domingo, 24 de febrero de 2008

Para el puto lo que es del puto


Todo más que bien con que todos estemos más abiertos, que todos seamos re freakys, posmos y la mar en coche, pero como dice la canción “asumirse los fueros es no dictaminarse” y hay cosas que para poder hacerlas hemos puesto cuerpo y alma. Hay momentos en que esta cultura light tiende a ocultar, a no hacerse cargo de las cosas valiéndose de un discurso por demás disperso.
Resulta que ahora podés vestirte de mujer, encamarte con otros tipos, participar de fiestas homoeróticas y todo simplemente llamándote “hétero flexible”. Eso es simplemente adornar con palabras para revista de tendencias lo que antes también se hacía y también es una forma de disolver las posibles consecuencias reales de hacer todo eso.
Yo sostengo que ser gay es algo que va mucho más lejos de acostarse con alguien. Es una construcción, algo que se forja desde la experiencia. Es una actitud de vida y todo lo demás. Pero digamos también que hay cuestiones que son específicas y que siempre tendieron a ser borradas, que se las ha silenciado obstinadamente. Callarse estas cosas o hacer un juego de palabras para no decirlas del todo no es una forma de complicidad?.
¿Qué pasa cuando un hombre hétero se acuesta con otro hombre y se autodenomina heteroflexible por no llamarse puto? Es comodidad?? Es miedo?? O es un simple tipo al que hoy le pintó el homoerotismo pero eso no determina una crisis de identidad?? Difícil de dilucidar el asunto. Yo por mi parte creo que los grises en estos terrenos es como dar rienda suelta a seguir creando zonas pantanosas en las que nadie es nadie. Es como una solución acomodaticia para tener los beneficios de pertenecer sin cargar con los problemas y responsabilidades de ser. Pareciera que da un poquito de miedo correrse el american dream que te asegura la casita y el auto a cambio de la papá y la mamá con los dos hijitos (preferentemente rubios). Papá y mamá siguen pesando tanto en nuestra cultura de hoy!
Yo no hablo de encasillarse, pero ¡ojo! porque una palabra bien dicha, a veces, es una única posibilidad de ser y de existir como tal. “Es una virtud, es dignidad y es la actitud de identidad más definida”.
Sería necio yo si no considerara también que las tan mentadas identidades GLTB ya necesitan revisión, que también están ya en peligro de ser estancas y, lo que es peor, funcionales al sistema. De todos modos creo que hay cuestiones específicas que necesitan ser aclaradas porque aportan un sentido constructivo y van despejando la complicidad al silenciamiento. Además, cómo cambiar algo si no se empieza asumiéndolo? Sólo siendo puto podré cambiar la putez.
Muchas veces me argumentaron que no es necesario ponerse un cartel que diga “Soy PUTO/ TORTA/ ETC.” No, claro que no pero sin embargo que eso no sea una buena excusa para no estar, para no comprometerse, para borrarse y para finalmente no existir.
Yo me pregunto, estos hétero flexibles comentan mientras juegan al fútbol que se chuparon una pija? O se lo guardan para sostener el status quo? Cómo construyen la flexibilidad? Con la tan mentada “discreción”? La valentía es mirar a la luz, salir a sol con la entereza de un semblante libre.
Como si todo esto fuera poco, horas y horas de reflexión, numerosas situaciones incómodas y más de un quilombo nos hemos ganado los putos para luego tener el privilegio de ser nosotros los que, cuando nos agarraba la loca, teníamos el privilegio (conseguido en buena ley) de ponernos una mini de brillos con tacos aguja. Pero ahora parece que es tan sencillo como andar en calzoncillos y cualquier hijo de vecino pulula con una estola de visón y después se va a jugar al fútbol como si nada, sin cuestionarse ni medio. Es tan sencillo? Andan cambiando boxers por tangas como si nada pasara?
Ojo con alivianar las cosas, que bastante peso específico tienen y sólo desde ese peso ESPECÍFICO se las puede considerar, pensar y manejar, es decir modificar para ser un poco más libres.

"En tiempos de crisis, tiempos de definición, la ambigüedad puede parecerse demasiado a la mentira"
(Eduardo Galeano)

viernes, 22 de febrero de 2008

La Isla del Sol


Sí, es la misma de la canción. Tan bonita como se la describe, sólo que el mar es nada más que una cuestión de rima. A esta isla la rodean las azules, transparentes, turquesas, verdes aguas del imponente lago Titicaca.
Una buena previa para llegar a la isla es el pueblo de Copacabana. Pintoresco, con aires de balneario pero albergando una cultura ancestral. Artesanos, ferias, restaurants con música y una catedral imponente para los devotos de la virgencita.
Subiendo a pequeños barquitos, el paisaje del Titicaca amplifica sus ribetes, sus colores y sus formas a medida que uno se acerca a la isla y se aleja del continente. Antiquísimas barcas de totora decoran un agua que no tiene pudor de ostentar su fondo para los que anhelan la maravilla de contemplarlo.
Tras desembarcar en la Isla del Sol, el paisaje se ofrece rústico, precario (al menos en la parte norte). Pequeñas playas son cortejadas por inmensas montañas sembradas y por las aguas del Titicaca. Sobre ellas la escena toma como protagonistas a turistas entusiastas que toman sol, que conviven con total naturalidad con cabritos, cerdos y burros que pastan y se pasean calmos de aquí para allá.
Al subir la montaña, antiguas ruinas de los Incas sorprenden al visitante: la mesa de sacrificios, el laberinto de piedra y la cara de Viracocha, dios creador según su cultura.
Entre el azul del lago y el verde amarillo de la montaña, se asoma un sendero de piedra que se pierde entre las cuestas arriba con una indicación de dirección sur. Ése era el camino mediante el cuál los Incas circulaban por la isla. Camino difícil, arduo, constantes subidas y sin un centímetro cuadrado de sombra (en ese momento comprendí las razones del nombre de la isla). Sin embargo, los paisajes que ofrecía el recorrido deslumbraban y el frío de las brisas del Titicaca contrastado por el sol abrasador, que hacían que el cuerpo se debata entre la calcinación y el congelamiento, se dejaban de lado para entregarse a la contemplación de las creaciones de Viracocha.
Más de tres horas y media de dura caminata para llegar al sur y otras tantas para volver. Agotadora travesía para estar a más de 4000 metros de altura.
Lamentablemente el avance de la noche y la necesidad de no estar en camino cuando anocheciera, con la correspondiente amenaza de que bajara bruscamente la temperatura (ya conocíamos el frío del altiplano para ese entonces) y desapareciera por completo la luminosidad, nos obligó a emprender el retorno a 20 minutos de llegar a destino. Seis horas continuas de caminata, pero retornamos justito con la luz. El camino valió la pena, pero me queda la espina de lograr el objetivo para la próxima vez.
Para aquellos que vayan a visitar la isla, recomiendo salir a hacer la caminata bien temprano a la mañana para llegar al mediodía, almorzar, descansar y volver (el total de horas de caminata es entre 7 y 8 con camino complicado). Otra opción que también está buena es tomar una lancha al mediodía hacia el otro lado, recorrer dos horitas y volver caminando. El camino de ida y vuelta es el mismo y con hacerlo una vez alcanza. Eso sí, vale la pena el esfuerzo de caminarlo, es muy hermoso. De cualquier otra forma el tiempo va a resultar insuficiente.
Hablar de la Isla del Sol sería incompleto sin mencionar al “Hostal Cultural”, del que nunca pudimos dilucidar la musa que inspiró el nombre. Con la ducha en la vereda de enfrente de dónde dormíamos (sí, crucé la calle con el toallón, saludé a las vecinas y todo calzón en mano) y con una habitación depósito de muebles viejos fuimos recibidos durante la noche por más de diez arañas de diversos tamaños desperdigadas por los techos. El consecuente llamado al “conserje” que, trapo en mano, mató dos arañas y dijo la frase célebre de las vacaciones: “Pero si estas no pican!”. A continuación, cambio de cuarto (compartiendo, obviously) y entrar al dormitorio de alguien que ya estaba acostado con cara de feliz cumpleaños y diciendo: “Buenas noches, hoy dormimos todos juntos”.
Para volver otro traspié con el barco que nunca quiso salir al horario estipulado, así que a saber que todo plan está sujeto a muchos y diversos factores. Por lo demás, una experiencia hermosa y necesaria, imprescindible para conocer Bolivia.

miércoles, 20 de febrero de 2008

El salar de Uyuni: Un beso celeste


Es difícil de describir. Uno suele valerse de coordenadas o categorías más o menos cognoscibles para abordar esta tarea. El salar de Uyuni, sin embargo, escapa a toda categoría conocida. Es un imperativo a la imaginación.
Salimos de mañana con un sol boliviano que, como siempre, entremezclaba su calor que calcina con el aire congelante del altiplano. Subimos a la 4x4 y, tras atravesar las pequeñas y remotas dimensiones del pueblo de Colchani, la primer parcela de sal se dejó ver sin lograr ser un verdadero anticipo de lo que vendría.
El salar estaba inundado y de entrada parecía un gran mar de aguas levemente oscuras, nada del otro mundo, pero al rato empezó a verse lo que jamás me imaginaba que vería.
A medida que nos acercábamos al hotel de sal (absolutamente todo construido en sal, incluidas mesas y sillas), la profundidad del agua iba bajando y, gracias al blanco del suelo, se formaba un espejo de nada menos que 12.000 km2.
El salar de Uyuni es lo más parecido que me puedo imaginar al infinito. En un beso celeste, es la comunión perfecta entre el cielo y la tierra. La maravilla óptica hace que el horizonte desaparezca por completo y el mundo sea todo uno: sin cielo y sin tierra. Todo espacio, todo multiplicación. Si el paraíso celeste existe, sin dudas queda en Uyuni.
Al infinito celestial que el salar ofrecía a lo lejos, se sumaba un impresionante suelo que combinaba el blanco más puro con el brillo plateado de los cristales salinos que se encendían al reflejo del sol, a medida que uno avanzaba caminando.
Con las zapatillas en el agua y obligados anteojos negros para poder ver, recorrí el infinito, pisé las nubes y caminé por el cielo.
Todo aquel que viaje a Bolivia procúrese tiempo y un billete para conocer esta maravilla sin precedentes. Eso sí, reserven, hagan fila nocturna o consigan como sea un pasaje en tren para llegar porque la ruta que se hace en bus es la más peligrosa que conocí en mi vida.

viernes, 1 de febrero de 2008

Pasaje de ida


El destino es incierto. Es la distancia entre los planes y los requisitos para cumplirlos. La cuestión es saber detenerse. Mirarse a uno, tratar de comprender el contexto y armarse nuevamente si es necesario. Lo importante es la libertad de dejar estos días cotidianos por otros destinados a crecer, a liberarnos de algunas verdades de esta cultura y tomar las de la otra cultura.
No sé cuáles serán los caminos que voy a recorrer, ni por qué medios. Todo plan está puesto en duda y hacia eso partimos. Sí sé que dentro mío llevo las ganas de hacer, las ganas de lo otro y un lujo de compañera.
Nos veremos a la vuelta, aunque sólo tengo el pasaje de ida.

jueves, 31 de enero de 2008

Marilina Ross - María canta el tango


Se viene otro disco emblemático. Esta vez es emblemático por tres razones, dos de índole musical y otra de índole afectiva. Las de índole musical son que es lo que más me gusta de todo lo que tengo de Marilina Ross. Me atrevería a decir que es su mejor faceta. Ojalá se hubiera dedicado más al tango. Otra es que gracias a este breve recital conocí tangos que no conocía y que ahora me encantan como “Soledad”, “Che, bandoneón” o “Yuyo verde”. También fue mi puerta de entrada a la obra de Eladia ya que me permitió enamorarme de “El corazón al sur” o “A un semejante”.
Todas estas razones musicales me convocan a postearlo, pero también hay una razón afectiva y es que me lo pidió Cheli y hacía como dos años que no la veía, pero que la quiero a ella y a su familia, la quiero y fue más que un gusto verla y ser recibido en su casa con el afecto de siempre. También me gusta comprobar que las veces que la veo siempre se arma como una complicidad de compartir cosas entre nosotros, de generar charlas interesantes. Como si los 23 años de diferencia de edad que tenemos no significaran más que la posibilidad de hablar con más profundidad aún de todos los temas.
Marilina Ross dio un recital en la vieja Casona del Conde de Palermo allá por 1995 que se llamó “María canta el tango”. De ese recital son estos audios. Por supuesto no fui yo quien los grabó. En aquella época, con mis 15 años recién cumplidos, apenas si sabía que Marilina cantaba “Honrar la vida”. La grabación la hizo Christian (amigo tocayo) y fue circulando de mano en mano mientras íbamos a los últimos recitales de María por el Condado, por Cañuelas, Campana, Sitges y todo otro recoveco donde ella asomara la nariz.
Al tiempo de llegar a mí se me hizo casi adicción escucharlo. Estuvo meses en el equipo, es que la Marilina interpreta como ninguna, qué querés??
Lamentablemente los audios no son buenos. Son audibles pero tienen una lluvia de fondo que, por más que luché cuerpo a cuerpo con el soundforge para sacarlo, no pude ni siquiera reducirlo. De todos modos les prometo que es audible y que lo que hay vale la pena… y con creces!
Las fotos con que armé la tapa y la contratapa me las pasó mi amiga Cheli y pertenecen al recital del que fue tomada la grabación, un lujo la coproducción!!
Cabe destacar del álbum los excelentes arreglos del maestro José Colángelo que acompaña a Marilina en piano y de Cacho Giannini que la acompaña en bandoneón.
Paso a hacer una exposición más detallada sobre los tangos que incluye:

Las cuarenta de Francisco Gorrindo y Roberto Grela

María lo cantó repetidas veces. Incluso salió editado en el CD del programa Letra y Música de Silvina Chediek. El tango retoma una frase del juego “Tute Cabrero” que es “Cantar las cuarenta” y se vale de ella para expresar las frustraciones de un hombre que regresa a su barrio luego de haber recorrido un mundo grotesco y vil.

El corazón al sur de Eladia Blázquez

Sin dudas el tango más emblemático de Eladia. Ella contó que cada mañana cuando abría la ventana de su cuarto se daba cuenta de que estaba inclinada en la misma dirección. Un día reflexionó hacia donde miraba en esa dirección y era al sur, hacia Avellaneda, su barrio natal.
Siempre es un lujo escuchar la interpretación de Marilina de las obras de Eladia y este tango no podía faltar…

Yuyo verde de Homero Expósito y Domingo Federico

Llora Marilina la pérdida de un amor en algún callejón del barrio en una interpretación brillante de este tango que se proclama entre las mejores del disco.

Cautivo de Luis Rubistein y Egidio Pittaluga

“Este tango lo aprendí a cantar por Sergio Renán”… Comenta Marilina antes de empezar… Ni el título conoce, ella lo llama “Prisionero”, pero su verdadero título es “Cautivo”. Narra un metejón que la lleva a Marilina a los amores imposibles de su adolescencia.

Nada de Horacio Sanguinetti y José Dames

Apenas un breve fragmento… una respuesta veloz a un pedido del público. Alcanza para compartir, como si fuera entre amigos, este tangazo que Julio Sosa cantó como nadie.

Soledad de Carlos Gardel y Alfredo Lepera

Alto dramatismo interpretativo y manejo de las intensidades para cantar este brillante tango de Carlitos Gardel y Lepera.

Los mareados de Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobián

Personalmente la versión que hizo de este tango no es de lo que más me gusta del álbum. No es que lo cante mal, pero hay algo que no termina de llegarme, al menos a mí.

Che, bandoneón de Homero Manzi y Aníbal Troilo

Punto alto del disco. Interpretación muy profunda, de las mejores que le escuché a María para una letra genial, como todas las de Homero Manzi.

Qué vachaché de Enrique Santos Discépolo

Clásico del repertorio de Tita Merello que dibuja con genialidad el mundo grotesco a través de la pluma de Discépolo. Interpretación casi opuesta a la del tango anterior, lo que muestra la ductilidad de Marilina como cantante.

Discepolín de Homero Manzi y Aníbal Troilo

Recitado de esta letra dedicada al viejo Discepolín cuando Manzi estaba en los umbrales de la muerte… como un ajuste de cuentas, como dos amigos que llegan al final y ven sus empates con la vida…

Tormenta de Enrique Santos Discépolo

Genial letra que reclama a Dios sus ausencias en un mundo tan denigrado. Un último sentido de verdad que está a punto de caer y un mundo que tambalea y deja al personaje en el desamparo total de vivir. Una interpretación acorde con la profundidad existencial de los planteos de la poesía y el dramatismo de la música.

A un semejante de Eladia Blázquez

Otro clásico de Eladia que brilla en la voz de Marilina. El otro, el reconocimiento de nuestros hermanos en nuestros dolores y nuestras esperanzas.

Lista de temas:

01 - Las cuarenta (Francisco Gorrindo - Roberto Grela)
02 - El corazón al sur (Eladia Blázquez)
03 - Yuyo verde (Homero Expósito - Domingo Federico)
04 - Cautivo (Luis Rubistein - Egidio Pittaluga)
05 - Nada (Horacio Sanguinetti - José Dames)
06 - Soledad (Carlos Gardel - Alfredo Lepera)
07 - Los mareados (Enrique Cadícamo - Juan Carlos Cobián)
08 - Che, bandoneón (Homero Manzi - Aníbal Troilo)
09 - Qué vachaché (Enrique Santos Discépolo)
10 - Discepolín (Homero Manzi y Aníbal Troilo)
11 - Tormenta (Enrique Santos Discépolo)
12 - A un semejante (Eladia Blázquez)

Bajar el disco

lunes, 28 de enero de 2008

Teresa Parodi y Ramona Galarza - Correntinas II


Hoy voy a postear un disco que para mí fue muy importante porque abrió una brecha musical que yo no conocía y que ahora me gusta mucho. Mis primeros acercamientos a la música litoraleña fueron a través de Teresa Parodi, pero claro, Teresa tiene su repertorio propio y, si bien muchas de sus canciones ya son clásicos, no se puede decir que a través de ella podría conocer lo más emblemático de la región. Sin embargo, escuchando su discografía me topé con este CD que conseguí un día muy de casualidad pateando Avenida Corrientes (que casualidad!) y cuando lo escuché me perdí indefectiblemente en él, en sus poesías, en la música, el tipo de ritmos y en un gran hallazo: la textura, delicadeza y hondura de la voz de Ramona Galarza.
Polcas, chamamés y canciones litoraleñas de autores clásicos conforman este cd, imprescindible para conocer la bellísima música del noreste de Argentina y del Paraguay.
Abre el disco la sentida evocación que proponen Ricardo Visconti Vallejos y Gregorio Molina con “A Villa Guillermina”.
“Río rebelde” cuenta entre sus autores, nada menos que al Cholo Aguirre (autor también de Río manso, entre otros). En una poesía centrada en la relación del hombre con el río, narra la pérdida de un amor al que se pretende dejar correr en el cauce del Paraná, pero que vuelve a las playas por efecto de la ligazón entre el destino y horizonte de ese personaje que se sabe comprendido por la geografía que lo contiene.
“Lucerito Alba” es una polca paraguaya deliciosa compuesta en letra y música por Eladio Martínez. Con casi la totalidad de su texto en guaraní, expone cabalmente los rasgos identitarios específicos de la gente de la región. Creo que es, sin dudas de lo mejor que tiene el disco. Existen versiones en castellano de este texto, que fueron grabadas por otros artistas, pero nada se compara con la posibilidad de escucharla en guaraní y, mucho más, si se cuenta con la calidad y delicadeza en la pronunciación que tienen Teresa y Ramona.
“Apurate José” es la única canción de Teresa que contiene el disco. Sin dudas es un clásico ya de la música litoraleña que está ya a la altura de cualquier otra canción emblemática del cancionero correntino. Para los que aún no tuvieron el gusto de conocerla se trata del grito desesperado de la Jacinta, una mujer que ve la inundación avanzar sobre sus cosas, sobre su gente. La riqueza del texto ofrece la posibilidad de contemplar un paisaje atravesado por la identidad de sus habitantes. Con esa gran habilidad para ponerle nombre y apellido a los sentimientos humanos, Teresa nos muestra en la historia de la Evarista Luján, el Jacinto Gómez y otros personajes la construcción de ese pueblo y la fraternidad de quienes lo construyen en su convivencia con el río y la pobreza. Es importante también señalar que el texto a nivel lexical ofrece una combinación excelente entre el español y el guaraní.
Los infaltables Osvaldo Sosa Cordero y Damasio Esquivel se hacen presentes en este texto a través de “Alma guaraní”. La relación del hombre con su paisaje, esa identidad que permanece como secreta, como inadvertida en las cosas más simples que tenemos delante de los ojos. El alma de un ser humano que es capaz de ser contenida en el espíritu de la selva y el río.
“El mensú” es el cosechero de los yerbatales. Este texto que pertenece nada menos que a Ramón Ayala, aporta a la visión y el horizonte del trabajo regional, a través de un personaje prototípico que expresa sus penas y su cotidianidad la nocturnidad de la selva. Esta galopa se suma a “Trasnochados espineles”, galopa del Cholo Aguirre y a “El cosechero”, también de Ramón Ayala, que completan las postales de los trabajadores de la zona, ya que aportan la mirada del pescador y el cosechero de algodón (propio del paisaje chaqueño, en la otra margen del Paraná), respectivamente.
Subrayo que la poética de estos tres temas refleja un horizonte de posibilidades de existencia del hombre, a través del trabajo, mensú, cosechero y pescador. Tradiciones que se forjaron a través de “siglos recorriendo sin laureles” ese trabajo, ese quehacer que se ve como destino elegido y que conduce a la exaltación del paisaje: “¡Qué ganas de gritar que yo también nací en la ribera azul del Paraná!”, o como “noche mala que camina hacia el alba de la esperanza”.
“Puente Pexoa” es un chamamé de Armando Nelly y, nada más ni nada menos que Tránsito Cocomarola. Constituye una evocación al amor que crece cobijado por el cielo correntino, por esos lugares de todos los días.
“Paraje Palmita” de Albérico Mansilla y Edgar Romero Maciel reflexiona sobre la ligazón entre el canto y la identidad que se forja en el lugar de origen de uno: “Vuelvo al paraje y mi cantar tiene el latir del corazón”.
Corrientes Cambá es un reconocimiento a la influencia de la cultura negra en la cultura litoraleña, a través del candombe y la percusión.
El chamamé que cierra este disco es “El último sapukay” de Oscar Valles nos vuelve a situar en el Chaco y relata la muerte de Isidro Velásquez que pide rescate al viento a través de un sapukay, grito del hachero en los montes chaqueños.
Correntinas II no es sólo una muestra del talento de dos de las más importantes artistas del folklore argentino, sino que además es un verdadero documento folklórico que permite el reconocimiento de una geografía desde una diversidad de ángulos como ser el humano, paisajístico, económico, cultural. Los horizontes y posibilidades de una sociedad y sus habitantes transitan por este album nutrido de las mejores plumas de la música litoraleña y que ofrece una variedad interesante de ritmos característicos, como chamamés, polcas y galopas.
Este disco es de 1995 y por lo tanto fue editado en CD, pero no en vinilo. Actualmente no se consigue en ningún lado y tiene circulación en internet, aunque no mucha tampoco. No estoy poniendo una gran novedad en materia de audios, pero sí y gracias Pao por primera vez va a circular el arte de tapa completo escaneado con buena calidad de imagen.

Lista de temas:

01 – A Villa Guillermina (Ricardo Visconti Vallejos – Gregorio Molina)
02 – Río rebelde (Cholo Aguirre – Samuel Claus – Héctor Ayala)
03 – Lucerito Alba (Eladio Martínez)
04 – Apurate José (Teresa Parodi)
05 – Alma guaraní (Osvaldo Sosa – Damasio Esquivel)
06 – El mensú (Ramón Ayala – José Vicente Cidade)
07 – Puente Pexoa (Armando Nelly – Tránsito Cocomarola)
08 – Trasnochados espineles (Cholo Aguirre)
09 – Paraje Palmita (Albérico Mansilla – Edgar Romero Maciel)
10 – El cosechero (Ramón Ayala)
11 – Corrientes cambá (Albérico Mansilla – Edgar Romero Maciel)
12 – El último sapukay (Oscar Valles)

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viernes, 18 de enero de 2008

Yo, dueña de la noche


Hay marcas que son imborrables, claro. Era una fuerza, unas ganas, un espíritu. Como si fuera un amanecer, una suerte de primavera democrática conmigo mismo. Si había algo que signaba esos días y, sobre todo, esas noches era una voracidad de mundo, de calle. Yo quería ser profesional en nocturnidad, quería conocer cada esquina, cada vereda. Recién salido del barrio natal (en el sentido más profundo de la palabra salir), también había salido del closet (que gráfico, no?). El arribo al centro no era un detalle. Es el único otro espacio de la capital, junto a Villa del Parque, en que estoy en casa, absolutamente en casa.
La cuestión era el exceso, el desborde, el más allá del límite, el intersticio que todavía no había descubierto y era un enigma para mis recién llegados veinte años.
No quedó plaza en que no haya abierto con los dientes una caja de uvita blanco dulce (hoy intomable para mí, pero me encanta haberlo hecho en su momento). Recuerdo las épocas en que en Bach (a donde alternaba mis salidas con Sitges de miércoles a domingo, semana tras semana) no te daban ficha de entrada y salida. Entonces íbamos, bailábamos y como no teníamos guita para consumir, salíamos a tomar el tetra a la vuelta del boliche y después volvíamos. Mucho reviente, sí. Conozco todas las terminales de los colectivos de “dormir” (léase yacer) en los asientos.
Sin embargo, en ese cruce de límites también se albergaba la esperanza de algo nuevo. Multiplicar era la tarea! Y lo familiar sabía a poco.
El mundo nuevo era todo misterio. Había millones de lugares por descubrir, millones de personas por conocer.
Angel’s tenía esa onda “furgón del San Martín” que era evidentemente interesante e invitadora, aún me cautiva las veces que voy y su música cumbia pachanga me seduce mucho.
Bach, el bolichito tranqui, con muchas tortas amigas con las que tomaba vino tinto hablando de música o haciéndoles gancho con alguna otra torta y escuchando como me relataban sus partidos de fútbol. También había putos afines porque el lugar no fue, no es, ni será en absoluto fashion, por más que ahora así lo pretenda.
Oxen fue el primer boliche, muy “I’m so Madonna” para mi perfil tan “León Gieco”, pero igual me partió la cabeza la primera vez que entré (ya habrá un post exclusivo de eso).
Sitges, era más mi parte maricona (aunque levantaba más en Bach). Las noches de Sitges eran para bailar en el escenario, para conocer a los quichientos mil putos que daban vueltas por ahí, para ir después a la Estación de Servicios “Sol” donde se juntaba un reguero de torta, puto y trava que daba un resultado bizarrísimo cuando se mezclaba con los tacheros que paraban ahí.
Marlene, mi querido Marlene. Tortones Patrios de Ley (sí, todo con mayúsculas)! Pachanga bien entendida. Pochi cortando la música para parar peleas con el micrófono, todo un fuego! Recuerdo las fotos de artistas queers que ilustraban sus paredes. Ahora las sacaron, pero en honor a eso mi sección “What else should I say, every one is gay” donde desfilarán algunos de ellos.
Amérika nunca fue santo de devoción, aunque debo reconocer que ahí transé por primera vez con un chico (y algunas cosas más). La canilla libre siempre fue convocante, pero ni así me enamoraba.
Cero consecuencia, si bien vino bastante después es un lugar simpático, lo elijo si tengo que pasear ahora por ahí y no vuelvo a mi querido Bach.
Mucho recorrido, mucho andar, cero pesos en esos momentos. Hacer artilugios para conseguir que alguien me cambie la ficha del boliche para ahorrarme los dos pesos y poder volver al día siguiente. Caminar 40 cuadras para no gastar 80 guitas en el bondi, que gran placer! Nunca fui tan dueño de las calles, tan dueño de las noches!
A pesar de muchas cosas jodidas que andaban por esos momentos, no hay forma de que el recuerdo no traiga sonrisas, muchas, una detrás de la otra.
Ahora “voy tratando de crecer y no de sentar cabeza” pero a veces me doy cuenta de que siento cabeza, y vuelvo por un rato. Ya es más ajeno todo. Ahora conocer a los mozos, los barman y los habitués de los boliches ya no tiene tanto sentido. Pasa un poco como en el tango “Acquaforte”: “Hoy puedo ya mirar con mucha pena, lo que otros tiempos miré con ilusión”. Es el paso del tiempo, el cambio en la perspectiva y eso es bueno que sea así, de algún modo.
Ahora voy de vez en cuando y todavía me encuentro con gente de aquel entonces. Me gusta que así sea. También disfruto de haber visto tantos cuadros de transformismo de la Solá, la Divina Bijou, la Liza, Walter Soares, la Guadalupe, la Lynch… uf! Cuanto y creo que no lo supe apreciar bien, sin embargo me enorgullece saber que cuando quise conocer este mundo lo encaré por ese lado, por la manifestación de la belleza.
Cada vez que salgo de Buenos Aires siento esa avidez por recorrer el circuito gay del lugar donde vaya (Rosario es la ciudad que mejor lo sabe). Me resulta cautivante saber todo un recorrido nuevo por hacer y descubrir la forma de ampliar ese mapa que un día se desplegó para aprender a sentir, a querer.
Que bueno seguir teniendo ganas! Que bueno haberme acelerado! Que bueno que me haya tirado en tantas plazas y esquinas de la ciudad con mi cajita de vino! Como dice Luis Eduardo Aute: “Reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo”…


TODAVÍA ME EMOCIONAN CIERTAS VOCES…