
Era marzo. Hacía calor. Cuando volví de Sampacho, Achiras y Moldes en Córdoba encontré que a la PC le habían puesto internet. Afilé los dientes.
El río había empezado a correr y –como dice Teresa- “no hay muro que detenga sus furores”. Apenas se hizo de noche y no hubo moros en la costa entré al viejo buscador “Altavista” (se usaba tanto allá por el 2000). Y lo primero que busqué fue “Gay”. Cualquier resultado que saliera parecía conmoverme totalmente. No había pulso que aguante el temor a ser descubierto, ni la ansiedad por lo que podía venir.
Alguna foto aparecía por ahí (quedaba estupefacto). Cuerpos de hombres más o menos estandarizados, con todos los músculos iguales y los genitales preparados para posar (jamás me gustó eso, pero en aquel entonces era maravilloso). Fueron noches continuadas de hacer el mismo recorrido. De “Altavista” al resultado número 3; al resultado número 9 y después apresuradamente, borrar historial, caché, archivos temporales de internet y todo aquello que pudiera implicar algún rastro de algo. Poco me faltaba para querer desfragmentar el disco después esa tamaña experiencia de cataclismo interior.
Era 1997 cuando mis primeros compañeros de la secundaria tuvieron internet y pasábamos noches enteras jugando por las salas de chat. Todavía recuerdo la energía contenida que me significaba ver la lista de salas y leer “Solo hombres”, “Solo mujeres”... Estaba a un clic de distancia. Pero era imposible! Estaban ellos ahí. No había cibers, al menos no en Villa del Parque. Entre esas noches de marzo del 2000 tomé revancha. Volví a Latinchat y me di el gusto. “Solo hombres” me estaba esperando.
La primera pregunta que hice después del “Hola” inicial fue “sos gay?”. Ante el “sí” que salía del otro lado de la pantalla, más nerviosismo (un poco obvia mi pregunta, no? Jeje... pero no podía creer que estaba casi llegando). Pasaron noches de charlar con colombianos, venezolanos, ecuatorianos y de quién sabe uno donde. Exactamente fueron doce noches. Se ve que los buscaba lejos para retrasar un poco lo que a esa altura parecía inevitable.
Empezó a hacerse vicio y ya la presencia del resto no condicionaba tanto... Una tarde, la del 20 de marzo, estaba libre. Me senté en la pc y fui directo al Latinchat que se venía ganando mis horas. “JUANPA17” estaba en la sala y –como yo tenía 19- le hablé. Debemos haber hablado cinco minutos, diez... no mucho más... Me dice que estaba en el centro, que si quería ir. Transpiré. Pulsé la tecla “capslock” y puse “SI”. Elegí mi remera violeta, un jean azul y me fui para Lavalle y Florida. Llegué casi corriendo para que no se le ocurra escaparse, o que no piense que lo iba a dejar plantado. Y entre medio de la gente lo vi, estaba sentado en una esquina, con mochila azul. Era la primera vez que podía reconocerme en un par. Otro que hablaba mi lenguaje frente a mí. Todavía somos amigos.

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