mundial. Nadie puede negar las consecuencias de esa revuelta y la posibilidad de pensar el orgullo como posicionamiento respecto de la historia es una noción sumamente interesante. En este sentido, considero pertinente traer a colación las palabras de Osvaldo Bazán en su “Historia de la homosexualidad en la Argentina” en que enuncia que la historia de la homosexualidad no es más que la historia de una represión. La paulatina superación de dicha represión es entonces un clarísimo motivo de festejo.
La segunda cuestión básica surgida de revisar esta reseña histórica puede pensarse claramente si le adicionamos a esta idea del “orgullo de la resistencia”, la noción del orgullo como contrapartida de la estigmatización. En este sentido, la definición de orgullo como “Sentimiento elevado de la dignidad personal. // Conciencia del propio valor que puede nacer de causas nobles” cobra toda su fuerza en el marco de la interacción social. La discriminación diaria, las miradas torcidas, la abominación de la diferencia, la falta de derechos, el trato como enfermos, pecaminosos, etc. exige una respuesta desde la elevación de la dignidad personal, como reconfiguración del amor propio, erigir la autoestima es entonces una buena forma de encarar la visibilidad y de poder trocar el posicionamiento frente al otro desde un lugar político social que funde estas cuestiones en otra dirección.
La palabra orgullo pensada entonces como respuesta política y fundamentalmente como espacio en que se erige la dignidad personal y colectiva es el primer significante en una cadena de significaciones surgidas alrededor de la militancia homosexual. Conviene en este punto, pensar la idea de identidad colectiva como un estado de conciencia implícitamente compartido por individuos que reconocen y expresan su pertenencia a una determinada categoría de personas que se presenta como comunidad. La construcción de signos es la apropiación de ese espacio como propio y la consecuente señalización de la diferenciación con el otro, con los correspondientes riesgos de autodiscriminación y encierro. El concepto de orgullo gay, entonces, implica diversas cuestiones que van desde una marcha, una bandera, hasta toda una serie de rituales y actividades de las cuáles estamos participando y que conforman el modo de expresión de un grupo identificatorio. La apropiación del término en este folklore implica un posicionamiento claro que merece ser reflexionado por cada individuo que, luego, adicionará sus cuestiones personales y construirá su propia noción de comunidad.

Una mirada desde la actualidad

La traza de una reseña histórica acerca del concepto de orgullo y sus respectivas consecuencias político sociales a nivel mundial implican una reflexión acerca de estas cuestiones en el hoy. Creo fundamental señalar como punto de partida, la necesidad de seguir trabajando en este sentido mientras siga habiendo sufrimiento causado por discriminación o cercenamiento. Ante una sociedad aparente más “abierta”, más “tolerante”, pareciera que se desdibujan ciertos espacios de reivindicación de lo propio. La incorporación de lo gay a las estrategias de mercado operó como la clave de una incorporación ficticia al mundo global. La proliferación de los boliches gays, acompañada del surgimiento de empresas de turismo gay, gimnasios para gays, ropa para gays, etc. parecieron echar luz sobre un cierto registro de parte de la sociedad en general respecto de la comunidad homosexual en particular. Sin embargo, conviene hacer notar que la integración justamente parte de compartir los espacios y por lo tanto generar la socialización, pensar la libertad como la posibilidad de tener cuatro boliches en lugar de dos creo que es aceptar una delimitación del espacio que nada tiene que ver con la búsqueda de una dignidad personal. La posibilidad de que existan espacios específicos es interesante en tanto no funciona como factor limitante, como espacio único de circulación y ejercicio del deseo. La integración depende únicamente de la integración y el diálogo con la sociedad toda como espacio de reformulación del yo colectivo frente al tú y ellos.
La resemantización de los símbolos en este mundo Light, entonces, es un ejercicio de recuperación histórica que conlleva una mirada comprometida del presente, una posibilidad de operar sobre la historia y, sobre todo, el sentimiento de responsabilidad que implica el respeto por nuestros antepasados que nos dejaron un mundo en el que ahora podemos conversar estas cuestiones y el respeto por las generaciones venideras que deben encontrarse con un mundo en el cuál no sean válidas las constantes sanciones de la diferencia y la libertad para ejercer la propia personalidad sea moneda corriente.

jueves, 8 de noviembre de 2007

No a las papeleras!


Quiero discutir el tema de las papeleras desde la política, porque es una clara muestra de la política internacional, de configuración geopolítica respecto de los países tercermundistas.
En 1992 el Banco Mundial emitió un documento interno que, por un desliz salió a la luz. En ese documento llamaba a los países del Primer mundo a enviar a los países tercermundistas todas las empresas que resultaran sucias para el medio ambiente. Para justificar esto se basaron en las ventajas comparativas que en términos económicos tenían estos países. Dichas ventajas residen en tres cuestiones fundamentales:
1) Las vastas zonas que quedan sin contaminar.
2) Los sueldos magros que se pueden pagar a los operarios (muchas veces niños y niñas), generando puestos de trabajo esclavo.
Además recordemos que los cargos jerárquicos son ocupados por personas que vienen del país que pone la planta.
3) Que la población antes de morirse de cáncer se muere de hambre, así que el cáncer en el tercer mundo no nos afecta tanto como en el primero (Sí, lo que leen!! Esta información la pueden chequear en el texto "Patas Arriba" de Eduardo Galeano).
Botnia es un ejemplo del poder de respuesta que tiene el Banco Mundial sobre los países primermundistas. Finlandia, atendiendo estas “ventajas” comparativas decidió invertir en el Uruguay, pero claro, los beneficios no son para el Uruguay, ni para su pueblo.
Finlandia obtendrá réditos por doquiera. En primer lugar, altas ganancias por bajísimos, paupérrimos costos. En segundo lugar leyes “blandas” para operar en materia laboral y de impacto ambiental. En tercer lugar tiramos la basura de que lo consumimos en casa ajena.
Qué nos queda en el tercer mundo? Juntarnos a cantar “Estamos encantados de tener un basurero nuclear”… digo, por no llorar…
Cuáles son los beneficios de estas “benditas” inversiones extranjeras para el Uruguay, en este caso, o para América Latina, si lo pensamos en general? El engrosamiento de los bolsillos de una clase política corrupta que imita los modelos de despilfarro económico, para no ser menos que los primer mundistas. Lo demás que queda por estos pagos es la devastación de los recursos naturales y también la generación de trabajo esclavo o infrahumano para la población (recordemos a las cajeras de supermercado que atendían en pañales).
Qué hacen los estados frente a todo eso? Tergiversan. Plantean el conflicto en términos nacionalistas y de soberanía. Pero no entre Argentina y Uruguay (países abusados) y Finlandia (país abusador). Divide y reinarás. Con la mejor estructura de un Boca – River y, apelando a los más pelotudos accesos nacionalistas, queda todo en términos de Argentina vs. Uruguay y toda discusión se reduce a ver quién la tiene más larga.
Lamentable, pero estamos a días de que Botnia empiece a funcionar. El río no seguirá siendo de los pájaros y tal vez no sea más un cielo azul que viaja. Quedará el folklore como testimonio de otra edad de oro perdida para América Latina, de otra identidad que dejamos ir, de un ceibal que seguirá llorando sangre.

Río de los pájaros
(Aníbal Sampayo)

El Uruguay no es un río,
es un cielo azul que viaja,
pintor de nubes,
caminos con sabor a mieles ruanas.

Los amores de la costa,
son amores sin destino,
camalotes de esperanzas,
que se va llevando el río.

Chuá, chuá, chuá, ja, ja, ja,
no cantes más torcacita,
que llora sangre el ceibal.

Morenita lavandera,
biguacita de la costa,
enrrollate la pollera,
ponete a lavar la ropa.

Tu madre cocina charque,
tu padre fue río arriba,
y vos te quedaste sola,
lavando ropa en la orilla.

Chuá, chuá, chuá, ja, ja, ja,
no cantes más torcacita,
que llora sangre el ceibal.

Canoíta pescadora,
aguantame el temporal,
si mis brazos no se cansan,
remando te hei’ de llevar.

Guricito pelo chuzo,
ojitos de yacaré,
barriguita chifladora,
lomito color café.

Chuá, chuá, chuá, ja, ja, ja,
no cantes más torcacita,
que llora sangre el ceibal.

Chuá, chuá, chuá, ja, ja, ja,
no cantes más torcacita,
que llora sangre el ceibal.

PD: Recomiendo visitar el blog Impredecible para ver las implicancias químicas del tema.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Para Ale...


¿Cómo abrazar cuando se hubo despojado todo? ¿Cómo enriquecer rincones sombríos, recuerdos que galopan hasta la fiebre? ¿Cómo decir la palabra justa? ¿Cómo hacer que el silencio no nos corte, afilando soledades terrenas?
Quiero llenar tu vacío con presencias. Si pudiera regalarte eternidad. Si pudiéramos superar el tiempo.
Salvá tu memoria de lo que te pase. Recogé los bálsamos de lo que duele. Recordá cada abrazo, cada tarde junto al sol de la vereda. Es tuya su labor de guardiana frente a tus juegos de niño inocente. De ella entenderás el alimento. Obrá con esa protección, desparramala por tu cuerpo. Volá cada vez que el alma y el sentimiento se vuelvan tierra seca. Buscá agua en la luna, invocá lluvias cargadas de futuro. Zambullite en algún mar perdido, peleá contra las olas que amenacen. Entregate ahora al sentimiento que mañana te sigue el tiempo, el que llevás entre tus pies y el que no acaba nunca.
PD: Este post fue ilustrado por Christ