martes, 30 de diciembre de 2008

De puño y letra II


Luego de tantas páginas escritas y compartidas, de tantos comentarios y debates reviso, evoco, releo, quizás hago un balance y pienso que sería injusto, o al menos parcializado, decir que el eje de este blog es sólamente la temática gltb.
Yo no sé si uno puede escapar de la cultura en la que vive, tampoco creo (al menos a priori) que escapar de ella sea lo mejor que podemos hacer. Si pienso, que esta proliferación del copy/paste, promovida un poco por internet, es una forma de ¿comunicarse? que no permite acumular conocimiento. Es la información por la información misma. Es el borramiento de la subjetividad porque nunca se elabora nada. Y quizás por eso es que el eje de este blog también sea la palabra. La palabra como tema, como forma, como medio, como contenido, como apropiación, como recipiente, como invitación, como incitación, como parentesco, como enlace, como posibilidad, como apertura, como posición, como corrimiento, como intención, como construcción humana que exige pero que otorga.
La construcción gltb es en mucho palabra, es la superación de un silencio, de lo impronunciable. Por eso este blog elige la palabra. Por eso este blog también recoge música, autores y voces hechas canción. El lenguaje es una materialidad que se ofrece múltiple y debe ser tratado como tal, para ser múltiples, para no estar vacíos, carentes de sentido, para recuperar lo artesanal y construirse en discurso compartido.
Y porque el discurso compartido es la finalidad, elijo poner a disposición las frases de otros autores que quise destacar durante el 2008 para que todos los que pasen por aquí elijan y voten la que más les guste. Gracias por sus palabras, hacen muy bien!!


1) “Quiero tiempo, pero tiempo no apurado, tiempo de jugar, que es el mejor. Por favor me lo da suelto y no enjaulado adentro de un despertador” María Elena Walsh

2) “Ya comprendo que en la vida se cuidan los zapatos andando de rodillas” Homero Expósito – Héctor Stamponi

3) “Cierto que hay muchas cosas que se pueden olvidar, pero algunas son olvidos y otras son cosas nomás” Alfredo Zitarrosa

4) “No eches en la maleta lo que no vayas a usar, son más largos los caminos pal que va cargao de más” Alfredo Zitarrosa

5) “Buenos Aires, para el alma mía no habrá geografía mejor que el paisaje de tus calles, donde día a día me gasto los miedos, las suelas y el traje" Eladia Blázquez

6) “Por el cielo andarán otros pájaros, éste se queda acá” Silvina Garré

7) “Dice mi pueblo que puede leer en su mano de obrero el destino y que no hay adivino ni rey que le pueda marcar el camino que va a recorrer" Alfredo Zitarrosa

8) “Absurdo suponer que el paraíso es solo la igualdad, las buenas leyes. El sueño se hace a mano y sin permiso, arando el porvenir con viejos bueyes” Silvio Rodríguez

9) "Y en el claro perfil de tu nombre aprendió mi sangre a nombrar el amor" Jorge Milikota

sábado, 20 de diciembre de 2008

María Elena Walsh - El sol no tiene bolsillos



HOMENAJE BIOGRAFIADO A MARÍA ELENA

“El sol no tiene bolsillos, la luna no tiene mar...

¿Por qué en un mundo tan grande habrá tan poco lugar?"

Tal vez esa pregunta haya sido el fundamento, el motor que explica el sentido que guía su vida y que motiva su impulso creativo. Tal vez así se explique su necesidad de abrir espacios. O tal vez sea un poco por salvación y otro poco como una forma de sabiduría ética, recogida de la experiencia y desparramada en amor fraterno. Quizás ese fue el afán que llevó a María Elena a partir de aquel Ramos Mejía, donde "había un cielo entero por donde navegaban las hamacas", para construir caminos en los recovecos más despretigiados por el esnobismo cultural.
Con sólo 17 años publicó “Otoño imperdonable” su primer libro de poesías, que fue aplaudido por los más selectos círculos literarios y que le valió la posibilidad de viajar a los Estados Unidos para formarse junto a Juan Ramón Jiménez. María elena se sintió ahogada, un poco por la convivencia y otro poco por el peso de las formas de creación establecidas. El canon poético y la "alta cultura" esperaban algo de ella, que no era ella misma. Tras su mala experiencia vuelve al país, pero ella ya tenía 20 años y las presiones del entorno se hacían sentir para que cumpliera con los pasos que obligatoriamente debía seguir una mujer. María Elena eligió no casarse.


En 1952 en las calles de Ramos Mejía, su ciudad natal.


Tras una amistad por correspondencia con Leda Valladares, se conocieron en Panamá y viajaron juntas en el “Reina del Pacífico” a buscar otros horizontes en la promisoria París. Pero durante la travesía océanica, dos mujeres sellarían su amor en coplas, zambas y bagualas y formarían un dúo emblemático: Leda y María. María Elena, qué había sido aceptada por poetas como Pablo Neruda, ahora elegía el cancionero tradicional y anónimo del Noroeste Argentino para expresarse a viva voz.
El humilde “Hotel du Grand Balcon” las recibió y el camino recorrido por los escenarios franceses les valió el contacto con grandes músicos de la historia mundial como Violeta Parra o Charles Aznavour y una buena cosecha de discos. Sin embargo, cuando quisieron sumarse al proyecto de Alan Lomax, que recopilaba música folklórica tradicional del mundo, fueron rechazas por su tez blanca y su aire intelectual y europeizado. Así, Leda y María se encontraron con el encorsetamiento de un mundo que nunca acababa de abrirse. Y probaron suerte en la Argentina, que no fue la excepción, pues, según declaró la propia María Elena a Alicia Dujovne, en aquella época sólo había espacio para cuartetos de hombres con bigotitos y las más edulcoradas formas del folklore industrializado.
Leda y María dan un vuelco como dúo y la década del 60 las encuentra presentándose con “Los sueños del Rey Bombo”, “Doña Disparate y Bambuco” y “Canciones para mirar”. María Elena, para el desconcierto de muchos, comenzaba a transitar ahora una de las zonas más menospreciadas por los mentores de la “alta cultura”. Como si el canto popular no hubiera sido poco, se atrevía a refundar un género siempre considerado menor y relegado a los discursos didácticos y moralizadores. Pero la generosidad de su talento puso a la familia Polillal a balconear en los bolsillos para cerciorarse de que la conservadora señora Naftalina no se avecine. Y nos regaló a todos una treintena de canciones y un puñado de libros que nos harían más libres. Y de una buena vez pudimos caer para arriba, comprarnos todo lo que cabe en los espejos y conocer a una mona que es reina. Y todo engalanado con los más bellos ritmos folklóricos tradicionales.



En 1952 junto a Leda Valladares durante una presentación en la televisión francesa.


Pero por ese afán de espiar siempre por un ojal, María Elena eligió seguir su camino por otros senderos, tal vez percibiendo que ella misma podía convertirse en cánon. Y quizás por este motivo y por su forma apasionada de entregarse al amor, fue que, tras conocer a María Herminia Avellaneda, se nutrió de sus formas expresivas (tal como lo había hecho antes con Leda Valladares) y comenzó a mostrar su talento en cine y televisión. Estos trabajos se combinaron con sus últimas producciones infantiles y con los primeros entre una preciosa colección de discos “para grandes”. Los resultados fueron muchos y el largometraje "Juguemos en el mundo" de 1971 y un nutrido repertorio que le valiera el sobrenombre de “la juglaresa”, alcanzan para dar cuenta de una de las fases más prolíficas de su trayectoria. El “Cancionero contra el mal de ojo” regaló himnos como “Serenata para la tierra de uno”, “Como la cigarra” o “Canción de caminantes”, por sólo mencionar algunos.

En 1971 durante el rodaje de "Juguemos en el mundo" en la ciudad de Pasteur.

En 1971 durante el rodaje de "Juguemos en el mundo" con María Herminia Avellaneda.

En 1978 presentándose por última vez como cantante con el show "¡Chau ejecutivos!" en el Auditorio Bauen


La enfermedad cerró el ciclo de la canción y se inició un nuevo párrafo para María Elena. Los años 80 la encontraron luchando por su vida y tuvo que afrontar una larga rehabilitación para superar un cáncer óseo. Pero el amor incondicional de Sara Facio, según declaraciones de la propia María Elena, fue el apoyo y la fortaleza necesaria para salir adelante del mal trance, que le dejó como saldo varias complicaciones motrices. Sin embargo, durante estos años dejó espacio para su creatividad e hizo innumerables participaciones en la prensa, publicó varios libros para niños y hasta incursionó en nuevos géneros como su primera novela “Novios de antaño".


En 1990 festejando sus 60 años con Quino, Carmen Rovira, Irma Costanzo, Sara Facio y Gabriela Massuh

Durante la década del 90 en su biblioteca.


María Elena significa un sueño individual que se proyecta y se multiplica como el amor libre, hasta todo aquel que quiera y pueda recibirla. Y del mismo modo que regala “flores cuadradas”, "cisnes que ladran" o que logra que dos y dos sumen tres, sus 78 años la encontraron dando otro paso adelante en su historia y en su tiempo. Con la sobriedad victoriana que la caracteriza y poniendo el tema como uno más entre todas las formas que tiene de acercarse a su gente, María Elena abrió las puertas de su barco quieto y testimonió sus historias de amor lésbico con Sara, Leda y María Herminia. Es la segunda mujer pública de la argentina que lo hace.
Y yo, que disfruto de su obra y su talento, escribo este humilde texto que es mi buen modo para abrazarla, homenajearla. Porque al conocer algo de su vida puedo comprender su coraje tan mujer, sus búsquedas y también puedo admirarla al comprobar que, al igual que la Juana, María Elena "cuando tiene techo y pan, también quiere la ventana”.


En 1947 mirando por la ventana de su casa en Ramos Mejía.


SOBRE EL DISCO

Tal como detallé en el relato de la biografía la canción “El sol no tiene bolsillos” encierra una pregunta que me parece clave para comprender la figura de María Elena Walsh. Por este motivo elegí el LP homónimo, editado en 1971. Este disco Cuenta con arreglos y dirección de Mario Cosentino, quien acompaña a María Elena junto con su orquesta. Entre los temas más destacados cabe mencionar el emblemático “Vals municipal” que, como una sucesión de postales, es una declaración de amor a Buenos Aires.















Lista de temas:

01 – El sol no tiene bolsillos (María Elena Walsh – Mario Cosentino) Balada
02 – Vals municipal (María Elena Walsh) Vals
03 – Magoya (Héctor Stamponi – María Elena Walsh) Tango
04 – Oración a la justicia (María Elena Walsh) Balada
05 – Si se muere la zamba (María Elena Walsh) Zamba
06 – The Kana (María Elena Walsh) Fox
07 – Balada de la mariposa (María Elena Walsh) Balada
08 – Balada de Comodus Viscach (María Elena Walsh) Balada
09 – Campana de palo (María Elena Walsh) Milonga
10 – ¿Dónde están los poetas? (María Elena Walsh – Mario Cosentino) Balada
11 – Taximetrero (Héctor Stamponi – María Elena Walsh) Tango
12 – Cantar canciones (María Elena Walsh) Balada


Descargar el disco

domingo, 2 de noviembre de 2008

XVII Marcha del Orgullo



El sol estaba firme en el cielo de Buenos Aires. Parecía querer verlo todo, querer participar de la fiesta que se desarrollaba en la plaza. Es que miles de vidas, miles de historias, miles de cuerpos y sentires son demasiado para una sola tarde. Es que, además, los trajes que llevaban los más osados estaban hechos con tanto esmero y eran tan lindos, que el tiempo para disfrutarlos siempre parecía breve.
Una fila de camiones esperaba la salida de la marcha en la vereda opuesta a la catedral, que estaba protegida con creces por las fuerzas del "orden público", ese “orden” que cercena, discrimina y oprime la libertad y la felicidad de las personas. Pero la plaza toda era resistencia. Porque era vida y era toda color, porque era toda pueblo y estaba llena de miradas, de cruces, de saludos, de voces, de besos, de graffittis, de puestos de feria... Y era más colores, más y más colores...



Uno a uno los camiones inauguraron su paso ofreciendo sus consignas, sus propuestas, su música a todo volumen y sus ocasionales bailarines. La multitud avanzaba y se reacomodaba según sus preferencias rítmicas, según el pulso que quería latir esa tarde. Algunos iban directo a la música electrónica. Otros preferían la tamborileada de los grupos uruguayos o disfrutar de una banda de percusión y vientos que interpretaba en vivo cuartetos y música del Brasil.


Lentamente la marcha se desparramaba por la clásica Avenida de Mayo. El sol, que asomaba entre los viejos árboles, quería quedarse hasta el final, quería verlo todo, quería participar y estar ahí. Pero era tanta la gente, tantos los saltos, los gritos, los sudores... Era tanto lo que había que decir en palabras, con el cuerpo, con la mirada, con los colores que el día no era suficiente y la noche recibiría, indefectiblemente, su participación en la velada. Y fue cruzando la Avenida 9 de Julio donde me encontró la luna, mientras yo le sacaba fotos a la Eva Perón trans de la Agrupación de Putos Peronistas, mientras en su camioneta sonaba la consabida marcha. Y a lo lejos se veía gente que todavía estaba saliendo de la plaza y globos que volaban por el aire. Y escurrirse entre los camiones era sinónimo de encontrar otros climas, otras formas de bailar, distintas alegrías compartidas con caras extrañas, con caras conocidas, con amigos, con amor.


El escenario en la Plaza de los Dos Congresos lucía una versión gigante del afiche de la marcha. Daisy May Queen y Mosquito Sancinetto fueron los encargados de conducir un acto de cierre acotado, conciso. El tiempo justo para decir lo que era urgente, lo que era importante, lo que nos convocaba. La lectura de consignas y adhesiones abrió el juego y dio paso a los abucheos y los reconocimientos del año. Valeria Mazza por sus declaraciones homofóbicas y fascistas y por ser “modelo” de un canon de belleza excluyente y degradante para la mujer fue repudiada con la mayor vehemencia de la noche.
Dos números artísticos fueron suficientes para dar paso al cierre de la jornada de la mano de Leo García, que entonó los versos de “Puerto Pollensa” de Marilina Ross, entre otros temas de su autoría. La canción que, allá por 1982, instaló culturalmente la idea de visibilidad, fue coreada por miles de voces. Los gorditos de gafas siguen necesitando lentes. Miopes, son incapaces de ver el camino construido sin claudicaciones. La plaza, repleta de colores llamativos (esos que no pueden dejar de mirarse), ofrecía generosa: amor, dignidad, respeto e identidad.
La visibilidad es la convicción y el “Soy lo que soy” final volvió a ratificar que estamos acá, que seguimos caminando, creando, construyendo, trabajando y celebrando lo diverso entre las estrellas y los fuegos artificiales. Y “la actitud de identidad más definida”cobró sus trazos y se volvió reconocible en los pasos dibujados por nuestros pies, siempre ansiosos de futuro, siempre honrando la vida.

lunes, 20 de octubre de 2008

¿Qué es la marcha del orgullo?


Es cuestión de atarse bien las zapatillas y salir caminando. Es dedicar una tarde en el año, tomarla, regalársela a uno mismo y a los demás. Es llenar las calles de vida. Es encontrarse con amigos, con gente querida. Es divertirse y ver las calles mucho más coloridas de lo que estamos acostumbradxs. Es respirar un aire mucho menos viciado. Es tomar conciencia de que el camino es difícil pero, también, es reconocer que es menos complicado de lo que unx cree mientras permanece encerradx. Es bailar y saltar por horas y horas. Es disfrutar la panorámica de los generosos cuerpos de las queridas travas. Es, sobre todo, un acto político y humanitario importante, fundamental. Es dejar un paso más atrás los descalificativos que nos dirigen día a día. Es darse cuenta de que si uno está feliz de lo que siente tiene sentido compartirlo con los demás. Es poner un poco de luz solar a algunas de las zonas más oscuras y tristes de nuestra persona. Es hacer que la plaza popular sea de todo el pueblo porque es construir pueblo, es ser pueblo y caminar con, por y para el pueblo. Es seguir bailando y gritar a viva voz. Es sacudir lo que pesa y alivianar las verdades. Es proponer otras voces y articular nuevas palabras. Es hacer justicia. Es construir ideas y cuerpos diferentes. Es cantar "Soy lo que soy" agarrados de las manos y sentir que miles de personas pueden sumar sus voces. Es abrir puertas. Es escribir la historia. Es emocionarse hasta las lágrimas, por risa o por llanto, pero hasta las lágrimas. Es sentirse acompañadx. Es una verdadera fiesta. Es una obra de miles que miran el futuro. Es una obra de miles que miran el pasado. Es un camino que voy a seguir andando. Es articular soledades y ser cada unx un ser diferente. Es volver a casa con nuevas preguntas en la cabeza, es decir, con nuevos motivos para seguir buscando. Es un buen beso en la boca de la gente más querida. Es todo lo que cada unx pueda ver, construir, pensar y sentir. Es todo lo que nuestra historia nos permita crear y creer. Es cuestión de tomarse el bondi y encontrarnos en Plaza de Mayo. Es cuestión de animarse, para comprobar que la sensación de libertad que se siente al estar ahí es mucho más fuerte que el miedo que te hacía mirarla por Crónica TV. Y es, también, seguir bailando porque, como dice la canción, “bailar es soñar con los pies".

miércoles, 8 de octubre de 2008

Renato Russo


Carlos tenía un blog titulado "La música que escucha Carlos" donde compartía discos. Él me escribió diciéndome que le resultaba interesante la forma de construir subcultura gay que yo propongo desde este blog y me dijo que le encantaría ver publicado aquí a Renato Russo, un músico brasileño y gay a quién considera afin con la estética y los contenidos de este espacio. Como yo no lo conocía a Renato (y aún estoy en proceso de hacerlo), le propuse que me mande la info y arme él el post, que yo lo publicaba, porque entiendo que toda propuesta cultural diversa tiene que nutrirse de otros puntos de vista. Aquí el post que me mandó Carlos y dos discos de Renato: "The Stonewall celebration" y "O último solo".



Sobre Renato Russo

Renato Manfredini Junior nació el 27 de marzo de 1960 en Humaitá, Zona sur de Río de Janeiro. Hijo de padre economista del Banco do Brasil, y de madre profesora de inglés, Renato creció en una familia de clase media alta, donde pudo adquirir una buena formación cultural. A los siete años de edad, "Juninho", como era llamado en aquel entonces, se trasladó a Nueva York, donde aprendió a hablar perfecto inglés.
Después de retornar a Río de Janeiro, la familia se instaló en Brasilia. Allí comenzaría la fase más traumática hasta entonces ya que en 1975, con 15 años de edad, Renato sufrió de una extraña enfermedad que atacaba los huesos y lo dejó imposibilitado de caminar. Pasó por diversos tratamientos y operaciones quirúrgicas. Volvería a caminar a los 17 años.
Durante estos años, Renato aprovechó el tiempo para leer y hasta inventó una banda ficticia en la cual el cantor se llamaba "Eric Russel". El sobrenombre artístico era un homenaje colectivo al filosofo Jean Jacques Rousseau, al pintor naif Henri Rouseau y al filosofo Bertrand Russel. Este mezcla filosófica y artística daría origen al "Russo" del Renato.
Tiempo después, el futuro músico sería profesor de inglés, programador de radio y periodista. Por aquellos años, además, se juntaba con un grupo de jóvenes que se reunían bajo el nombre de la "pandilla de la colina". Ellos representaban un enclave de libertad en una Brasilia sombría ya que diversas bandas de punk rock surgían de este núcleo cultural.
Influenciado por Génesis, Yes, Beach Boys, Jefferson Airplane, Bob Dylan, Leonard Cohen, Sex Pistols, The Clash y Eddie And The Hot Rods, Renato, que aún no se llamaba Russo, formó "Aborto Eléctrico", banda que llegó a tener cierta repercusión en Brasilia. Él tocaba el bajo, Fê la batería y André se ocupaba de la guitarra y la voz.
Renato se manifestó siempre beligerante contra la falta de ética, los prejuicios y las injusticias, temas que, sin ser panfletario, abordó durante sus trabajos.
En 1982 formó la banda Legión Urbana, en la que permanecería hasta su muerte en 1996. Un día de 1984, una noticia conmovió a su público: "Renato Russo se había cortado las venas". A pesar de las sospechas de un intento de suicidio, el implicado insistía en aclarar que había sido un accidente. "Me corté las venas pero no para matarme ni para nada. Fue un juego, y yo estaba bebido", explicaba el joven, que había perdido alguna movilidad en la mano y no podía tocar el bajo durante algún tiempo.
En 1988, alegando no poder engañar más a su publico, Renato Russo hizo su coming out en los medios de comunicación, aunque previamente la homosexualidad aparecía camuflada en algunas letras de Legión Urbana, como "Daniel en la cueva de los leones" y "Soldados". "Esto forma parte de mi vida, no es un problema", acostumbraba decir. Y realmente no lo era.
El cantor tuvo dos grandes pasiones. La primera surgió en 1990, cuando conoció en un bar de Nueva York, al americano Robert Scott. La relación duró dos años y el muchacho llegó a convivir con Renato en Río de Janeiro.
Tras la separación, Renato estaba muy deprimido y tuvo problemas de alcoholismo. En ese cuadro de complicaciones, además, confirma sus sospechas de que padecía del virus del SIDA.
En 1993 inició un tratamiento para librarse de las drogas y para salir de la depresión, grabó en 1994 el disco solista "The Stonewall Celebration Concert", en el cual interpretaba canciones populares americanas. El álbum, además, conmemoraba los 25 años del surgimiento del movimiento gay en Estados Unidos.
La otra pasión de Renato fue el joven carioca Cristiano, un muchacho de la periferia con quien se relacionó hasta mediados de 1995. La ruptura ocurrió durante la grabación del disco "Equilibrio distante". Este trabajo es uno de los más premiados y consiste en un homenaje a la colonia italiana de donde eran sus bisabuelos que habían llegado al Brasil como inmigrantes.
A comienzos de 1996, comenzó a tener serios problemas de salud que perjudicaron los trabajos del álbum de estudio de la Legión "La tempestad" (o "El libro de los días"). Renato se encerró en su apartamento tras la conclusión del álbum, y allí fue donde falleció en octubre del mismo año por las complicaciones del SIDA.
En 1997 salió el album "O último solo", que trabajo contiene canciones que ya había grabado y, por diversos motivos, no fueron incluidas en otros álbumes.

The Stonewall celebration concert (1994)













Lista de temas:

01 - Send in the clowns
02 - Clothes of sand
03 - Cathedral song
04 - Love is
05 - Cherish
06 - Miss Celie's blues
07 - The ballad of the sad young men
08 - If I loved you
09 - And so it goes
10 - I get along without you very well
11 - Somewhere in my broken Heart
12 - If you see him, say hello
13 - If tomorrow never comes
14 - The heart of the matter
15 - Old friend
16 - Say it isn't so
17 - Let's face the music and dance
18 - Somewhere
19 - Paper of pins
20 - When you wish upon a star
21 - Close the door lightly when you go



O último solo (1997)













Lista de temas:

01 - Hey that's no way to say
02 - Dance
03 - Il mondo degli altri
04 - Ti chiedo onesta
05 - Lettera
06 - I love you Porgy
07 - E tú come stai
08 - Change partners

sábado, 4 de octubre de 2008

Los sueños incompletos


La casa, como apurada entre preparativos. Horas en la cocina, bolsas repletas de provisiones y esos manteles que guardamos para las ocasiones son el paisaje revuelto entre el ir y venir. El teléfono suena y la palabra “gracias” adquiere una repetición ritual, casi de reverencia y testimonio de vida. Y en el apuro, procesar el tiempo y el contraste entre lo que falta y lo logrado, saber las expectativas y confirmar que el deseo vive. Pero al mirar el reloj, vuelve el apuro y los devaneos existenciales se entregan a la urgencia de limpiar todo, de ordenar todo hasta el último rincón para dar lo mejor de uno. Y otra vez los llamados, lo que guarece. Y con la noche, los amigos se suceden y, con ellos llegan las charlas, las risas y, también, la certeza de que en su presencia estoy yo, mirándome, encontrándome conmigo, disfrutándome mientras cumplo un nuevo año entre sueños realizados e incompletos.


domingo, 21 de septiembre de 2008

Marlene


Como perdido en el tiempo, como escondido en el espacio, un portón bien grande parece atrincherarlo del afuera y un pasillo en penumbras acentúa la distancia entre la calle y su corazón. Marlene parece estar por fuera de toda coordenada y, tal vez esa sea su mayor virtud, a la vez que su más acentuado problema. Un lugar definido por sí mismo, como resistiendo, definido por y para la identidad de su propia gente. Un lugar que, paradójicamente, adopta las formas de la invisibilidad lésbica, aunque se proponga lo contrario y luche por eso. Nada de entradas pomposas, casi sin gente en la puerta. Un timbrecito blanco es la vía de acceso. No parece la entrada de un boliche. No parece querer mostrarse como tal. No parece ser conciente de que se esconde.
Como pueblo chico que es, también es infierno grande y su destino parece ser siempre autorreferencial, como todo lugar casi familiar, si se quiere endogámico y atendido por sus propias dueñas, en un trato casi personalizado. Con clientas habitués y visitantes esporádicos.
La superproducción y la impostación no parecen ni pasarle cerca a Marlene. Mesitas sencillas, decorado austero, una lucecita que anuncia la llegada de las visitas se enciende cada vez que suena el timbre. La barra, poblada de algunos malevos que parecen tantear el territorio, tiene una reja negra, de esas de antes y es, tal vez, su decorado más ostentoso. Los grupos de chicas se suceden, se ubican, se reagrupan. Algunas parecen haber creado una moda de la antimoda. Camisas de jean con ribetes blancos, camperas de cuero con puño o zapatillas blancas cuyo talle 36 parece un 42, dibujan un paisaje de mujeres distintas, de mujeres no aggiornadas. Muchos rulos, algunos flequillos para las más señoritas. Una prolija raya al costado o un revuelto semi casual para las otras.
Muchas veces quise definir el concepto de “tortón patrio”, ese que aprendí antes de conocer al ambiente y no sé muy bien cómo, dónde ni cuándo lo escuché, pero sin embargo sabía perfectamente lo que significaba, sin poder explicarlo. Y hasta el día de hoy no he llegado a las palabras que me permitan escribirlo, pero sin dudas, Marlene es el mejor lugar para ensayarlo. Tortas de todos los colores y tamaños, de todos los estilos.
Siempre me gustaron los lugares de tortas y no sé por qué. Se me ocurre atribuirlo a sus antimodas, a los partidos de truco, a la lucecita que anuncia las visitas o a los partidos de metegol que se armaban en el entrepiso de Marlene hace unos años atrás (en la época en que las paredes estaban forradas de fotos de artistas gltb... extraño tanto esa decoración!). Seguramente lo que me convoca es la cumbia o la capacidad de su disc jockey de elegir pasar esa música que cualquier boliche que se precie de cool desdeñaría sin dudarlo (cuánto ha perdido Bach en este sentido!).
Siempre me gustaron los lugares de tortas, sí. Aunque para los putos que íbamos no fuera más que acercarnos literalmente para bailar o para acompañar a nuestras amigas. Y otra vez las virtudes de Marlene, otra vez las apariencias engañan. En este lugar que parece oscuro, la lucecita se vuelve a encender cuando llegan las visitas. Otra vez no todo es lo que parece y la paradoja de un portón casi muralla que es también una de las puertas más abiertas que he podido experimentar en un lugar para tortas. A los varones no nos hacen falta amigas mujeres que nos hagan las veces de pasaporte para poder entrar. Somos recibidos y bienvenidos por nosotros mismos, por estar ahí, por acercarnos a compartir y con una sonrisa. Lejos de perder la identidad lésbica, la presencia posible y real de varones no hace otra cosa que establecer que un otro no es necesariamente una amenaza y que el límite del respeto se marca con respeto. No es que no haya visto peleas en Marlene, no es que no haya sentido algunas miradas inquisidoras, es simplemente que la propuesta parte desde una perspectiva mucho más abierta y abarcativa. Y eso se nota, aún cuando para entrar al baño de varones tenga que pedir permiso porque está lleno de chicas y también por eso es justamente que se nota, porque por una vez hay un lugar que es para chicas en que el espacio les pertenece y donde mi especificidad de varón me ubica en otro lugar. Porque no es un sinsentido la presencia de un puto en un lugar para tortas, porque no es un sinsentido lo fraterno, porque no es un sinsentido el compañerismo, porque tampoco lo es el otro y el compartir y el conocerse. Porque vale la pena interactuar, porque está bueno bailar con una chica y que ella te guíe los pasos. Porque aunque me gustaría que no fuera necesario semejante portón, me importa mucho más saber que cada vez que llegue voy a iluminar el lugar, aunque sea mientras mi dedo esté presionando el timbre.

domingo, 24 de agosto de 2008

La obra del futuro


Solamente somos un grupo de personas que todavía busca construir la creencia de que el cambio se nutre de la fuerza esperanzadora de nuestros brazos. Ellos son la dinámica de los tiempos y la obra del futuro.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Puedes dejarte el conchero puesto


En un foro de debate e intercambio entre varones gays, un forista abrió el hilo de discusión: “¿Afeminados o masculinos? ¿Cómo te gustan?”. Con el consabido atractivo que ejercen sobre nosotros las opciones (siempre sin grises), muchos fuimos los que votamos. El total de votos, para ser exactos, fue de 526. Lo llamativo, en cambio, son los resultados. Un 96,96% de los foristas optó por los hombres masculinos, es decir, 510 personas, para ser exactos. Sólo 16 fueron los que votaron “afeminados”, representando un 3,04% del total.
La marcada diferencia entre las dos posibilidades entiendo que resulta representativa de una tendencia que es social y que se manifiesta, de este modo, en el colectivo gay: la violencia o fuerza coercitiva que ejerce la construcción del "macho", en un modelo social falocéntrico. Tal es así, que las distintas formas de poder son simbolizadas con la sugestiva forma de un cetro o una espada o la pluma (la que escribe, no la que se revolea).
La organización de nuestra realidad consiste en diversos planos como el político, el económico y las estructuras sociales, entre otros. Dichas estructuras, incluyen, además de los modos de relación (con sus consecuentes jerarquías), los diferentes pactos de significación y representación simbólica colectiva. Estos modos de significar construyen el poder y, a partir de ellos, éste funciona y ejerce su verdadera presión. El resultado es la naturalización de las categorías que impone. El propio significado (siempre una representación imaginaria) se borra a sí mismo. De este modo, construcciones que son sociales y potencialmente modificables, en tanto históricas, se vuelven inmutables.
La educación pública, nacida bajo el lema de la “libertad, igualdad, fraternidad” (ficción burguesa que nos daría a todos similares porciones del poder político, económico y social), es uno de los mecanismos más funcionales a la reproducción del orden imperante en sus distintos niveles. El aprendizaje de la organización política y económica y sus roles, instituciones y modus operandi se incluye en las currículas de Educación. ¿Pero qué pasa con las formas de la organización social? ¿Dónde se establecen esas relaciones de poder? "La familia es la base de la sociedad" repiten las maestras (casi siempre mujeres, claro). Y esa familia luego es dibujada por los niños en sus cuadernos de clases. Papá, mamá y los nenes. En algunos casos el perrito o el gato y la casita de fondo. Felicidad garantizada y el amor, siempre tan “universal”, garantizando las buenas intenciones de la educación.
¿Qué se esconde atrás de esas formas que aparecen en los esquemas de contenidos de la educación de manera tan insistente? La fijación de los distintos roles interpersonales parece materializarse en los garabatos infantiles. Papá maneja, trabaja, mantiene la casa. Mamá, en cambio, prepara la comida, mantiene todo limpio y mira, muy apasionada, telenovelas que apelaban a sus sentimientos y las formas de representación del amor, interés definido como femenino casi por unanimidad. Si bien algunas pautas de este modelo han ido cambiando en estos últimos tiempos, pareciera que, al menos, papá sigue manejando el mejor de los autos que hay en la familia (si hay más de uno) o que mamá usa el auto sólo cuando papá no lo necesita. Además, mamá mira sus novelas en la medida en que papá no haya llegado de trabajar y, siempre y cuando, no haya ningún partido de fútbol, que se impone inexorablemente sobre los gustos de cualquiera. El terreno del trabajo es un poco diferente. Mamá trabaja en casi todos los casos, a veces más que papá, porque, claro, todavía hoy en muchos trabajos a las mujeres se les paga un poquito menos que a los varones. El cambio de estas formas de poder y jerarquía social entre el hombre y la mujer que determinan el patriarcado es paulatino y el hombre no parece del todo dispuesto a entregar la carga de valor simbólico que lleva entre las piernas. ¡Para ser papá y para ser mamá hay que ser de una determinada manera! Y para ser dignos hijos de mamá y papá, ¡también!
La reproducción de los modelos de hombre y de mujer se ejerce y construye desde adentro de la familia. Los varones, luego de ostentar todo tipo de ropas celestes y azules, son anotados en escuelas de fútbol y demuestran sus “huevos” a través del deporte. "¡Qué salvajes estos chicos! ¡Qué vagos!". Las nenas, por el contrario, tienen inmediato acceso a todos los elementos necesarios para ser mamá: bebotes, ollitas de todos los tamaños y formas, kits para jugar a la maestra y un acceso más limitado a los deportes que, por supuesto, no incluye el fútbol. La formación de nenas y varones, con sus variantes, tuvo su basamento en las formas de la organización familiar. Esto logró cierta perpetuidad de estos modelos a través de las décadas, que sólo van variando a fuerza de lucha.
Si bien el gusto es, ante todo, una categoría subjetiva, está demostrado que hay también un entrenamiento y formación del mismo. No es producto de la “tan sensata naturaleza” el hecho de que a un gran porcentaje de las mujeres les “gusten” las novelas rosa. Tal es el caso de que al 99% de los hombres les "atraiga” tanto el fútbol. Es evidente que la educación y la exposición a determinado tipo de espacios favorece la “predilección” o, mejor dicho, construye una imposición bajo el sutil disfraz de lo "elegido".
Las significaciones sociales sobre un varón deseable o sobre una mujer deseable se enseñan a los niños desde bien chiquitos. Los cánones de belleza masculina (flaco, rubio, sin nariz grande, blanco, de ojos claros, canchero, hábil para el deporte) y femenina (muy flaca, bien rubia, nariz pequeña, blanca pero tostada por el sol, de ojos claros, canchera pero menos que él, poco hábil para el deporte) se incorporan de este modo. Luego los reproduciremos con iteración. Esto constituye la ficción más grande de nuestro sistema. Creemos elegir lo que nos viene impuesto. Asumimos como propias categorías que nos enseñaron como tales.
La imagen del gay y la lesbiana no responde a estas enseñanzas “tan bien” impartidas. La loca, tan femenina, a veces conventillera, torpe para el deporte, maltratada por los pares, sensible (aunque generalmente un poco víbora), no goza de la mejor reputación entre las formas de significación social. Nadie que haya aprendido bien lo que es un hombre "como Dios manda" o "como papá y mamá esperan" podría depositar su gusto en un especimen feminoide de estas características. La reproducción de este modelo entre los varones gay es una demostración contundente de homofobia interna. Homofobia aprendida, que ni siquiera se ve como tal. Frases como "para estar con una loca, entonces me voy con una mina" avalan estas afirmaciones. Los hombres son hombres "hechos y derechos" para el 96,96% de los varones gay. Nadie parece notar que si un hombre está "hecho" es porque entonces puede “hacerse” y, lo que es mejor, “deshacerse” o “rehacerse” o “inventarse” de mil modos. Nadie parece querer un “torcido”. Los perfiles de los usuarios de cualquier página de contacto entre varones gays (ratificando lo que pasa en el foro) insisten en buscar sexo “entre machos”, en tener “cero plumas” y, por si quedan dudas, autodefinirse como "onda nada que ver". Algo así como: "somos putos pero no somos putos", "somos putos pero lo queremos borrar a cero", "somos putos pero no nos bancamos ser putos", "somos putos pero mirá que somos hombres hechos y derechos", "por favor, somos putos pero no nos parecemos a esas locas abominables", "sí, ya sé que somos putos... pero te juramos que ni lo parecemos”, “somos putos pero no nos queda otra”.
Lo irreverente de ser puto o torta y que se note tiene que ver con poner en duda estos modelos tan fijos y tan instalados, incluso dentro del propio colectivo gay/les. Una propuesta muy interesante, en este sentido, es la que hacen las chicxs de la “Asociación Argentina de Chongos”. Haciendo gala de sus ganas de ser y manifestarse simplemente como les place, proponen revalorizar esas características que, puestas en una mujer, son desdeñadas sistemáticamente. Encontrarse con los propios costados masculinos y femeninos, en interacción y resignificados es fundamental para poder saberse un lindo varón que revolea las caderas al caminar, o saberse una linda mina que, en vez de revolear las caderas, tiene una notable cadencia en sus hombros. Cuando las chicas que así les plazca puedan ponerse las canilleras, tanto como los varones podamos llevar con orgullo los concheros, entonces estaremos proponiendo modelos más abiertos para desasirnos de una de las formas más crueles de sujeción (sino la más) de nuestra cultura.

viernes, 8 de agosto de 2008

Silvina Garré en El Condado el 27/11/2004


Silvina Garré es una de las cantautoras más representativas de la música argentina, que alcanzó un brillo de particular popularidad durante la década del 80, consolidándose como una de sus figuras más emblemáticas. Su horizonte creativo abarca ritmos como el folk, el folk rock, el pop y la balada. Cultora de la música del Brasil en la Argentina, Silvina es una de las intérpretes predilectas de Caetano Veloso, quien le dedicó su libro "Verdade Tropical" por considerar que es quien mejor canta sus canciones. Representante femenina de la Trova Rosarina, desembarcó en Buenos Aires en 1982 de la mano de Juan Carlos Baglietto y acompañada por Fito Páez, Rubén Goldín, Sergio Sáinz, Jorge Fandermole y Adrián Abonizio, entre otros. El aporte estético de este grupo de músicos de Rosario fue tan notorio que no tardaron en proyectarse en forma solista y consolidar trayectorias individuales.
La carrera artística de Silvina Garré incluye doce registros discográficos, de los cuales nueve fueron realizados como solista, uno a dúo con Juan Carlos Baglietto y otros dos como miembro de la Trova Rosarina. Además, publicó en 1993 su –hasta el momento- único libro de poemas “Pena Privada”, con la intención de plasmar sus escritos en un formato más libre que la canción.
Actualmente, es inminente la edición de su última placa “Canciones sin tiempo” en que redescubre lo más clásico de su repertorio en nuevas versiones, acompañada de su banda y el aporte de un cuarteto de cuerdas. Entre los temas más representativos cabe mencionar “Diablo y alcohol” (registrada recientemente por Ricardo Montaner en el álbum “Las mejores canciones del mundo”); “En blanco y negro (Buenos Aires)”; “Para hablar de mi amor”; “Casi una zamba” o “Canción del pinar” del rosarino Jorge Fandermole.
Silvina es una artista versátil que reconoce entre sus influencias a Joni Mitchell, James Taylor o los argentinos Charly García y Luis Alberto Spinetta, entre otros. Sus composiciones están dotadas de ricas metáforas e imágenes que, lejos de lograr un lenguaje artificioso, recaen en un uso sutil y delicado de la palabra, que se convirtió en su sello personal.
Un paréntesis musical de doce años separó su álbum “Nuestro lenguaje sagrado" de 1995, del esperado “El deseo” editado en 2007. Sin embargo, durante esos años de ostracismo, Silvina no permaneció inactiva y se graduó como psicoanalista. Asimismo vivió en la ciudad de Miami, donde compartió su experiencia artística con numerosos músicos de la escena latinoamericana. Con presentaciones esporádicas en diversos puntos del país, mantuvo el contacto con su público y formó su actual banda de la mano de Diego Clemente y el grupo NAN. Con estos músicos, fue depurando lo más nuevo de su repertorio, que ya fue aplaudido por el público y la prensa especializada.
Como representante de la música argentina, Silvina se integra a las grandes voces latinoamericanas, con quienes comparte el canto como profesión cuyo principio fundamental es la búsqueda de la belleza, sostenida por la ética del arte responsable y creativo. Es por este motivo, que en 1988 Mercedes Sosa la convoca a participar del espectáculo "Sin fronteras" realizado en el estadio Luna Park junto a artistas de la talla de Beth Carvalho, Amparo Ochoa, Lilia Vera y Teresa Parodi, además de la propia Sosa.
Enumerar estos aspectos de su trayectoria es sólo una forma de aproximarse a la figura de una artista que sólo se puede conocer de manera integral abordando sus canciones, ya que, fiel a sus principios, nunca trabajó de personaje y se mantuvo lejana de ciertas frivolidades del medio artístico. Con la energía depositada en su talento y en la magia de su voz, la experiencia de escuchar a Silvina, es la comprobación de que todo buen arte se logra con talento, pero además hay que asumir una ética y un proyecto cuyos valores expresa ella misma de la siguiente manera: “yo trato de no perder el horizonte. Yo todos los días de mi vida trato de tener buena memoria en relación al por qué estoy en esto. Y estoy en esto de la música para expresar lo que siento y no traicionarme. Para compartirlo con otros, representar a otros. Porque pienso que, a veces, represento y digo cosas que otro quisiera decir. Y eso acerca la gente a mi música... Pero, fundamentalmente, lo hago para expresarme y para lograr una comunión afectiva con los demás. Y eso no hay que perderlo nunca de vista. Ni por todo el oro del mundo...” (Mina de Rock de Karim González, Entrevista a Silvina Garré, Editorial Atuel, 1997).

SOBRE EL DISCO

Estos audios fueron grabados por mí en una presentación de Silvina en "El Condado" el día 27 de noviembre de 2004. Fueron tomados con grabador periodista, son de aire, por lo tanto el sonido no brillante, pero sí audible. Si bien están contaminados por cierto sonido ambiente, algunas voces alrededor que cantan las canciones o susurros. Me parece que estas interferencias (que no llegan a invadir totalmente la expresión de la cantante) invitan al oyente a participar, como uno más del concierto.
Este recital fue muy particular en cuanto al repertorio que Silvina eligió, lo cual se refleja en la cantidad de temas inéditos que contiene el registro. Lo más interesante para destacar es que, además de reflejarse a la Silvina creadora, puede comprobarse cuáles son sus influencias, cuáles son los temas que ella misma escucha y gusta transmitir. Además, temas que van desde Frank Sinatra, a Elis Regina, pasando por Alison Krauss, Vinicius de Moraes o el rosarino Jorge Fandermole, son el mejor ejemplo de la ductilidad artística e interpretativa de Garré.
Respecto a su trayectoria, esta presentación demuestra una fase inicial al trabajo que encaró con su álbum “El deseo”. Acompañada por Marcelo y Alejandro Devriés y Diego Clemente, todavía no había formado su actual banda, con quienes registrara sus últimos discos. Asimismo, esta grabación es un aporte para comprobar cómo fue la evolución artística de Silvina durante sus doce años de ostracismo.

Lista de temas:

01 - Quien quiera oír que oiga (Eduardo Mignona - Litto Nebbia)
02 - Otros pájaros (Silvina Garré)
03 - Casi una zamba (Silvina Garré)
04 - Mon amour (Nilda Fernández)
05 - Monedas al aire (Carlos Varela)
06 - The way you look tonight (Frank Sinatra)
07 - É com esse que eu vou (Pedro Caetano)
08 - Tarde em Itapoã (Toquinho - Vinicius de Moraes)
09 - Dondequiera que esté (Silvina Garré)
10 - I will (Alison Krauss)
11 - Solamente una vez (Agustín Lara)
12 - Hasta quebrar (Silvina Garré)
13 - É com esse que eu vou (Pedro Caetano)

Músicos: Alejandro Devriés (teclados), Marcelo Devriés (guitarra), Diego Clemente (guitarra, percusión y accesorios).

Bajar el disco


Para visitar a Silvina en la web y conocer más sobre su trayectoria pueden dirigirse a:

Sitio oficial de Silvina Garré
Sitio de fans de Silvina Garré
Myspace oficial de Silvina Garré

domingo, 20 de julio de 2008

De putos, traviesas, maricas y tortilleras


El modelo socioeconómico capitalista occidental organiza sus relaciones sociales sobre la base de la institución de la familia y el matrimonio. Por lo tanto, gays, lesbianas, travestis, trans y bisex no pueden encuadrarse dentro de dicha organización. En consecuencia, surgieron dispositivos de persecución hasta la negación de la otredad y la diferencia. El lenguaje fue fue uno de los vehículos de dominación más fuertes imprimiendo a las palabras que nos designan cargas peyorativas ancestrales. Así, somos putos, tortilleras, maricas, travas, invertidos, marimachos, etc.
La articulación del movimiento gltb en dispositivos militantes, como la marcha del orgullo y diversas organizaciones en todo mundo, ha logrado, sin embargo, notables reconocimientos sociales y civiles que llegan hasta el matrimonio pleno y la adopción. Pero también ha demostrado una conquista que nunca parece resolverse del todo, dejando espacio a una tensión fundamental de la problemática gltb. ¿Cómo son los modos de integración? Una nueva palabra “gay” recorrió el planeta luego de aquel Stonewall norteamericano y pareció instalarse como la nueva categoría del homosexual a nivel global. Pero cuando decimos gay, ¿qué decimos? Decimos alegre y también designamos a un homosexual que se autopercibe como tal y que funciona dentro del modelo social occidental. ¿Un gay debería “integrarse” a ese modo de organización social capitalista basado en instituciones como la familia?
Las palabras puto, marica, tortillera, marimacho, torta, trava y demás adjetivos descalificativos parecen ser mucho más injustos a la hora de designarnos. Pero ¿no se encuentra justamente ahí el espacio donde se demuestra que esa integración nunca es plena? Si asumimos estas palabras como propias contribuimos a repensar los modos en que se ha instalado lo queer en la sociedad y también encarnamos, en la forma de autopercibirnos, cuáles son las luchas y cruces que se producen a nivel social. Designarnos sólo como “alegres”, conlleva una imagen mucho más próxima a la del homosexual blanco, de clase media, con un buen pasar económico y que basa su integración a las sociedades capitalistas en la participación en un mercado que le ofrece espacios determinados de circulación y consumo.
Replantearnos las palabras será, luego, replantearnos la forma de construir nuestra identidad. Será también asumir la lucha como marca histórica de nuestro posicionamiento y también abrirá el espacio requerido para la búsqueda por un reconocimiento social que no se base en formas de integración impulsadas por estrategias de mercado.
Putos, maracas, tortilleras, travas, tortas, maricas, maricones, binormas, bomberos, camioneras, traviesas, invertidos, desviados, perversos entre otras son muchas de las posibles brechas que tenemos para reconstruirnos a la hora de repensar nuestra identidad colectiva.




Fuente de las imágenes: Homoxidal 500, Nº 1 & 2.

lunes, 14 de julio de 2008

Fotos viejas


Las fotos eran viejas, muy viejas. Algunas de hace más de 50 años. Y las caras eran otras. Posaban como si la foto fuera un verdadero evento, un logro de la técnica que no era tan usual conseguir. Las mujeres disponían sus afeites: maquillaje, peinados altos y hasta vestidos. Los hombres, gomina, algún que otro traje. Los niños de pantalones cortos, siempre. Y en la foto, como encerrado, el tiempo. El que de tan presente a veces se nos vuelve imperceptible y, sin embargo, está ahí impreso en los cuerpos que lo llevan como marcas, como historia.
Por momentos la foto parece congelada, como si no fuera real, como si esas personas nunca se hubieran movido, como si terminado ese instante no se hubieran sentado a comer o a dormir, como si esos cuerpos no hubieran latido en algún momento. Qué estaría pensando esa señora en ese momento? Se sentiría feliz?
Las fotos se suceden. Las caras pertenecen al pasado. Son caras que ya no están, historias que quedaron en el papel y en la memoria de algunos. Y las caras, muertas, muestran la propia historia, la transformación. El resultado final es el tiempo y la presencia implacable, escondida, entre rincones de ese miedo, el mayor que nos avisa que algún día sobreviviremos sólo en el papel.

domingo, 29 de junio de 2008

La cultura no se negocia


Cualquiera que se disponga a acceder a los bienes culturales más diversos, en la Argentina, se va a encontrar con una poco grata sorpresa, que demuestra lo lejos que estamos de poder proclamarnos capital cultural de ningún lado o, en todo caso, develará la proximidad con que vivimos del mítico país de Nomeacuerdo. Conseguir un libro, un disco o una película en este querido suelo parece ser una tarea por lo menos titánica, en la que deben intervenir una fuerte dosis de perseverancia, suerte, ganas y tesón. Y todo eso siempre y cuando no sea urgente conseguirlo, porque en ese caso sería conveniente declararse fracasado aún antes de haber empezado la búsqueda. Sucede que el mercado de bienes culturales sólo realiza una oferta mínima de sus catálogos y que en la mayoría de los casos es totalmente reduccionista y fragmentaria. Nombres de artistas de la talla del mismísimo Carlos Gardel, no tienen asegurada su obra en las bateas de ninguna disquería (imagínense todos los que no son Gardel). Por el contrario, modernas ediciones para turistas con plateadas letras en inglés anuncian la salida de "Carlos Gardel's Greatest hits", en innumerables compilaciones que, además, incluyen siempre las mismas piezas entre sí.
Construir algún tipo de análisis o comprensión de un hecho artístico, requiere, indefectiblemente, el estudio pormenorizado de una obra en su totalidad. De esta manera se podrá comprender la propuesta estética, sus puntos fuertes, sus costados más endebles, los matices que puedan darle riqueza y, además, la evolución artística que conlleva la vida de todo creador. Las posibilidades de pensamiento crítico, en este contexto, se ven retaceadas por el libre albedrío editorial y el manejo semi clandestino de copias pirata de los materiales.
Este recorte editorial de las bienes culturales, que mantiene a numerosos artistas viviendo a "grandes éxitos" (quisiera saber el significado de éxito ¿de ventas?, ¿de popularidad?, ¿creativo?), se sostiene en base al argumento de que hay artistas que ya no venden y que, por lo tanto, no es redituable invertir en la reedición de sus obras. La paradoja radica, justamente, en el sintagma que las denomina: ”bienes culturales”. Bienes económicos o productos de mercado, por un lado, pero a la vez artefactos que, en sumatoria, determinan la identidad de un pueblo. ¿Debería considerarse, entonces, a un bien cultural en los mismos términos que un simple bien de mercado y librarlo a la especulación de los inversionistas? ¿Deberían ser las empresas editoras las que deciden a qué accedemos en términos de capital simbólico? ¿No es acaso darles demasiado poder y someternos a un recorte, por lo menos, problemático?
Diversos espacios como blogs o los programas más variados de descarga demuestran un hecho popular que, verdaderamente, me conmueve. Muchas son las personas que, sin fines de lucro, trabajan para rescatar del olvido esos discos, esas películas, esos libros, que el mercado pareciera querer negarnos. Se forman redes que se encargan, solidariamente, de digitalizar vinilos, casetes, films, escanear su arte de tapa y ofrecerlos, compartirlos para que, entre todos, recuperemos un poco esa memoria, esa identidad que no es de ninguno, sino que es de todos, que nos hace nosotros, que nos devuelve a ser únicos, a ser "cada uno", a la interioridad y a la fraternidad que nos convoca. "Si a vos te duele como a mí" que ese disco ya no se pueda escuchar, que esa película ya no se pueda ver. Ese pareciera ser el lema de esas múltiples cofradías de rescatadores.
Frente a la proliferación de blogs que, además, cuidan celosamente la no publicación de material disponible para no perjudicar a los artistas. Frente a muchos creadores, que ofrecen su propia obra, cabe preguntarse ¿es cierto que esos bienes no son redituables? ¿es cierto que no son consumidos? ¿Cuánto hay de especulación por parte de las empresas que prefieren vender un millón en un minuto inflando a un "operación triunfo", para no esperar el lento pero permanente ritmo de ventas que conlleva la oferta de obras clásicas? ¿Tiene derecho una empresa a privarnos de nuestras obras de arte más queridas y la consecuente pulverización de la identidad cultural de un pueblo?
Vender arte no es vender remeras y el Estado debería proponer algún tipo de mecanismo para protegernos de esta dictadura simbólica que, además, promueve la superficialidad a través de operaciones de marketing que establecen la velocidad como parámetro en el consumo de obras. Ésto, por supuesto, implica una falta de profundidad en su compresión y un achatamiento de las ideas.
El "proteccionismo" cultural de este sistema capitalista radica, únicamente, en sostener la defensa de los derechos de autor, como modo de garantizar que el creador obtenga el consabido beneficio económico por la comercialización de su material. Una primera idea que considero importante señalar respecto de esto es que un artista, además de un creador, es un trabajador y, por lo tanto, alguien que merece una remuneración por lo que produce. Destierro esa idea que circula por el campo intelectual de que el artista que gana dinero es menos artista por eso. Todos necesitamos ganar dinero y eso no quita la legitimidad de una creación. El "amor al arte" es justamente elegir el arte como camino para ganarse la vida, pero de ningún modo creo que sea justo plantear que un artista deba regalarse para que su arte sea justipreciado como tal. Desde este punto de vista estoy de acuerdo con la existencia de derechos o cánones que reconozcan su labor. Pero por le otro lado, si toda una obra permanece fuera de catálogo ¿se protege al artista? ¿cobra algún canon? ¿Quién puede decidir si un artista le gusta, acercarse a su propuesta, si desconoce su material? ¿Acaso ese amor al arte, que hace que se lo elija como camino a seguir, no incluye la construcción de una forma de trascendencia cultural? ¿El respeto que se le debe guardar a un creador no presupone la conservación de su creación? ¿No es una forma de desidia esta operación de descarte?
Internet y su anárquica circulación de la información parece hacer ese trabajo que, desde el mercado editorial, no se lleva a cabo y las obras se disponen gratuitamente para todo aquel que las necesite (por supuesto, ese “todo aquel” nunca es realmente “todo aquel”, sino "algún aquel" que pueda acceder a internet, aclaración que limita en muchos el alcance de esa totalidad). Una fiel prueba de la raigambre identitaria del arte (si es que necesitara ser sometido a prueba) es que, como señalé anteriormente, y citando a Eladia Blázquez, “contra viento y marea hay montones de manos para hacer la tarea” y muchas obras completas han sido rescatadas ya del olvido, aún a merced del pataleo (y a veces más que eso) de las empresas contra los promotores de estos actos de justicia. Incluso en ocasiones en que los propios artistas han aprobado la difusión del material. ¿Qué protege más al artista: la preservación de su obra (aunque sea en forma gratuita) o mantenerla décadas (con suerte sólo décadas) en espera de que el dedo mágico de las reediciones la toque en suerte para poder ver la luz? En estas instancias es conveniente señalar que éste es un debate entre propiedad privada y cultura, donde gana, como era de esperarse, la propiedad privada. Ahora bien, ¿La propiedad privada de quién? ¿Del artista? Cánones minúsculos en relación con el precio de los productos finales, por un lado, y obras inaccesibles, por el otro, no parecieran demostrar que sean ellos los beneficiarios de este sistema legal. Privados quedan los músicos de su propiedad intelectual y privado el pueblo de su sesgo identitario. Todos rehenes de un sistema de mercado para pocos o, lo que es peor, para ser nadie desde el momento en que se nos niega la memoria. El mercado editorial, en cambio, consigue la habilitación necesaria para poder planificar su producción en serie, masiva y según la lógica de las grandes empresas, ganancia máxima con mínimos costos (costos económicos, desde ya, porque los costos simbólicos son altísimos).

martes, 17 de junio de 2008

La pura mentira


La imagen seleccionada pertenece a una pequeña cigarrera que estaba apoyada en la mesa de la casa de una amiga. Discutíamos por qué la idea de sexualidad y género era un problema político. Ese dibujo fue la base de mi argumentación para explicar la necesidad de intervención política en una problemática de índole histórico social. Como se ve en el dibujito, “la pura verdad” o “the simple truth” (haciendo eco de la dominación lingüística que corre por estos pagos) se presenta como una idea incuestionable y autónoma de lo que somos y lo que, como todo lo cierto, jamás cambia ni evoluciona.
La operatoria fundamental de las posturas conservadoras es inscribir los acontecimientos humanos como naturales. Es pensar que las conductas del hombre y la mujer responden a una suerte designio divino, postulado según una gramática inmanente. Las consecuencias principales de este pensamiento son la deshistorización y la deshumanización de los hechos y los posicionamientos. Todo aspecto concebido desde una postura tan esencialista impide cualquier tipo de intervención sobre el devenir, que conlleve un cuestionamiento de un orden, aparentemente fundado por una mano superior a la humana. El primer paso para pensar y reconstruir estos procedimientos es asumir que el humano es un ser natural en cuanto carne, un ser natural en cuanto muerte, un ser natural en cuanto aire, pero un ser social en tanto tiene nombre, en tanto piensa, en tanto tiene palabra, en tanto se organiza, en tanto ritualiza. Un ser social en tanto la concepción y la percepción de esa carne, en tanto la idea de esa muerte, en tanto el manejo de ese aire. El humano es un ser que comprende y piensa siempre desde alguna perspectiva, que no es más que producto de su propio imaginario y de las condiciones de su supervivencia. Todos los conceptos son sociales, siempre que el hombre mira hay representación sígnica del entorno y de sí mismo. Algo “tan natural” como ir al baño se transforma en un hecho social en tanto se estructura por toda una serie de convenciones que determinan cuestiones tales como la privacidad, el tabú o la negación de los olores, por citar un ejemplo.
El concepto de hombre y de mujer, que determinan las categorías de género más taxativas, son dos de las nociones más naturalizadas y por las que aún hay que franquear mucho camino para lograr desentrañarlas. La supuesta rudeza masculina o la sensitividad femenina son ejemplos de lo más cristalizados de estas categorías culturales que ejercen una fuerza coercitiva sobre las personas, justamente, por estar naturalizadas. “Los muchachos no lloran” y las mujeres “que vayan a lavar los platos” son el resultado de este constructo legitimado socialmente por generaciones y generaciones.
Diversas políticas determinan la distribución sexuada del poder y el ejercicio de la sexualidad. Las mismas son propuestas por los Estados, con la respectiva mano “derecha” de todas las religiones. Para las mujeres, entre la pecadora y tentada Eva y la virgen María, queda la negación del deseo hasta el matrimonio y luego la procreación “porque una mujer que no tiene hijos es una gallina que no pone huevos” (cita extraída de la película ‘Mercado de Abasto’). Los hombres, por el contrario, son víctimas/victimarios de la exacerbación de la carnalidad como único eje que motiva su accionar. La idealización del sentir de la mujer siempre deja por fuera su dimensión estrictamente carnal. Por el contrario, el hombre –siempre regido por sus instintos- queda negado de sus sentimientos. Esto genera un status quo que resulta la base fundamental de ese imaginario tan popular que, evidentemente, está evolucionando, pero no tanto como pareciera.
La construcción de la categoría “hombre” o “mujer”, como ya señalamos, se ha deshistorizado, dando dimensión biológica a aspectos sociales. No hay una correspondencia entre el sexo genital de la persona y su autopercepción. La atribución de los rasgos de conducta a la idea de macho o hembra implica desentender la capacidad de cada persona de autopercibirse y, en consecuencia, autopensarse y autopostularse, según el modo en que se simboliza. Tangos como “Lloro como una mujer” o “Maula” demuestran cabalmente estas operaciones culturales que fijan dichas posibilidades de autopercepción y generan diversos mecanismos de autodiscriminación frente al imperio de esa norma que, de tan invisible, nos hace creer que género es lo mismo que sexo y que nos enfrenta al travestismo o la transgeneridad como una forma de horror social que sigue siendo insoportable para muchas personas.

miércoles, 11 de junio de 2008

La gran duda


¿Cómo remediar la fatalidad de ser mortales en universo infinito? ¿de ser minúsculos, granos de polvo, entre colosos espaciales? ¿de ser mayúsculos, de escala planetaria, ante los granos de polvo?
Sólo la razón, la abstracción, la palabra, el signo nos hacen únicos y nos enfrentan a la paradoja más brutal: ¿cómo entender una existencia maravillosamente incomprensible?

lunes, 2 de junio de 2008

Tengo un puto en la terraza

Finalizaba febrero y el calor porteño parecía obstinado en quedarse reinando en la ciudad por bastante tiempo más. Un viaje desde Mataderos a Pompeya representaba el desafío de unir dos puntos de la ciudad casi nunca frecuentados. Una noche tan oscura como calurosa era el telón de fondo de una aventura que se preanunciaba hasta con mapa. Con algunos traspiés de por medio, el punto de reunión funciona y la cita tiene lugar a las 23.30, en la estación Pompeya.
Ellos venían desde Rafael Castillo, bien adentro, en el oeste del conurbano bonaerense. Bajaron del Ferrocarril Belgrano y comenzó la “salida” compartiendo una pizza en la vereda con mi amigo y algunas de las tortas del equipo de fútbol femenino de Castillo. Chiste va, chiste viene, la charla fue más o menos la esperada. Ellas nos contaban sus pases de gol, los remates en el área, los torneos, la final con las de Berazategui y todo un variopinto de habilidades futbolísticas que las ponían muy orgullosas. Los dos putos, es decir mi amigo y yo, buscábamos el humor y aprovechábamos nuestras paupérrimas habilidades deportivas para hacer catarsis de antihéroes y contar nuestras anécdotas en el campo de juego, para reírnos de nosotros mismos. Terminamos la cena, nos fuimos a tomar el 9. Bondi azul, cartel blanco. En grandes letras negras decía “CARAZA” y era inevitable cantar una y otra vez esa cancioncita que fue famosa por un programa de TV argentino: “Ahora vivo en Caraza, tengo un puto en la terraza”. Y a eso íbamos en viaje bien adentro de la zona sur, a divertirnos en una fiesta gay de barrio. Pero no sólo a eso, además íbamos a desmoldar la idea de que las fiestas gays sólo son cuestión de la metrópoli. A repensar ese modelo tan irreal de que todos los putos son tan, tan “I'm so Madonna”. A recuperar algo mucho más interesante aún, un modo de resistencia en un medio un poco más hostil y menos anónimo que las calles de Buenos Aires. Y como si fuera poco a participar de algo que cada vez se logra menos, pero que sin embargo todavía está: una fiesta comunitaria. Es que la fiesta era en la casa de unos vecinos, qué te abrían las puertas generosamente, así, sin conocerte, con confianza. Si habías llegado era por el boca en boca, de amigo en amigo. Y ni siquiera se cobraba entrada, claro, sólo hacíamos una vaquita entre todos, 10 mangos por cabeza para el sonido y la bebida. Por supuesto que podíamos ir y abrir la heladera y simplemente servirnos. Nadie se conocía con nadie, pero todo era de todos. Y lo compartíamos. El espacio estaba dispuesto para estar juntos, para pasarla bien y para ser quien cada uno era, sin ofenderse, sin pretensiones, sin poses. Gente de todos los barrios, de todos los colores, de todos los géneros, de todos los pesos, de todas las sexualidades, pero con un denominador común: la mente abierta y ese espíritu de “pasé por lo del vecino y me quedé un ratito” que está casi extinto en las grandes ciudades.
Baile a más no poder. Todas las vertientes de la cumbia vibraron en esa pista, o mejor dicho patio. Algunas luces diseminadas demostraron las virtudes del celofán y un “telón” de fondo preanunciaba el momento más esperado de la noche, el broche de oro, “El show de Yésica”, que se anunciaba con una sábana pintada a mano. Yésica era algo así como una marica envuelta en trapos viejos, pero que se sentía Liza Minelli por una noche. Juntó a sus amigas locas y se armó su show con invitados, bailarines y todo. Y hasta hubo un cierre con fuegos artificiales.
La noche se iba, la claridad encontraba un patio que parecía no querer cederle el paso, que insistía con seguir viviendo esa noche de verano, esas horas compartidas, ese encuentro que, para algunos es moneda corriente, pero para otros es una forma alternativa de comunicarse, de construir, sin que medie el dinero y por las solas ganas. Esa entidad cada vez más abstracta a la que llamamos pueblo, ese día se convocó, se reunió, generó sus propias estrategias y dejó de lado los prejuicios, las distancias, los intereses y los miedos. Solo para encontrarse, para crear espacios. Y si bien yo no vivo en Caraza, como dice la canción, una parte de ella ahora está viva en mis recuerdos.




Programa: Todo por dos pesos
Ranking musical: Tengo un puto en la terraza

jueves, 29 de mayo de 2008

Julia Zenko - Vital


SOBRE JULIA

Julia Zenko es una de esas artistas talentosísimas que cada tanto surge en la Argentina y que, sin embargo, nunca parecen del todo ajusticiadas por el reconocimiento que logran en su país, aunque sí logran gran éxito (y éste es el caso) en diversos escenarios de América y Europa. Dueña de un caudal de voz impresionante y dotado de los más refinados matices, Julia ha puesto sus virtudes vocales al servicio de numerosas piezas de nuestro cancionero, logrando exquisitas versiones de clásicos como “El último café”, “Sin piel” o “Los pájaros perdidos”.
Mientras analizaba qué fue lo que dificultó el reconocimiento del talento de esta sólida cantante, pensé que una de las posibles explicaciones era una inapropiada elección del repertorio. Su carrera está estructurada en dos etapas claramente diferenciadas en este sentido, con un disco de transición y una breve incursión en el género infantil. La primera de ellas comprende desde 1983, año en que se editó su álbum debut, titulado “Vital”, hasta 1992, año de grabación de “Así va la vida”. Durante esta fase Julia interpretó, fundamentalmente, baladas de autores como Mario Schajris o Alejandro Lerner, entre otros. Dichas baladas están inscriptas en una estética musical y letrística, claramente ligada a los primeros años ‘80.
Hacia mediados de la década del ’90 Julia inicia una etapa de exploración musical, que demuestra su versatilidad interpretativa y graba un disco que marcaría una transición en su carrera. “Sin rótulos” es el sugerente título que elige para este trabajo y, por primera vez incluye tres tangos para integrar el repertorio. Convocada para protagonizar la opereta “María de Buenos Aires” de Ástor Piazzolla y Horacio Ferrer, Julia consolida su expresión en el tango hasta consagrarse como una de las nuevas intérpretes más talentosas del género y así inicia la que sería la segunda etapa de su carrera. Esto le posibilita la grabación de “Julia de Buenos Aires” y “Tango por vos”, trabajos que la llevan por los más importantes escenarios de la Argentina y Europa, a la vez que continúa, con notable éxito de público, con las presentaciones de la opereta.
En el año 2006, presenta el que, hasta el momento, es su último registro discográfico “Vida mía”. Este trabajo cuenta con una equilibrada selección de tangos y baladas clásicas, que logran unicidad en los matices vocales de Julia y la exquisitez de los arreglos para piano de Sonia Possetti. Además, participan de este trabajo sus hijas, Laura y Elis.
Actualmente Julia acaba de finalizar la presentación de “María de Buenos Aires” en el Teatro Nacional Cervantes, junto a Horacio Ferrer y Guillermo Fernández.


SOBRE EL DISCO

En esta ocasión presento el álbum debut de Julia Zenko, titulado “Vital” de 1983. Existe una edición en formato CD de este trabajo pero, sin embargo, ni siquiera los archivos mp3 circulan por la web, así que éste será un relanzamiento. Este material lo armé reuniendo todos los temas que estaban disponibles en recopilaciones y masterizados para su edición digital. Los audios faltantes los obtuve digitalizando desde mi casete. Por esta razón, si bien el sonido es relativamente parejo y medianamente bueno, hay algunas diferencias perceptibles. Sigue siendo necesario obtener el ripeo directo del CD.
Además, el archivo cuenta con el arte de tapa original escaneado en alta resolución de tapa y contratapa de la edición en vinilo y tapa e interior de la edición en casete. El arte del CD no está, ya que no lo tengo. Si alguien puede ofrecerlo, sería bárbaro.
Espero que disfruten este disco y nunca está demás dejar las gracias cuando alguien se lo baja para escucharlo.

Lista de temas:

01 – Escapando (Gabriel Ogando)
02 – Carta de un león a otro (Chico Novarro)
03 – Chacarera de los pagos (Alejandro Lerner)
04 – Se nos fue de las manos (Marcelo San Juan – Norberto Minichilo)
05 – Por amor a la vida (Miguel Loubet – Rubén Aguilera – Daniel Verdino – Otero Wilson)
06 – La vida es una buena idea (Litto Nebbia)
07 – Solitaria (Martine Clemenceau – Rubén Aguilera – Otero Wilson)
08 – Cielo cerca (Fernando Porta)
09 – Serás feliz espero (Fernando Porta – Marcelo San Juan)
10 – Siempre pienso en ti (C. Minneliono – D. Farina – Rubén Aguilera – Otero Wilson)

Artistas invitados:

Alejandro Lerner – Cortesía de Raviol Records, una div. De Musidisc Europe (Argentina)
Rubén Rada – Cortesía de Sicamericana SACIFI Sazam Records
Marcelo San Juan


Bajar el disco

lunes, 19 de mayo de 2008

Grito gigante

Es raro que yo dibuje. Casi nunca lo hago. No es un lenguaje que me llame la atención para expresarme yo. Sí me encanta mirar dibujos. Y no sé dibujar.... al menos no como los que lo hacen bien. Sin embargo el día que cumplía mis 26 años, mientras hablaba por teléfono en la oficina, agarré una birome negra y un pedazo de papel que había por ahí. Empecé a jugar con los trazos, uno tras otro, hasta que quedó este dibujo al que bauticé como una canción de Celeste Carballo: "Grito gigante". Una compañera me dijo que era hermoso, tanto que se lo regalé. Nunca más recordé que mi dibujo existía hasta hace unas semanas. Estaba en su casa y decidimos cantar, abro la carpeta con el cancionero y cayó el dibujo en mis manos. Fue casi como si lo hubiera visto por primera vez. Y me gustó. Tiene algo que me identifica, que me hace dar ganas de mostrarlo, de compartirlo.



Grito gigante
(Celeste Carballo)

Busco los rastros de mi pasado
no encuentro nada,
lo tengo olvidado.

Perdí las paredes de mi casa
en el campo.
Un hombre silbando,
otro está cansado.

Un aire de España,
un viento del sur,
un campo de trigo,
una calle sin luz.

Porque llevo adentro
este grito gigante.
Porque la tierra
me pide que hable.

Busco los rastros
de mi pasado.
No encuentro nada,
lo tengo olvidado.

Cientos de manos
cosechando el verano.
Largas historias
para hacer el trabajo.

Cientos de manos
cosechando el verano.
Mujeres y hombres
conmigo cantando.

Busco los rastros
de mi pasado.
No encuentro nada,
lo tengo olvidado.

Busco los rastros
de mi pasado.
En mi propia sangre
lo llevo guardado.

martes, 13 de mayo de 2008

La palabra urgente


“¡No me etiqueten! ¡No me encasillen! -dicen algunas personas- yo amo, nada más, depende de qué ser se me cruce”. Es cierto, no lo pongo en duda, no lo cuestiono tampoco ¿Cómo voy a cuestionar un sentimiento ajeno? Sin embargo me pregunto, ¿Es realmente encasillarse decir que uno es gay/les/bi/trans?
El closet es una forma de tabú, un silencio construido socialmente. Es una prisión sostenida sobre la imposibilidad de poner en palabras los sentimientos, el deseo y el amor.
Cuando uno analiza esto es preciso tener en cuenta dos conceptos fundamentales para discutir cualquier tema de dimensión política, como éste. ¿De qué hablamos cuando hablamos de lo público y lo privado?
La esfera de lo público, en una sociedad, representa todo tema que sea de interés común de toda la comunidad. Aquellos aspectos sobre los que se debe construir un consenso que debe manifestarse en el ejercicio político (sí, sí, utopías, pero así debería ser). La esfera de lo privado, por el contrario, corresponde al ámbito de las decisiones estrictamente personales y cuyo interés no recae en la comunidad. La exacerbación de lo público da lugar a la anulación de las decisiones personales y al control de la totalidad de los aspectos identitarios y por ende deviene en una dictadura. La exacerbación de lo privado da lugar a formas de individualismo y descompromiso con el otro.
¿Y por qué hacer público algo como la sexualidad o el deseo de uno, que parecieran pertenecer a la vida privada? Sin dudas que el desear es un discurrir que pasa por dentro de cada cuerpo y que eso no está sujeto a reglas, ni a etiquetas, ni siquiera se ata a palabras. Pero más allá del deseo, están las decisiones y políticas puntuales y específicas que exigen nuestra toma de posición. Imposibilidad de donar sangre, de heredarse, de casarse, de adoptar, de tener hijos, entre otras, son algunas manifestaciones legales concretas que tienen que ver con la construcción de una política determinada y sobre la que es necesario –y urgente- intervenir.
En una sociedad que silencia la homosexualidad, haciendo que todos tengamos que “decirlo” en algún momento de nuestras vidas, con las correspondientes consecuencias, proclamarse públicamente ¿¿¿puede significar etiquetarse??? ¿¿¿puede implicar ser encasillado??? ¡¡¡De ninguna manera!!! Es tomar posición política, es intervenir y sobre todo es aportar a construir y sumar palabras para la destrucción de una mordaza que lleva siglos.
Hay palabras que sujetan y hay palabras que liberan. Que hoy diga acá “Hola lector, yo soy gay” a mí me permite ubicarme, situarme y, desde ahí empezar a jugar, a participar. ¿A qué juego se juega sin posiciones? ¿Qué debate se puede proponer sin pronunciarse? Vuelvo a esa frase genial de Silvio: “ASUMIRSE LOS FUEROS ES NO DICTAMINARSE” y hoy decido participar, decido poner mi voz al servicio del otro y también apostar a que ser visibles puede ser un modo posible de vida, a que las abuelas pueden sentirse contentas de nuestras parejas... A que cuando niños nuestros padres nos dejen jugar con muñecas si así lo deseamos, a que no haya que seguir saliendo del closet porque lo fuimos desarmando entre todos.
La única forma de etiquetarse o encasillarse es, precisamente, asumiendo la ambigüedad y el silencio como una de esas “tantas maneras de no ser”.
Hoy una palabra me hace más fuerte y más feliz. Hoy puedo aportar y sé que somos muchos los que construimos desde donde podemos. Vamos a andar!


Autor: Miguel A. Vesco
Técnica: Acrílico
Medidas: 1,05m x 72cm
Año: 2007