sábado, 29 de diciembre de 2007

De puño y letra


Este post empieza un poco a cerrar el año y, por lo tanto, no pretende ser un post razonador, ni arengador. Este post quiere ser interactivo, más que otros, quiere diálogo, quiere dar más lugar a los gustos de cada uno.
Los más observadores y asiduos visitantes del blog habrán visto que en el costado izquierdo del mismo armé algunas “secciones”, por llamarlas de algún modo. Una de ellas se llama “Frase célebre de estos días” y en ella transcribo esas palabras que me quedaron resonando porque me dicen algo, generalmente fuerte o conmovedor. Son esas palabras que me hubiera encantado escribir a mí, puestas en las plumas de los maestros. Son esas voces que merecen ser conocidas por todos, a mí criterio, claro está.
Como las fui cambiando a lo largo de los días, quería como cierre del 2007, que cada uno de ustedes elija la que más le gusta de toda la lista, que transcribo abajo, que incluye desde la primera hasta la actual. Luego veremos cuál es la más votada: la gran frase célebre del año.


Ahí va la lista:

1) “En un mundo de gusanos capitalistas hace falta mucho coraje para ser mariposa” Lohana Berkins

2) “A veces soy como el río llego cantando y sin que nadie lo sepa, vida, me voy llorando” Atahualpa Yupanqui

3) “Hazte sol cercano en la distancia, hazte en mi recuerdo un leño y quémate en mi interior. No quiero tener más noches frías, ni poder tan sólo en sueños despertarme junto a vos” Jorge Fandermole

4) “Quien no fue mujer ni trabajador piensa que el de ayer fue un tiempo mejor” María Elena Walsh – Chico Novarro

5) “El tiempo, maldita daga, lamiéndonos los pies” Fito Páez

6) “Recuérdenme hijitos míos, recuérdenme en el asombro, recuérdenme en la alegría con que vivimos después de todo” Teresa Parodi

7) “El pueblo es como el río, no hay muro que detenga sus furores” Teresa Parodi

8) “Yo digo que no hay talante más claro que el ir desnudo, pues cuando se tiene escudo, luego se quieren los guantes y al que diga que me aguante debajo de una sotana, le encajo una caravana de sentimientos, de sentimientos gigantes” Silvio Rodríguez


9) “Mirando correr el río... me dije casi en silencio, vas a tener que andar mucho para ganarle a mis sueños” Cholo Aguirre

10) “Dicen que la culpa de la cara no la tiene el espejo” Liliana Felipe

lunes, 24 de diciembre de 2007

Teresa Parodi - Otras cosas


Ya lo dije en el post anterior, la navidad me genera contradicciones. Protesto, pero capaz me agarra y voy a comprar regalos... Así que ya que estamos de regalos voy a regalar un disco, para que el que quiera, se lo baje, lo escuche, lo disfrute. La elección esta vuelta no corrió por cuenta mía, surgió de una charla con mi amigo Adrián. Él hace años que no escucha este álbum y yo le prometí colgárselo en el blog para que lo baje, así que acá está. Por esta razón esta vez no puedo hacer un comentario tan exhaustivo del disco en particular. Sí puedo decir que lo que más admiro de Teresa Parodi es su capacidad de escribir historias con nombre y apellido. No es lo mismo hablar de "la soledad" que hablar de la soledad de alguien. Las historias cuando tienen cuerpo son mucho más intensas.
Además de eso puedo decir que la versión de "El otro país" con Teresa y Silvina Garré, es sencillamente maravillosa, preciosa, intensa, bella: ME ENCANTA!
Este disco, también trae el tema "Carta abierta para que un día vuelvas" que Teresa cantó en uno de los shows que hizo sola en el ND Ateneo y explicó que era para una amiga que había tenido que exiliarse en la última dictadura y que había quedado tan enojada con su país que no quería ni escuchar hablar de él, mucho menos volver! Teresa le quiso escribir una carta, que le salió con letra y música. Le mandó el disco a su amiga, con la canción y ella luego volvió a la Argentina.
Otro tema HERMOSO es "Cielo de Mantilla" o "Bajo el cielo de Mantilla". Yo lo puse en el post "Buenos Aires y yo". Es estremecedor por la relación entre el protagonista y su tierra, por la necesidad de reconocerse en su lugar.
El rancho de la Cambicha es un hermoso chamamè bien litoraleño, de esos que me gustan tanto!
Este disco, de 1989, nunca fue editado en CD, por lo tanto algunos temas tienen sonido bien masterizado porque aparecieron en compilados, pero otros están levantados de vinilo, por lo cual el sonido es un poco desparejo, pero es lo único que hay, no está nada fácil encontrar estos audios. Yo se los tengo que agradecer a Iniaki, a quién le debo gran parte de mi colección, casi completa, de Teresa.
Espero que disfruten de este regalito que deja Papá Noel en el blog y les quiero proponer que ustedes mismos pidan los discos que les gustaría que yo cuelgue, a través de los comentarios, si yo los tengo los iré subiendo junto con los que yo elijo para compartir, una forma de hacerlo más interactivo. La única consigna es que los discos no estén disponibles para la venta en disquerías...

Lista de temas:


01 - Escena primaveral
02 - El otro país
03 - Aquel olor a jazmines
04 - Para Àngeles Martínez
05 - Carta abierta para que un día vuelvas
06 - No te vayas todavía
07 - Florecita del campo
08 - Preludio en sol mayor para que Juan se duerma
09 - Cielo de Mantilla
10 - El rancho de la Cambicha
11 - Véngase aquí compadre

jueves, 20 de diciembre de 2007

Negra navidad


Detesto la navidad! Me molesta la mire por donde la mire. Ya probé variantes: pasarla con la familia en mi casa; pasarla con la familia en casa de la familia; pasarla con amigos en la playa. Pero nada de eso es suficiente. Es evidente que vaya donde vaya el problema me sigue, la crisis está en mí. Hay una mezcla de mandatos, de tradiciones, de festejo impuesto, de festejo elegido que nunca me empata adentro.
Estamos todos ahí porque queremos realmente estar? Pero, al mismo tiempo, podríamos dejar de hacerlo?
Me da vergüenza decirle a la gente “Felices fiestas”. Cuando me lo dicen no sé qué responder, ni cómo hacerlo. Me siento entre incómodo y ridículo en esos momentos.
Me produce mucho odio y hasta ganas de romper todo ver los negocios, los árboles, las casas y todos y cada uno de los rincones invadidos y saturados por lucecitas, musiquitas y merchandising navideño!!!!!!!
Me enferman los que se gastan fortunas en petardos para competir con el vecino a ver quién tira más y mejores.
Los mejores recuerdos de las navidades son las horas en que mi tío ponía un pan en la ventana y esperaba a que yo me distraiga, con mis 4 o 5 años, para sacarlo de ahí y hacerme creer que Papá Noel se lo había comido. O a las 23.45 hs., cuando la ansiedad de los regalos me carcomía y mi abuelo me llevaba a hacer tiempo a la esquina. Lindos recuerdos, pero lejanos. Las fiestas me molestan igual, son días casi inexplicablemente tensos.
Encima la navidad, semejante paparruchada religiosa, me resulta un total sin sentido. El año nuevo es totalmente distinto, pero ya escribiré sobre eso, porque ya lo dije: me molesta, pero no puedo dejar de hacerlo… y eso hace que me moleste más… sí, ya lo sé en estos días me pongo medio gata flora, que se le va a hacer!

Navidad
(Alejandro Sergi)

Yo que tú ni me acercaría a mí
cuando las luces vienen y van
regalame algo de soledad.

Hoy es el día en que todo mal
no quería pero navidad llegó
y nada me deprime más.

Es como si algo de mí
cierre la puerta que ayer abrí
Aunque golpees nunca estaré
estoy hundido en mi jardín.

Va a ser mejor
que dejemos unos días
yo quiero pensar un poco
lo que tengo que hacer
y justo hoy, mejor no decidir nada
podría arruinarlo todo
si no tengo noción.

Es algo mucho más fuerte que yo
no puedo hacerme entrar en razón,
sabes que esto no me hace feliz.
(Aunque lo entiendas así)

Hay una voz dentro de mí
que me recuerda que te mentí
suena peor en la canción:
No es para tanto pero igual si.

Va a ser mejor que dejemos unos días
yo quiero pensar un poco
lo que tengo que hacer.

Y justo hoy mejor no decidir nada
podría arruinarlo todo si no tengo noción.
Que fuiste tu a quien he sentido mía
la que perfumó mi vida
con un sueño de flor.

Yo sé que soy, digamos algo inmaduro
pero es la manera en yo entiendo el amor

lunes, 10 de diciembre de 2007

Música siempre está

El sábado por primera vez canté en público. A pesar de los muchos nervios lo disfruté. No me interesa ser cantante (tal vez sería aspirar a demasiado) me conformo con poder cantar y que el que le toque en suerte escucharme pueda disfrutar la escucha. No podría vivir sin cantar, sería muy infeliz así.
Les comparto los videos de las canciones que canté...

Zamba para olvidar de Daniel Toro



Resumen de noticias de Silvio Rodríguez


miércoles, 5 de diciembre de 2007

El muerto se fue de rumba


La interacción con los amig@s, los padres, los vecin@s, los compañer@s de trabajo y con la sociedad toda, exige que cada uno de nosotros establezca un lugar desde donde abordar al otro, desde donde posicionarse, afianzarse y participar de ese devenir cotidiano al que simplemente llamamos vida. Esos lugares que cada uno construye responden a las demandas sociales que se encuadran en esa interacción. Es así que deben brindarnos la posibilidad concreta de establecer vínculos sostenibles con todos aquellos con los que cada uno se quiera relacionar. Esos lugares, que son lugares comunes (por pautados y por sociales), son los que determinan la identidad o posicionamiento como “ente” identificable, único e irrepetible de cada uno de nosotros en el medio que nos rodea. Estos lugares comunes, están construidos según determinadas pautas legitimadas socialmente que cada sujeto debe seguir en función de detentar una identidad que el colectivo social abordará como legítima, verdadera, valiosa, sana, normal, respetable, entre otras.
La posibilidad de discurrir como subjetividades deseantes, múltiples, diversas queda frustrada en tanto cada sujeto se enfrenta con la necesidad de pertenecer a una inmensa mayoría que con una voracidad insospechada devora las particularidades de cada sujeto en función de la construcción de un patrón de identidades posibles. Este proceso de adaptación, de subyugación y de diferencias borradas, implica necesariamente esconder todo aquello que no responda a las normas sociales imperantes. En ese acto de esconder, es que se constituye la idea de un closet o armario en que se guarda todo aquello de uno que no es socialmente mostrable, pronunciable, aceptable y por lo tanto no pasible de hacer circular y poner de manifiesto como potencialidad creadora y generadora de crecimiento.
Ahora bien, ¿por qué pensar específicamente en un placard o armario? Es parte del folklore popular el dicho “Todos tenemos un muerto en el placard”, entonces podemos pensar a ese muerto como aquella identidad a la que no hemos dejado vivir por responder al “deber ser” impuesto por la sociedad en que vivimos. Ese muerto, eso que tenemos guardado o escondido es la representación de lo sórdido, es lo que está signado por la dupla prohibición – castigo, lo indecente y moralmente peligroso, y por lo tanto lo que excluye y margina al sujeto en cuestión. Debemos considerar que existe sociedad en la medida en que existe simbología, representación sígnica de la realidad y consenso a partir de ello, como acto fundacional de la cultura. En este sentido, debemos tener en cuenta que la valoración negativa de un conjunto determinado de modos de ser, situarse o ejercer el deseo, instrumentada desde la palabra, tiene un alcance fundamental e intrínseco en el sujeto ya que la palabra es el acto constitutivo primero del sujeto como tal. Entonces, si la palabra es un acto constitutivo de mundo posible, la palabra negada es la palabra imposible y en consecuencia el mundo que no se puede vivir. La posibilidad de abrir el placard, es decir de mostrar el mundo oculto, dependerá de la palabra, de decir lo impronunciable, y en ese sentido es un acto de transformación radical del mundo, transforma el mundo imposible en posible y, por lo tanto, es un acto fundacional en sí mismo.
Asumir el riesgo de incidir en la realidad a través de la enunciación es prácticamente una tarea cuasi titánica, pero posible. Hay que luchar cuerpo a cuerpo contra miedos, frustraciones, desvalorizaciones, (auto)mentiras, palabras que resuenan negativamente y que, para peor, muchas veces fueron pronunciadas por nuestros seres más queridos y entrañables. Toda una historia de imposibilidades y sueños más o menos realizados confluyen como empujes y contrapesos que simultáneamente invitan y rechazan que, como un volcán, la palabra erupcione urgente e impostergable.
El “coming out” es el acto de apertura de ese placard, es la pronunciación, es la constitución del nuevo sujeto. Este concepto proviene de la voz inglesa “come out of the closet” que en castellano se traduce como “salir del armario”. La apertura de ese closet es lo que nos interesa pensar, ya sea desde los alcances que tiene, como de las posibilidades de ser concretada en la sociedad en la que vivimos actualmente.
Retomando el movimiento de apertura del armario, considero importante señalar que la pronunciación y apropiación de lo negativo conlleva la transformación de la carga valorativa puesta sobre lo antes oculto en el placard, positivándolo. Al cambiar dicha carga se construye otra realidad y por ende el sujeto funciona socialmente desde otro posicionamiento y pone en crisis los lugares comunes al ejercer lo imposible, lo nefando, es decir lo que no se enuncia y lo que da repugnancia. La construcción de nuevas realidades, el nuevo espectro de posibilidades ponen al sujeto como actor de sus propias circunstancias y sucesos y por lo tanto dotan de vida al muerto del armario, que ahora comienza a vivir como un sujeto deseante. Nuestro muerto empieza a ver la luz, la explora, decide, superó la clandestinidad. Ya no está quieto, ahora camina, baila. Nuestro muerto se fue de rumba diría la canción. Este muerto ya no está estanco, podrido, ni lleno de moscas. Ahora opera sobre la realidad, va con su música por todas partes y deambula por la calle entre la gente. Nuestro muerto ya tiene vida.
En esta idea de movimiento, es muy interesante y conviene acotar, en función de pensarla con mayor detenimiento, que “Coming out” es un gerundio, es decir una acción en transcurso, un discurrir en el tiempo. De este modo es que el tránsito de lo oculto, transformando la realidad, se plantea como infinito ya que se reactualiza con cada persona o ámbito nuevo en que interactuamos.
El coming out de un sujeto conlleva que al contacto con el otro ya sea amig@, familiar, compañer@ de trabajo, etc. éste último deba poner en cuestionamiento sus prejuicios, valoraciones y miradas sobre lo diferente que implican una desestabilización de lo preestablecido. Esto es así ya que en el acto mismo de la enunciación cada vez que se dice “yo” entonces se postula un “tú” y un “él” que existen sólo en función de esa primera persona. De ahí se desprende que cada vez que “yo” se transforme necesariamente deberán hacerlo “tú” y “él”.
Como dijimos anteriormente, son muchas las pautas legitimadas socialmente que cada persona debe cumplir si quiere acceder a ciertos “beneficios” que ofrece nuestra sociedad a cambio. Así, ser heterosexual, o sea preferir a personas del sexo opuesto, es una de las características de lo que se conoce como “Héteronorma”. La héteronorma implica no sólo ser heterosexual, sino también la manera de comportarse. Así, para acceder a los beneficios civiles del matrimonio además de elegir a alguien del sexo opuesto, hay que prometerle fidelidad, convivencia, descendencia, amor eterno, etc. Es decir hay que acogerse (¿o no cogerse?) a las reglas que implican hacer del amor y su discurrir una institución, que como tal es fija. Poder reflexionar estas cuestiones y confrontarlas con la realidad deseante de cualquier sujeto implica ver que los armarios donde guardar la subjetividad identitaria son muchos y cada puerta que se presenta requiere ser abierta con mayor o menor facilidad. Esto hace del coming out un proceso ad infinitum, es esa necesidad de no estancarse, sino de afianzarse, de no detenerse, sino de avanzar.
Sería incorrecto dejar de lado que este proceso, este paso hacia una instancia de circulación social desconocida suele venir acompañada de complicaciones relacionadas con los espacios de sociabilidad del sujeto en cuestión. La soledad como amenaza y la falta de actores que sirvan de soporte o sostén frente al peso del cambio, a través de grupos de contención y pertenencia son dos variables generalmente presentes en este tránsito. Es amenazante la aparente fragilidad del yo frente a la coacción del colectivo social, frente al peso del hecho social.
Si tomamos la salida del closet en nuestra sociedad actual, aparecen diversas y novedosas variables que hasta hace unos años eran impensadas. En primer lugar, el auge de internet posibilita un acceso a la información antes inédito. Esto permite que un adolescente utilizando cualquier buscador o sala de chat ya puede estar en contacto con iguales, aunque sea virtualmente. Así, también se facilita la posibilidad de conseguir direcciones de lugares adonde acercarse a buscar información o conocer gente.
No se puede ignorar tampoco que nuestra sociedad “light” superficialmente es más permisiva con las parejas del mismo sexo, ya no tanto con las travestis o trans. Así, ya no es tan raro ver hombres o mujeres besándose en tv en horarios centrales, Florencia de la ve es primera vedette en calle corrientes y el grupo Miranda! juega con la ambigüedad mostrando hombres “heterosexuales” con brillitos en la cara. El corrimiento del modelo rígido de años anteriores facilita que la salida del closet sea cada vez más precoz y menos problemática, aunque no por ello inocua.
Como conclusión de este trabajo quiero decir que la única forma de ser normal es siguiendo nuestra propia norma, la de cada uno y que esa norma no es más que el resultado de todo aquello que uno pueda construir explorando sus fueros más internos y echando luz a los costados oscuros. Abrir cada armario que uno construye es una tarea tan ardua como satisfactoria. Construir la propia realidad es tocar la propia música, es un acto de liberación genuino, es aquello por lo que vale la pena vivir, es responder a la negatividad con orgullo, es ser únicos, irrepetibles y maravillosamente singulares.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Contigo en la distancia


Cuando reviso mis fotos más o menos cotidianas encuentro que, generalmente, siempre son los mismos los que están ahí. Esos que el miércoles cuando nos despedimos nos decimos “nos vemos el sábado en…”, los que ya tenemos armado el próximo plan que nos va a reunir y los que van acompañando nuestro camino en pequeñas y grandes cosas.
Sin embargo, cuando reviso la agenda del celular o fotos un poco más viejas aparecen muchos otros amigos, historias o vínculos que ya no son cotidianos, con quienes no está el “te veo mañana”, pero que me doy cuenta de que por dentro tienen la misma importancia de siempre, aunque sea desde otro lugar.
Muchos son los amigos que ya no veo casi, pero que nos reúne, nos convoca un recuerdo importante, un espacio de vida común que protege nuestra memoria. A veces hablamos sólo para los cumpleaños, pero qué feliz me siento cuando atiendo el teléfono y son ellos…
Tener una historia construida, un espacio propio, un afecto sincero es más que suficiente, para mí, para mantenerme unido más allá de lo circunstancial, de lo diario. Cómo podría enojarme o descartar lo trascendente cuando cada uno tiene que seguir andando, para donde necesita, para donde puede. Los ritmos de vida, los caminos escogidos, las necesidades cotidianas bifurcan los rumbos, las direcciones. Dejamos de frecuentar algunos espacios, pero eso que se conserva desde la memoria es suficiente para que la ligazón afectiva sea sólida. Es imposible traicionar a la memoria, ella se hace marca en el cuerpo, se hace registro de una historia, se hace fundante. A veces ni siquiera una pelea logra desbaratar el afecto pasado, si fue profundo.
Me gusta cruzar el espacio y el tiempo para encontrarlos, me gusta saberlos ahí, me gusta saber que si se acercan, aunque sea una vez cada tanto, es porque lo que hicimos fue importante, legítimo.
El cuatrimestre pasado me pasó que un día salgo a la noche de la facultad y desde un auto me tocan bocina, miro y era una amiga del secundario a quien ya no veo, pero que vive a la vuelta de mi casa y como me vio en un aula, me esperó para llevarme. Desde ese día, todos los lunes nos volvimos juntos, charlando, unidos por esa amistad, que es ayer, que es haber crecido uno al lado del otro, que es conocernos desde chicos. Que ya no nos veamos modifica, claro, pero no invalida, hay una esencia, un patrimonio común… Cada vez que me la encuentre será una amiga, será un reconocimiento, un abrazo y un afecto. Qué importante!

jueves, 15 de noviembre de 2007

Orgullosos de qué?


Introducción

Año tras año, llegado el mes de noviembre comienza a generarse en mí una ansiedad particular por las actividades sobre el Orgullo GLTTTBI que tienen lugar en Buenos Aires. Así, recorro cines, charlas, obras de teatro y recitales. El broche de oro lo da la marcha del orgullo con su colorido, su espíritu festivo y la fuerza que genera la presencia de miles de personas poniendo el cuerpo por una misma causa. Muchas cosas se movilizan en estos días, un arraigado sentimiento de pertenencia aflora manifestándose en mi piel y sentimientos. Las ganas de cambiar la historia, de zanjar el camino, de construir el espacio común, de pensar en el otro vuelven a dar vueltas en mi cabeza. Es como si recibiera la dosis de fuerza necesaria para seguir el resto del año en ese trabajo diario que es validar mi propia identidad, y con ello la de los demás.
La ilusión de lograr de una vez por todas una comunidad parece revivir y por momentos cree encontrar alternativas para consolidarse. Sin embargo, ese sueño teñido de cierto hippismo latinoamericanista, parece disolverse apenas finalizan los acordes de Soy lo que soy dando final a la marcha del orgullo, momento en que el sueño compartido parece terminar para volver a la desolación de los boliches.
La identidad está de fiesta estos días y siento que no puedo menos que tratar de reinventarla, de alimentarla para que se forje única, sincera, erguida. La fuerza saldrá desde ese lugar y la posibilidad de generar una participación activa también.
En este recorrido tanto personal como colectivo por las actividades, suelo conversar esta cuestión con mucha gente (ajena o no a “lo gay”) y generalmente surgen ciertos comentarios positivos acompañados por una pregunta que parece repetirse eternamente: “pero… orgullosos de qué están?”. Ante esta demanda, más de una vez me quedé perplejo e hice grandes esfuerzos por traducir en palabras la suma de sentimientos que me generaba festejar mi identidad con mis semejantes año tras año. Titubeo tras titubeo, y sin dejar de sentir ganas de participar, comencé a tratar de dilucidar de qué se trataba esta cuestión del orgullo.

Algunas consideraciones sobre el orgullo.
Aproximación histórica.

La palabra orgullo, con su fuerza arrolladora, parecía ser aquello que a todos les hacía ruido y lo que yo no podía terminar de explicar. Como punto de partida en mis disertaciones personales, pensé que el sólo hecho de pertenecer a la “comunidad GLTTTBI” no era más que una característica entre el crisol de rasgos que definen mi persona. Sin embargo, en la cuestión gay parecía haber algo que diferenciaba ese rasgo de los demás y que hacía que me manifieste de esa manera con respecto a ello. Buscando esa razón, llegué a la certeza de que si no hubiera sido gay, hoy no sería la misma persona, los sueños serían otros, los miedos también y, lógicamente, mi posición en el mundo sería diferente. Esta cuestión de lo gay como constitutivo me quedó más clara aún cuando surgió la idea de que si las personas fuésemos pinturas, entonces la sexualidad sería algo así como el color o el material del lienzo sobre el que estamos pintados. Los trazos son muchos y fundamentales, pero el telón de fondo, el que sostiene el esquema personal es el espacio en que se deposita la líbido, el deseo y el principio comunicador con la alteridad.
En un marco en el que surgen tantas cuestiones intrínsecas es que aparece la palabra orgullo resignificando estas características y poniendo de manifiesto una primer cuestión: el nivel visceral, vivencial y sentido del término. Uno nunca puede estar orgulloso sino de lo que vive y late dentro de uno, así sea un trabajo logrado, una persona que ama, o la sexualidad propia, todo ello se detenta con orgullo en tanto pertenecen al campo de lo más internamente asumido como propio, y digo propio dejando de lado la noción de apropiación como pertenencia material, sino como verdadera incorporación.
Siguiendo esta línea, y como primer ejercicio, me predispuse a buscar cuáles eran los distintos rasgos semánticos de la palabra orgullo. La herramienta inmediata, lógicamente, fue el diccionario y encontré dos acepciones que me resultaron interesantes por su dicotomía: “Opinión demasiado buena que tiene uno de sí mismo. Arrogancia. Fatuidad. Ostentación. // Sentimiento elevado de la dignidad personal // Conciencia del propio valor que puede nacer de causas nobles.” La primera luz que surgió de esta búsqueda fue la posibilidad de develar, en algún sentido, el por qué de la resistencia de los demás al escuchar el término Orgullo aplicado a lo gay y su consecuente militancia. La idea de arrogancia como eje conductor del orgullo gay, sin embargo, no creo que sea un factor que permita circunscribir el concepto dado que el mismo está forjado desde un espacio de resistencia que conlleva a revisar algunos aspectos de la historia.
El concepto de orgullo gay surge a partir la conocida revuelta de Stonewall ocurrida en el boliche Stonewall Inn en la ciudad de Nueva York el 28 de junio de 1969. La noche del 27 de junio el bar fue víctima de la tercer “razia” policial de la semana y los que en él se encontraban, no soportando la opresión reiterada, se defendieron de la policía con piedras, botellas y todo objeto que encontraran. Los hechos no concluyeron en ese momento, sino que la noche siguiente más de 2000 gays, lesbianas, travestis, transexuales, bisexuales y heterosexuales se congregaron a brindar su apoyo a quienes permanecían aún en el bar y a quienes habían sido liberados. La resistencia duró tres días y la voz del gay power surgió en las calles neoyorquinas dando lugar al florecimiento de 5 frentes de liberación gay en diferentes ciudades norteamericanas. Al año siguiente se realizó la primera marcha conmemorando los hechos y luego las mismas comenzaron a efectuarse regularmente, lo que dio lugar a una tradición que con el paso del tiempo cobró carácter internacional.
La introducción de esta reseña histórica permite poner de relieve dos cuestiones básicas. En primer lugar es fundamental ligar la noción de orgullo con una idea política indisociable. La respuesta de la juventud norteamericana en 1969 estuvo evidentemente cargada por la necesidad de un posicionamiento social y marca, por sobre todo, un quiebre contundente con respecto a la actitud de la comunidad GLTTTBI respecto del espacio social. El surgimiento posterior de agrupaciones militantes y focos de resistencia muestra los primeros trazos de organización frente a años y años de discriminación, silenciamiento, torturas, sufrimiento y muertes. La noción de orgullo, en este contexto, está impresa en un fondo de contrapartida, respuesta, reacción a la estigmatización social opresiva que operó por siglos, y sigue operando, sobre la comunidad GLTTTBI. El orgullo, pensado desde hoy, tal vez no sea entonces el orgullo de ser gay únicamente como si fuera un rasgo en sí mismo destacable en cada persona, sino que, como continuación de sus orígenes, el orgullo gay es el orgullo de la superación, el orgullo de la resistencia, el orgullo de haber levantado la voz, de haber sembrado la primera semilla de lo que sería un cambio histórico a nivel mundial. Nadie puede negar las consecuencias de esa revuelta y la posibilidad de pensar el orgullo como posicionamiento respecto de la historia es una noción sumamente interesante. En este sentido, considero pertinente traer a colación las palabras de Osvaldo Bazán en su “Historia de la homosexualidad en la Argentina” en que enuncia que la historia de la homosexualidad no es más que la historia de una represión. La paulatina superación de dicha represión es entonces un clarísimo motivo de festejo.
La segunda cuestión básica surgida de revisar esta reseña histórica puede pensarse claramente si le adicionamos a esta idea del “orgullo de la resistencia”, la noción del orgullo como contrapartida de la estigmatización. En este sentido, la definición de orgullo como “Sentimiento elevado de la dignidad personal. // Conciencia del propio valor que puede nacer de causas nobles” cobra toda su fuerza en el marco de la interacción social. La discriminación diaria, las miradas torcidas, la abominación de la diferencia, la falta de derechos, el trato como enfermos, pecaminosos, etc. exige una respuesta desde la elevación de la dignidad personal, como reconfiguración del amor propio, erigir la autoestima es entonces una buena forma de encarar la visibilidad y de poder trocar el posicionamiento frente al otro desde un lugar político social que funde estas cuestiones en otra dirección.
La palabra orgullo pensada entonces como respuesta política y fundamentalmente como espacio en que se erige la dignidad personal y colectiva es el primer significante en una cadena de significaciones surgidas alrededor de la militancia homosexual. Conviene en este punto, pensar la idea de identidad colectiva como un estado de conciencia implícitamente compartido por individuos que reconocen y expresan su pertenencia a una determinada categoría de personas que se presenta como comunidad. La construcción de signos es la apropiación de ese espacio como propio y la consecuente señalización de la diferenciación con el otro, con los correspondientes riesgos de autodiscriminación y encierro. El concepto de orgullo gay, entonces, implica diversas cuestiones que van desde una marcha, una bandera, hasta toda una serie de rituales y actividades de las cuáles estamos participando y que conforman el modo de expresión de un grupo identificatorio. La apropiación del término en este folklore implica un posicionamiento claro que merece ser reflexionado por cada individuo que, luego, adicionará sus cuestiones personales y construirá su propia noción de comunidad.

Una mirada desde la actualidad

La traza de una reseña histórica acerca del concepto de orgullo y sus respectivas consecuencias político sociales a nivel mundial implican una reflexión acerca de estas cuestiones en el hoy. Creo fundamental señalar como punto de partida, la necesidad de seguir trabajando en este sentido mientras siga habiendo sufrimiento causado por discriminación o cercenamiento. Ante una sociedad aparente más “abierta”, más “tolerante”, pareciera que se desdibujan ciertos espacios de reivindicación de lo propio. La incorporación de lo gay a las estrategias de mercado operó como la clave de una incorporación ficticia al mundo global. La proliferación de los boliches gays, acompañada del surgimiento de empresas de turismo gay, gimnasios para gays, ropa para gays, etc. parecieron echar luz sobre un cierto registro de parte de la sociedad en general respecto de la comunidad homosexual en particular. Sin embargo, conviene hacer notar que la integración justamente parte de compartir los espacios y por lo tanto generar la socialización, pensar la libertad como la posibilidad de tener cuatro boliches en lugar de dos creo que es aceptar una delimitación del espacio que nada tiene que ver con la búsqueda de una dignidad personal. La posibilidad de que existan espacios específicos es interesante en tanto no funciona como factor limitante, como espacio único de circulación y ejercicio del deseo. La integración depende únicamente de la integración y el diálogo con la sociedad toda como espacio de reformulación del yo colectivo frente al tú y ellos.
La resemantización de los símbolos en este mundo Light, entonces, es un ejercicio de recuperación histórica que conlleva una mirada comprometida del presente, una posibilidad de operar sobre la historia y, sobre todo, el sentimiento de responsabilidad que implica el respeto por nuestros antepasados que nos dejaron un mundo en el que ahora podemos conversar estas cuestiones y el respeto por las generaciones venideras que deben encontrarse con un mundo en el cuál no sean válidas las constantes sanciones de la diferencia y la libertad para ejercer la propia personalidad sea moneda corriente.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Sandra Mihanovich y Marilina Ross - Tiempo de encrucijada


Sandra Mihanovich y Marilina Ross unieron sus voces muchas veces a lo largo de sus carreras. Siempre estuvieron ligadas como autora e intérprete y Sandra le ha dado una gran mano a Marilina para poder consolidarse como cantante cuando ella estaba prohibida.
A pesar de una ligazón que viene de años y de que es fácil relacionar a una con la otra, es bastante difícil conseguir audios de ellas dos cantando juntas. Nunca grabaron un disco completo las dos y apenas Sandra tiene una participación en el último disco de Marilina y unos coros en la versión original de Puerto Pollensa.
Sin embargo, ellas unieron sus voces en dos espectáculos que presentaron en el teatro Maipo en los años 2001 y 2002. El primero de los espectáculos se llamó “Un lugar, un sueño”. El segundo se llamó “Tiempo de encrucijada”. Tuve la suerte de poder ver ambos espectáculos (y eso que con la música llegué tarde a todo!!)
Cuando vi “Un lugar, un sueño” apenas conocía dos o tres canciones de Sandra y de Marilina sólo “Honrar la vida”.
Para el segundo espectáculo ya las conocía un poco más, sobre todo a Sandra. A pesar de esto, luego del recital puedo decir que éste me acercó más a Marilina.
“Tiempo de encrucijada” se construyó a partir de la emergencia de la crisis del 2001 en la Argentina. Es un recital en que presentaron tres canciones nuevas referidas a este tema, que están grabadas en versión de estudio en un simple que tuvo una difusión casi nula y es muy difícil de conseguir.
A la situación crítica del país, que fue uno de los ejes del espectáculo, se sumaba la crisis que había atravesado Marilina respecto de su salud, que fue el otro eje. Infarto, enfisema pulmonar, una internación larga y un transe que dejó como saldo una salud delicada y el abandono del cigarrillo. Marilina pisaba un escenario por primera vez después de su enfermedad y lo hizo notar. El comienzo del recital recuerdo que era Sandra con una silla de ruedas buscando a Marilina. Durante todo el espectáculo surgieron humoradas al respecto y hasta Marilina cantaba “Siempre así” sentada en la silla mientras Sandra la llevaba de aquí para allá. A mí en lo personal mucho no me gustó el toque de la silla de ruedas, pero se ve que ella necesitaba expresar eso que había atravesado de alguna forma y bienvenido sea que se exprese.
Otro tema nuevo que habían preparado era “Nace un nuevo corazón” de Roxana Amed, que luego fue grabado por Sandra en forma solista en el disco “Sin tu amor”. Este tema refiere a esa crisis personal de Marilina, a ese corazón que renacía después de la tormenta.
En este post, quiero compartir el audio de uno de los recitales que hicieron para este ciclo. No sé si es el que yo fui porque el audio me lo pasó una amiga en el 2003 (Gracias de nuevo Pato!). El sonido es muy bueno. Se nota que está tomado de un grabador periodista (y no de consola), pero las voces son claramente audibles, tiene volumen y se distinguen bien los instrumentos, además de no tener ruidos molestos.
Este disco ofrece la posibilidad de escuchar algunos clásicos de cada una pero interpretados por el dúo. Otro aporte de este audio es la canción “Si” de Marilina, que es una hermosa versión castellana del tema “She” de Charles Aznavour que, lamentablemente, nunca grabó en estudio.
Como yapa, además del recital voy a compartir ese simple que editaron con las tres canciones nuevas en versión de estudio. Este simple fue el último disco que salió bajo el nombre de Marilina Ross, antes de que se retirara. Por esto tiene ese valor extra.


2002 - Tiempo de Encrucijada en vivo en el Teatro Maipo

01 - Aquí estoy y aquí me quedo (Sandra y Marilina)
02 - Con el agua en la boca (Marilina)
03 - Mil veces lloro (Sandra y Marilina)
04 - Casi sin querer (Sandra y Marilina)
05 - Twist del Mono Liso (Sandra)
06 - Quereme... tengo frío (Sandra y Marilina)
07 - Es como (Sandra)
08 - Si (Marilina)
09 - Todo me recuerda a tí (Sandra)
10 - Hipocresía (Sandra)
11 - Dios ha muerto (Sandra y Marilina)
12 - Encrucijada (Sandra y Marilina)
13 - Simple (Sandra y Marilina)
14 - Contra viento y marea (Marilina)
15 - Sobrevivientes (Sandra)
16 - Siempre así (Sandra y Marilina)
17 - Nace un nuevo corazón (Sandra y Marilina)
18 - Soles (Sandra y Marilina)




2002 – Encrucijada (simple)

01 – Hipocresía (Sandra)
02 – Dios ha muerto (Sandra y Marilina)
03 – Encrucijada (Sandra y Marilina)

jueves, 8 de noviembre de 2007

No a las papeleras!


Quiero discutir el tema de las papeleras desde la política, porque es una clara muestra de la política internacional, de configuración geopolítica respecto de los países tercermundistas.
En 1992 el Banco Mundial emitió un documento interno que, por un desliz salió a la luz. En ese documento llamaba a los países del Primer mundo a enviar a los países tercermundistas todas las empresas que resultaran sucias para el medio ambiente. Para justificar esto se basaron en las ventajas comparativas que en términos económicos tenían estos países. Dichas ventajas residen en tres cuestiones fundamentales:
1) Las vastas zonas que quedan sin contaminar.
2) Los sueldos magros que se pueden pagar a los operarios (muchas veces niños y niñas), generando puestos de trabajo esclavo.
Además recordemos que los cargos jerárquicos son ocupados por personas que vienen del país que pone la planta.
3) Que la población antes de morirse de cáncer se muere de hambre, así que el cáncer en el tercer mundo no nos afecta tanto como en el primero (Sí, lo que leen!! Esta información la pueden chequear en el texto "Patas Arriba" de Eduardo Galeano).
Botnia es un ejemplo del poder de respuesta que tiene el Banco Mundial sobre los países primermundistas. Finlandia, atendiendo estas “ventajas” comparativas decidió invertir en el Uruguay, pero claro, los beneficios no son para el Uruguay, ni para su pueblo.
Finlandia obtendrá réditos por doquiera. En primer lugar, altas ganancias por bajísimos, paupérrimos costos. En segundo lugar leyes “blandas” para operar en materia laboral y de impacto ambiental. En tercer lugar tiramos la basura de que lo consumimos en casa ajena.
Qué nos queda en el tercer mundo? Juntarnos a cantar “Estamos encantados de tener un basurero nuclear”… digo, por no llorar…
Cuáles son los beneficios de estas “benditas” inversiones extranjeras para el Uruguay, en este caso, o para América Latina, si lo pensamos en general? El engrosamiento de los bolsillos de una clase política corrupta que imita los modelos de despilfarro económico, para no ser menos que los primer mundistas. Lo demás que queda por estos pagos es la devastación de los recursos naturales y también la generación de trabajo esclavo o infrahumano para la población (recordemos a las cajeras de supermercado que atendían en pañales).
Qué hacen los estados frente a todo eso? Tergiversan. Plantean el conflicto en términos nacionalistas y de soberanía. Pero no entre Argentina y Uruguay (países abusados) y Finlandia (país abusador). Divide y reinarás. Con la mejor estructura de un Boca – River y, apelando a los más pelotudos accesos nacionalistas, queda todo en términos de Argentina vs. Uruguay y toda discusión se reduce a ver quién la tiene más larga.
Lamentable, pero estamos a días de que Botnia empiece a funcionar. El río no seguirá siendo de los pájaros y tal vez no sea más un cielo azul que viaja. Quedará el folklore como testimonio de otra edad de oro perdida para América Latina, de otra identidad que dejamos ir, de un ceibal que seguirá llorando sangre.

Río de los pájaros
(Aníbal Sampayo)

El Uruguay no es un río,
es un cielo azul que viaja,
pintor de nubes,
caminos con sabor a mieles ruanas.

Los amores de la costa,
son amores sin destino,
camalotes de esperanzas,
que se va llevando el río.

Chuá, chuá, chuá, ja, ja, ja,
no cantes más torcacita,
que llora sangre el ceibal.

Morenita lavandera,
biguacita de la costa,
enrrollate la pollera,
ponete a lavar la ropa.

Tu madre cocina charque,
tu padre fue río arriba,
y vos te quedaste sola,
lavando ropa en la orilla.

Chuá, chuá, chuá, ja, ja, ja,
no cantes más torcacita,
que llora sangre el ceibal.

Canoíta pescadora,
aguantame el temporal,
si mis brazos no se cansan,
remando te hei’ de llevar.

Guricito pelo chuzo,
ojitos de yacaré,
barriguita chifladora,
lomito color café.

Chuá, chuá, chuá, ja, ja, ja,
no cantes más torcacita,
que llora sangre el ceibal.

Chuá, chuá, chuá, ja, ja, ja,
no cantes más torcacita,
que llora sangre el ceibal.

PD: Recomiendo visitar el blog Impredecible para ver las implicancias químicas del tema.

martes, 6 de noviembre de 2007

Cuando estoy enfermo... la Chiqui


Cuando tengo fiebre, gripe o resfrío (como hoy), no me afectan ni el dolor de cabeza, ni el dolor de huesos, ni el embotamiento, ni el cansancio o la debilidad.
Todavía me queda esa tara de las épocas del colegio, de esos días robados a la responsabilidad. Faltar al colegio, al laburo!! Qué placer! Aunque ahora mi papá ya no me traiga regalos cuando vuelve de trabajar.
Cuando me enfermo aprovecho para andar en chancletas todo el día, para dormir la siesta, para escuchar un poco de música y, un clásico de mis días afiebrados, para mirar a Mirtha Legrand.
Debo reconocer que siempre la detesté a la Chiqui por vieja oligarca, pero ahora aprendí a mirarla como es debido, desde el humor. Es un show aparte esa mujer. Su construcción de la figura de diva, estrella y reina de la farándula es impecable. Como saluda, como muestra su ropa, como comenta sus eventos sociales y su vida junto a Marcelita, o sus recuerdos de Daniel y Danielito.
Hoy en lo de Susana se mandó la máxima de la máxima. Primero ofreció una seguidilla de autofelicitaciones por su maravillosa vida y trabajo. Luego Susana le preguntó cómo andaba la Chiqui de entrecasa y para rematarla de brillo y glamour dijo que ella en zapatillas no sabe caminar, que se tropieza y le duelen las piernas, que ella sólo sabe caminar con tacos. Me agarró tal ataque de risa que no podía parar, es too much! Esta escena compite con la vez que grabó el videoclip de "Yo que soy" con Joaquín de Pimpinela. Que diosa! Grandes momentos de la TV argentina!

sábado, 3 de noviembre de 2007

Fiebre uterina


La primera vez que vi en vivo a Valeria Lynch fui de acompañante. Yo venía escuchando música bolchevique a lo León Gieco y Silvio Rodríguez que, será muy linda, muy sentida, pero lo que se dice apasionada no es.
Debo reconocer que entré con prejuicios al recital, que fue en Sitges. El lugar se llenó, Valeria salió divina. Las tortas gritaban enamoradísimas, las maricas con una exaltación imposible de contener y hasta algunas travas coreaban de fondo. Todo un escandalete total!
Jamás conocí artista más simpática y agradable que Valeria, quiero recalcar esto, jamás! Con abrazos y besos recibía a la gente, con gestos de una humildad subrayable.
A medida que iba pasando la noche, yo, que creía no conocer nada de Valeria, iba repasando hits en mi cabeza que me fueron llevando poco a poco a corear “Piensa en mí… que yo voy contigo donde quieras hasta el fin...”. Uno tras otro… “Me das cada días más…”; “¡Qué ganas de no verte nunca más!…”
Y así fue pasando. Hasta que sonó “Atormentada por amor, mujer dolor”. Esas palabras le dieron entidad a los ovarios que llevo en el alma. Sí, fue el desborde total, el sentido de estar ahí. En ese momento comprendí todo, o más bien lo sentí, se hizo carne, como deben ser las canciones de Valeria. Dejemos el intelecto, la pose. La entrega ya fue total. Terminé aplaudiendo de pie, gritando como desaforada (sí, desaforado sería una impertinencia en ese contexto).
Para saber escuchar la música hay que ver desde qué lugar uno se para. Cuando escucho a Silvio, la revolución va por fuera. Cuando escucho a Valeria, va por dentro, es hormonal, intrínseca. Me pasa por el sexo. Es como alcanzar el hervor, la ebullición incontrolable, el desenfreno.
Luego vinieron los discos y conocer bien las canciones: Señor amante, Muñeca rota, Fuera de mi vida, Cambias mi amor… y ahí el derrape. Explorar mi costado femenino más tremebundo. Encerrarme en el cuarto a cantar “Yo sin él”. El descontrol pulsional, la lucha por no ser “mujer objeto”. Gritar que “a él le sobra el tiempo como a mí… a él le arde la sangre como a mí…”. Pura mariconada de la buena.
Un tiempo después vino el primer teatro grande para ver a Vale. La presentación de “Vivo por Valeria” en el Ópera. Una gran sorpresa. Fans por doquiera, banderas, mucho griterío, mucha pluma, mucho brillo. Un escándalo!! Hizo como siete cambios de vestuario, coreografías, juegos de luces… Mucha producción, todo muy canal 9 (el de la palomita, sí). Nunca había visto un show así, con tanta producción y brillo. Me encanta, por ejemplo, que Marilina haya usado el mismo pantalón de cuero y remera blanca en todos los shows que la vi. Pero también me encantan los cambios de vestuario de Valeria, sus aires de gran diva, pero sin petulancias, sin dejar de ser de Villa Urquiza. En el fondo, debo confesar, a Valeria le envidio esos vestidos divinos que usa… Ay! Quisiera ser ella cuando está ahí!
Anoche fui por quinta vez a un recital de Valeria y es incontenible! Ya no hay retorno. Siento que se me sube un calor interno que debe ser lo más parecido que puedo sentir a una fiebre uterina. Siento que mi gineceo grita, despechado de pasión, por algún chongo desalmado que no sabe querer.
Sentirse seducida, insaciable es casi un destino en las canciones de Valeria. Poner el cuerpo indefectiblemente, como una loba… o también rechazar, liberarse y poner ese límite que tanto trabajo nos costó… “No empieces a quitarte la camisa, no vas a convencerme como siempre… yo fui esa pared que utilizabas para apoyar la piel de vez en cuando…” Ja!! Cuánta pasión!
Y también me pasa que no paro de reírme, por consustanciarme con personajes tan extremos.
A todos les recomiendo ir alguna vez a algún recital de Valeria. Vale la pena. La producción y la profesionalidad de ella son impecables. Anoche la miraba y cada brazo, cada pierna, cada postura estaba delicadamente construida. Un lujo de laburo y arte.
Hay que dejar liberar esas pulsiones también. Que lindo es el arte popular, el grito colectivo!
Me sigue encantando Silvio, León, también Spinetta, incluso Nirvana… Pero en el otro rincón, Valeria abrió la brecha de la pulsión pura, femenil, gritada de apasionamiento. Que bueno, me regaló una forma de sentir!

miércoles, 31 de octubre de 2007

Para Ale...


¿Cómo abrazar cuando se hubo despojado todo? ¿Cómo enriquecer rincones sombríos, recuerdos que galopan hasta la fiebre? ¿Cómo decir la palabra justa? ¿Cómo hacer que el silencio no nos corte, afilando soledades terrenas?
Quiero llenar tu vacío con presencias. Si pudiera regalarte eternidad. Si pudiéramos superar el tiempo.
Salvá tu memoria de lo que te pase. Recogé los bálsamos de lo que duele. Recordá cada abrazo, cada tarde junto al sol de la vereda. Es tuya su labor de guardiana frente a tus juegos de niño inocente. De ella entenderás el alimento. Obrá con esa protección, desparramala por tu cuerpo. Volá cada vez que el alma y el sentimiento se vuelvan tierra seca. Buscá agua en la luna, invocá lluvias cargadas de futuro. Zambullite en algún mar perdido, peleá contra las olas que amenacen. Entregate ahora al sentimiento que mañana te sigue el tiempo, el que llevás entre tus pies y el que no acaba nunca.
PD: Este post fue ilustrado por Christ

viernes, 26 de octubre de 2007

Esos hijos del tiempo


Todo es luz. La luz contiene todo lo que vemos. Cada movimiento, cada gesto, cada rasgo viaja en la luz a una velocidad que para nuestra cabeza, para nuestras posibilidades de pensar es infinita.
Ayer me senté en la plaza. Los que caminaban por ahí me vieron, los que estaban asomados a sus ventanas también me vieron. La luz que transportaba esa imagen mía viajó tan rápido que era simultánea para todos los que la veían. Esa luz sigue viajando, 300.000 kilómetros en un segundo. Ya estoy tan lejos!! La velocidad no es otra cosa que el espacio dividido en el tiempo.
Imagínense si pudiéramos alejarnos a distancias impensables de la Tierra, tan lejos que olvidáramos nuestros nombres, diría Silvio. Entonces, la luz que por allí viajara contendría imágenes, tal vez más antiguas que yo sentado en una plaza. El tiempo y el espacio se abrazarían como dos coordenadas que sólo son absolutas para la pequeñez del hombre. El tiempo dejaría de ser la eterna variable independiente, para ser relativa, maleable y menos agotadoramente implacable.
El viaje al pasado existe. El tiempo no es lineal, porque esa luz que me lleva está viajando y en ese viaje el pasado es presente. Todos los tiempos están contenidos en este momento, cada segundo, cada era. Cada punto de ese recorrido es un tiempo, una posibilidad, una proyección.
De la misma forma, todos los colores se contienen en la luz blanca. Todo lo que podemos ver, todas sus variantes se sintetizan en la expresión de la luz.
Todos los tiempos, el tiempo. Todas las luces, la luz.
Las distancias, tiempos y tamaños espaciales me conmueven, me emocionan, me hacen perder el sentido. Siempre me pasó eso, cuando los recorro siento que rayo la locura, que lo impronunciable del universo me vuelve inasequible todo lo que intente conocer. Ahí es donde mi mente dice basta. Lo único que me queda es la contemplación, la maravilla, la irrealidad. La razón está muy lejos de todo eso. Muy lejos de todos los tiempos, de todas las luces. Qué es real de la realidad?? Acaso la realidad no es sólo una forma de ver las cosas?? Todas las luces, todos los tiempos, todas las realidades (irreales).
Cronos sigue devorando a sus hijos, pero también los proyecta, los desparrama. Eos, con sus dedos rosa, nos recoge y nos lleva, quién sabe adónde, mucho más lejos de lo que Atenea puede concebir. Atenea, furiosa, emprende la batalla contra todo, emergida de la cabeza de uno de los hijos de Cronos. Propone trazas donde posicionarse, estrategias de guerra, para no estar tan sólos, para no estar tan lejos, para no estar tan poco.
No puedo desmaterializarme para ser concepto. Sólo soy carne que late y también soy reflejo que viaja en otros tiempos, reflejo que vive, imagen que perdura en el espacio, en un espacio infinito, en una vida infinita. En qué lugar estaré naciendo?? En algún lugar ya estoy muriendo?? En qué lugar estoy ahora??
Más allá de todo esto, mañana Eos me vuelve visitar, nos vuelve a visitar. Sus dedos rosados nos volverán a abrazar, nos volverán a llevar de viaje. Una vez más, el tiempo cae, corre, vuela, gira, se desparrama y nosotros, los vagabundos del espacio, los hijos del tiempo, nos sentaremos en alguna plaza, charlaremos con algún amigo, viviremos las escenas cotidianas, como si el espacio que andamos fuera todo el espacio, como si nuestro reloj fuera dueño de toda la eternidad.

“No hay nada aquí,
sólo unos días que se aprestan a pasar,
sólo una tarde en que se puede respirar,
un diminuto instante, inmenso en el vivir
después mirar la realidad
y nada más
y nada más”

(Silvio Rodríguez)

domingo, 21 de octubre de 2007

Buenos Aires y yo


Mi primer paseo fue por la calle Cuenca, en Villa del Parque. Sí, Cuenca todavía era empedrada. El Shopping no estaba. En su lugar había una gran pizzería, bar que ya ni recuerdo el nombre. Había muchas más jugueterías, que en aquella época eran mi perdición. La estación estaba desvencijada, vieja. Tuvo que esperar la ola menemista para conseguir pintura y carteles más modernos, que acompañaran la circunstancia del nuevo Shopping.
El barrio es la primera referencia. Cuando mi experiencia sumaba sólo diez años, el barrio representaba ese lugar en que podía moverme, en que podía atreverme a un poco más. Salir a patear Cuenca, Nogoyá, Nazca, San Martín era común para mí. Me sentía orgulloso cuando me aprendía una calle nueva y, por supuesto, presumía de que “yo en Villa del Parque conozco todo…”. Ayer pasaba por la esquina de casa y me pregunté: “¿Cuántas veces pasé por esta esquina?”. 5.000?? quién sabe?… pero por ahí debe andar… Cuánto se aprende un lugar por el que se pasan tantas veces? Cómo hacer para que esos lugares no terminen siendo uno de alguna forma? Así me vaya de Villa del Parque, nunca el barrio podría ser un lugar más. "La geografía de mi barrio llevo en mí, será por eso que del todo no me fui" rezaba el tango... cuánta razón!
Acá estoy como en casa. A veces ni me cambio para salir, con las mismas chancletas, el shortcito de entrecasa, la remera descolorida, agujereada y hasta manchada está bien… “Si total voy sólo hasta Cuenca”…
La geografía explica el hombre, lo constituye, lo determina y condiciona su mirada. Un hombre de río es totalmente diferente a uno de montaña y otro tanto pasa con un hombre de mar. Villa del Parque alberga mi historia. Los lugares me van devolviendo imágenes que a veces ni yo recuerdo. La calesita de la plaza, el cine Bernasconi, la Cultural Inglesa. Hasta los clásicos negocios de Cuenca, los que parece que están hace mil años. La plaza devoto, mi querida plaza devoto: noches de adolescencia, tardes de caminatas.
Yo me doy cuenta. Cada vez que algún amigo que no es del barrio me visita por acá, me viene una incontrolable verborragia que me obliga a tratar de significar todo: cada esquina, cada casa. Ahí yo hacía tal cosa… allá tal otra… Esa es la casa de tal, que es amigo de tal, que es vecino de tal otro…
Las distintas zonas de la ciudad, las que no son las natales, las que no son nuestra casa se van habilitando de otras formas. Algunas zonas que son clásicos porteños nunca las signifiqué porque, como digo siempre: “la vida no me llevó”. Belgrano, Palermo, San Telmo no me pertenecen, aunque los visite, aunque los vea lindos.
Mi otro barrio es el centro. En el centro también estoy en casa. El centro fue mi primer viaje o más que mi primer viaje fue mi primer “mudanza” simbólica. Todos mis referentes del barrio se reinventaron en el centro a fuerza de una crisis de identidad. Me asumía puto y eso fue, literalmente, lo que implicó que construyera el centro como un nuevo espacio para mí. Los significados natales quedaron en Cuenca. La avenida Corrientes, la diversidad de las calles, de las gentes de distintas procedencias y colores, del trajín apurado eran ahora depositarias de mi nueva identidad. Ambos lugares me pertenecen porque yo estoy imbricado con esas geografías. Es increíble como la identidad y el espacio están amalgamados. Conozco bastante gente, sobre todo de provincia donde el contraste es mayor que el de barrio capitalino y centro, que cuando se traslada, cuando se muda incluso se termina cambiando el nombre, el apodo o habilitando algún primer nombre que estaba en desuso.
Hablar de una persona, de una historia es hablar de su geografía. Siempre recuerdo, no sin conmoverme, la historia de Mercedes, una amiga de mi mamá. Mercedes se crió en Devoto. A los quince años tuvo que exiliarse en España. Mandaba cartas afiebradas a mi madre, pidiendo datos, pidiendo referentes que le devolvieran su identidad, su ser, su Buenos Aires, su barrio. Pedía fotos de su casa, pedía a gritos saber la historia de sus viejos vecinos. Años después, Mercedes estaba muy enferma y desde el hospital llamaba a mi casa para decir que, en cuanto mejorara un poquito y los médicos la dejaran, lo primero que haría sería venir a la Argentina, que le preparáramos una cama. Dos días después del último llamado, Mercedes murió. Nunca volvió a su tierra. Recuerdo patente las lágrimas de mi vieja, ahora también las entiendo y hasta pude compartirlas en algún ejercicio de memoria. En la antigüedad la pena mayor que se podía dar a un criminal era el exilio. Mercedes no cometió ningún crimen, pero lo sabe bien.

Bajo el cielo de Mantilla
(Teresa Parodi – Mateo Villalba)

Se bajó en la estación de aquel pueblito
Caminó por sus calles aterida
Recordó las palabras de su padre
-es tan claro ese cielo de Mantilla-
Las casitas apenas dibujadas
Atardecen grisáceas y cansinas
En hilera debajo de los árboles
Todas son para ella parecidas

La que está en la cortada justo al lado
Del enorme almacén que da a la esquina
Es la nuestra Raquel, llame a su puerta
Y pregunte si están Marga o Dorita
Usted sabe de ellas, las ha visto
En las fotos que guardo de esos días
Son mis buenas hermanas, las mayores
Dígales que las quiero tanto, hija

Llámeme para adentro a cada paso
Llámeme con el alma, hijita mía
Tráigame si es que puede cuando vuelva
Un poquito de tierra de mantilla
Con los ojos cerrados se ha quedado
Aspirando ese olor a mandarinas
Ay! Qué lejos que queda Buenos Aires
De este cielo infinito de Mantilla

Los amigos de ayer decía su padre
Se juntaban de noche en la cantina
Y jugaban al truco hasta el cansancio
Tal vez sigan allí como esos días
Cuando llegue pregunte por el nacho
Pídale que le cante, niña mía
Nunca habrá de encontrar cantor como ese
Chamamé del mejor, qué maravilla

He venido a buscarlo en su pueblito
A llevarle la tierra que quería
La promesa he cumplido padre, piensa
Aunque usted ya no esté para vivirla
Y golpeó la puertita de la casa
La salió a recibir la vieja tía
Se perdió entre sus brazos sin palabras
Bajo el cielo infinito de mantilla

miércoles, 17 de octubre de 2007

Lealtad peronista




sábado, 13 de octubre de 2007

Cómplices del genocidio


Apenas un rato pasado el 12 de octubre y yo que venía con ganas de armar un post que hablara sobre la iglesia. Evidentemente ésta es una buena oportunidad. Sin dudas el día de la raza ha sido una de las mayores farsas de la historia de la humanidad. Aún recuerdo cuando la maestra nos decía en el colegio que los aborígenes eran algo así como tontos que entregaban oro por espejitos y que necesitaban la palabra de Dios porque eran salvajes, que debían ser civilizados. El hombre europeo, superior, por supuesto, había asumido esa función. Biblia y espada en mano, trajo la "verdad" y la "ley" (acompañadas por un poquito de muerte, apenas un continente, nada más).
Nunca se habló de las culturas que florecían en América. Jamás se dio cuenta de la infinidad de tradiciones y cosmovisiones que se habían construido de este lado del mundo. Nunca se dejó espacio para otras verdades, es que ése es el concepto sobre el que se construye el dogma, no hay verdad más allá de Dios. No hay razón, no hay pregunta, sólo hay fe. Es una de las formas de violencia cultural más fuertes que he conocido. Negarle a un ser humano la pregunta, por supeditarla a la fe, es la forma de anularlo más profunda, porque el pensamiento es el elemento fundante de toda cultura.
El continente americano estaba poblado íntegramente por una diversidad de culturas, razas y pueblos aborígenes cuya sangre, evidentemente se derramó (en nombre de Dios, claro). Hoy día en América esa sangre ya no está. No late más en nuevas generaciones sino en números muy escasos y, por supuesto, vilipendiados por todas las formas de violencia cultural y, además son propiedad de Benetton o de Tinelli.
Hoy somos casi todos descendientes de europeos. Los muertos siguen acá, la sangre corre por los ríos, se alberga como parte del paisaje, pero en la escuela festejamos. Flameamos la banderita nacional y bendecimos millones de muertes civilizadas para salvarnos del salvajismo aborigen.
La prohibición de las lenguas aborígenes y la evangelización fueron los dos pilares sobre los que se construyó la matanza más grande de la historia de la humanidad. Aún después de 515 años, se siguen silenciando, tradiciones, folklore y representaciones culturales originarias.
Siguiendo esta línea de participación eclesiástica es claro que la iglesia no trabaja precisamente para el amor, por lo menos no para el amor humano, capaz para el amor a la sangre, para el amor a las víctimas y, eso sí, para el amor a la única verdad! Las consecuencias nocivas de la iglesia son muchas. En primer lugar retomo la idea del dogma e insisto: Negar la capacidad de pregunta es negar la condición humana más básica, el pensamiento. Es negar también la posibilidad de discurrir, de disertar, de polemizar y por lo tanto de proponer, de ser libres, en tanto sujeción a la estructura de poder más fuerte: la idea del bien.
Otra cuestión que también es crucial en torno a la ideología cristiana es la apropiación del cuerpo. El diablo, desde el mito de la creación de Adán y Eva, sitúa en el cuerpo de la mujer, en su carnalidad, el pecado, la tentación, la serpiente, lo prohibido y, por lo tanto, la consecuente expulsión del paraíso. La oposición a esa imagen pecaminosa es la virtud, la imagen asexuada, desprovista de carnalidad de la Virgen María. El cuerpo es tomado como corrupción, porque es lo que muere, en oposición a un Dios que se supone eterno. El cuerpo, la materia es para la iglesia lo que hay que abandonar, lo que tiene que martirizarse para lograr la eternidad. Detrás del cuerpo se juegan cuestiones claves en torno del poder.
En primer lugar, se controlan y regulan los nacimientos. En segundo lugar, se reprime, encasilla o anula el deseo, que es siempre la faceta más libre, incontrolable e irracional de una persona. La operatoria de la iglesia en el dominio del cuerpo y del pensamiento tiene que ver, para peor, con una apropiación que lucra con la muerte, la desesperación e incertidumbre más grande de la humanidad. Ser virtuosos para conseguir la salvación. La iglesia intérprete de la tierra y el cielo, sosteniendo un diálogo imaginario con un más allá que nunca se podrá reponer. El sustento de este perverso sistema es proponer la noción de virtud a fin de conseguir dicha salvación. La idea de un ser humano virtuoso, en oposición a uno envilecido es el principio de superioridad racial básico y fundamental de todo nazismo y política fascista y racista: la diferencia es algo que hay que eliminar en función de una única verdad, que es Dios y que, además, es proveedora de virtud y salvación.
Las creencias de las personas en función de si hay o no un Dios, son menores en esta discusión. La polémica es de sesgo principalmente institucional y relativa a los grupos de poder. Sin embargo, considero que también es pertinente que cada uno se haga cargo de la institución a la cual suscribe con sus acciones. Hablar de las muertes provocadas por la iglesia durante la historia, no es ofender las creencias de nadie que no crea que esas personas debían morir.
“La única iglesia que ilumina es la que arde” proclamaban los anarquistas y yo a esto lo leo como una forma de quemar la idea de sentido único. Las iglesias se presumen dadoras de verdad, proveedoras de salvación e instauradoras de una virtud que pone a una persona por sobre otras. Quemar la idea de unicidad absoluta es abrir ese juego a las diferencias y es iluminarse uno mismo sumando la luz propia, con la de los demás. Nadie nos ilumina sino nosotros mismos, desde nosotros, entre nosotros y para nosotros. El sentido no está dado, lo debemos historizar, desnaturalizar y problematizar para poder transformarlo.Yo repudio abiertamente a las iglesias (a todas, no sólo la cristiana) propongo reconstruir los sentidos humanos desde los hombres y nuestras posibilidades, sin negarnos los cuerpos, ni el pensamiento. Me cago en una moral que anula las diferencias y, por sobre todo, invito al ejercicio de memoria porque a partir del día de ayer, nada más ni nada menos que todo un continente fue avasallado en nombre de Dios.

jueves, 4 de octubre de 2007

Mi cumpleaños


El paso del tiempo y todo lo que va quedando y todo lo que sigue, también. La marcha no se detiene, la circunstancia obligada de crecer. La circunstancia elegida de crecer. La necesidad de tener con quién hacerlo. Envejecer como una forma de llevar el propio tiempo, más allá del tiempo mismo. Una forma de amalgamar diferentes maneras de mirar la vida en una época actual, que en su interior contiene todas las demás épocas.
El cuerpo como depositario del proceso, como condición única de consecuencias insospechadas.
Los sueños que esperan, los que perdieron su estatuto. La mirada sobre los más chicos, sobre los más grandes.
Todo eso se condensa como parte de un ciclo estructurado en años, que se recorta para tener una posible lectura y comprensión. Hoy tengo otra conclusión más, un avance. Otra vez tomar conciencia de ver crecer los niños, de ver envejecer a los padres. Modificar la posición propia para seguir andando: más allá, más acá, quién sabe?.
Festejo, sí… Siempre lo festejo. Los ritos son necesarios. Cómo privarme de los abrazos de amigos? Cómo privarme de las risas? Además me encanta.
Mis primeros cumpleaños fueron grandes fiestas familiares en que me vestían a todo trapo y venían hasta los primos, de los primos, de los primos. Después vinieron los que alquilaban el salón en la Virgen Niña (sí, sí leyeron bien) y un animador que era mi preferido. Mi vieja nunca se olvidaba de preparar la bolsita correspondiente para cada amigo, ni de llenar las tarjetitas con linda letra. Después vinieron más lugares, la pista de patinaje, la cancha de bowling, el Club Comunicaciones (infaltable). Más tarde llegó mi casa y los bailes. En mis 15 me tiraron huevos y también bailé un poco de vals (lástima que no la hicieron completa y no me compraron un vestido). Más adelante ya fueron en Bach (con otro cariz, claro). Después la casa de Andre (Gracias!). La casa de la nona (Gracias Marian!): baile, guitarreadas, los panchos al por mayor, damajuanas.
El sábado en casa, otra vez… devolviendo las fiestas a este lugar. Y siempre los amigos, la familia por ahí, dispuestos a venir, a dar, con sinceras ganas. El cumpleaños es mío, la felicidad es de todos. Yo sólo no haría nada. Muchas Gracias.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Mi país de las maravillas


Toda mi infancia deseé tener una muñeca con la cual jugar. Una con el pelo largo para peinarla, para hacerle trenzas. Una que usara vestidos largos, tacos altos. Nunca la tuve. Me conformaba con abusar de las de mis primas, las veces que iba a jugar a sus casas y, lógicamente, a escondidas de los mayores, como si fuera un pacto de silencio que circulaba sólo en el universo de los niños.
Sólo una vez pude sentirme cerca de tener una muñeca. La colección de muñecos “Super Amigos” fue anunciada en la pantalla de la TV y entre los personajes que estaban en la juguetería esperándome, se encontraba ELLA, la que fue acaso mi única muñeca: LA MUJER MARAVILLA.
Hace un rato leía un texto sobre lo maravilloso y pensé en ella, claro. Rescaté algunas ideas que me hicieron pensar en el lugar que tuvo en mi vida. Ahora que ya soy un adulto, tal vez puedo verlo todo un poco más claro, sin que por ello deje de conmoverme aquella mirada infantil que de alguna forma buscaba socorro, un poco de amparo.
Lo maravilloso tiene una función compensadora de la realidad. Busca salir de la regularidad y la trivialidad cotidianas. Detiene el tiempo y la historia (la sociedad y las normas) para propulsarnos a un más allá incierto. Manifiesto como una aparición, como algo que se ve y genera perplejidad es depositario de las inquietudes y también de las proyecciones y posibilidades de nuestra imaginación. El cristianismo, por supuesto, buscó racionalizar y moralizar lo maravilloso circunscribiéndolo al discurso ejemplificador del milagro.
La Mujer Maravilla fue para mí maravillosa, valga la redundancia, por varios motivos. En la distribución sexuada de los juguetes, que parecía predestinarme a la pelota o los cochecitos, ella era la infiltrada entre las colecciones de muñecos y dibujitos “de varones”. Me regalaba identificación, me dejaba jugar a ser ella, escondido dentro del marco de lo que me era permitido. Con un slip azul y unas botas de lluvia rojas trepaba yo por los sillones luchando contra quién sabe qué terribles fantasmas, gigantes o archienemigos. Ante la pregunta, yo era Superman, total el traje era parecido.
La Mujer Maravilla, como yo, tenía una identidad secreta. Ésa que sabíamos sólo nosotros, que era un pacto de silencio, nuestro secreto. Ella me daba la mano y me invitaba a salir del partido de fútbol. Me dejaba subir a su avión invisible para alcanzar lugares más altos, más míos. Algunas veces yo le indicaba a dónde ir y ella piloteaba la nave, otras me dejaba manejar a mí, siempre sentado en sus rodillas. Nunca me amenazó con atraparme en el lazo de la verdad para obligarme a hablar. Con sus brazaletes devolvía los ataques. Cuánto la quería!
Yo era como Diana Prince. El pelo sujeto con gel, la raya al costado. Mi trajecito era un blazer azul, un pantalón gris, camisa blanca, zapatos negros, corbata azul, sweater escote en v azul y medias azules (atrapados en azul!!). Como ella, giraba cuando nadie me veía. Apenas tres o cuatro vueltas sobre mí mismo (por ésto seré vueltero?) y lo maravilloso se me ofrecía generoso y me devolvía lo que más merece un niño: ilusiones.
Nunca me voy a olvidar el día que con veintidós años vi la película “Mi vida en rosa” y Ludovic, un niño de cuatro o cinco años, soportando el peso de su realidad, escapa dándole vida a una muñeca que está en el cartel de una publicidad. Él ve la foto gigante. Ella preciosa, vestida de rosa al lado de un príncipe buen mozo. De repente cobra vida, le extiende su mano y lo invita a pasar, juega con él. Cruza una puerta dimensional, sale del mundo, él era una princesa en ese momento, era feliz. Él era una de las tantas mujeres maravilla.
La Mujer Maravilla fue mi aparición (menos mal que no fue la Vírgen de Luján, jaja). Yo la vi. Me regaló mi identidad secreta, la de mi héroe, la del que tendría que salir a compensar, la que maravillosamente visibilizaría después.
Ahora que pasaron los años ella sigue ahí, acaso devolviéndole a mi conciencia la tranquilidad de que cuando fui niño tuve motivos para jugar, tuve motivos para estar feliz, aunque sea entre paréntesis.

“La infancia es un universo de oro.
Si uno no es feliz allí,
no lo es nunca más”
(Silvina Garré)

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Más allá del Orgullo - GLTTBIH


Repetidas veces, conversando acerca de la marcha del orgullo, recibí comentarios que acusaban al colectivo glttbi de autodiscriminación. Ante mi cuestionamiento respecto de los motivos, el argumento principal que recibí por respuesta fue que nadie planteaba un orgullo heterosexual y entonces, por qué un orgullo gay?? Creo que homologar las dos cuestiones es deshistorizar las particularidades de cada caso, así como dejar de costado el tema de las identidades de género. Para poder abordar esa historización, debemos poner de manifiesto, en primer lugar que, en tanto históricos, hétero y homosexual son constructos que responden a parámetros y cosmovisiones configuradas por las diversas instituciones socio- políticas. La héteronorma como representación de la heterosexualidad. La determinación género a partir de lo masculino – femenino establecida con rasgos morales dominantes, según las épocas. El caballero y la dama, conceptos medievales al alcance de la puerta de cualquier baño. La homosexualidad, como antinorma, fue representada, según las instituciones que discutieran en cada época y los intereses de los estados, como perversión, enfermedad, inversión, entre muchos otros adjetivos descalificativos. También fue silenciada bajo la bulla de la norma dominante. De esta manera, ser heterosexual es algo obvio para cualquier hijo de vecino. Es la definición por antonomasia. Cuánta es la violencia simbólica de este silenciamiento? Por qué la identidad glttbi tiene que surgir como una revelación, confesión si uno no quiere ser tomado por lo que no es?? Homologar la heterosexualidad (como norma) y la homosexualidad (como antinorma) implica borrar todas estas implicancias que se manifiestan a la hora de asumir una identidad sexual disidente. Evidentemente nadie fue asesinado por ser heterosexual, ningún heterosexual ha tenido que aclarar o avisar que lo es. Todas las parejas heterosexuales, además, tienen garantizado el derecho a la herencia y todos los derechos de familia. Las diferencias son muchas. Eso explica que frente al estigma, al insulto, al silencio, a la negación de las identidades se deba responder políticamente con orgullo. Si las leyes están escritas con palabras, entonces de palabras se constituye una de las caras básicas de la dominación, la de los aparatos ideológicos de Estado. Trocar la palabra, anteponer un signo con otra valía es, no sólo posicionarse, sino también reconstruir, replantear, forjar un espacio desde el cual partir para la configuración de nuevos modos de reconocimiento social. En este sentido radica la importancia histórica de la Revuelta de Stonewall de 1969. Ahora bien, cuál es el papel de la heterosexualidad en todo esto?? Por qué tratarla en un estandarte diferente?? Evidentemente, la historia explica esta diferencia entre lo que es una norma de privilegio y lo que no. Los héteros no tuvieron que legitimarse. Sin embargo, la norma de privilegio garantiza la libertad de los sujetos? Garantiza la subjetividad o garantiza la sujeción? Claramente ser heterosexual es mucho más que un hombre en la cama con una mujer, o una mujer con un hombre (que no es lo mismo pero es igual). El acceso a los derechos civiles, para quienes amen a seres del sexo opuesto, exige una determinada regulación del amor y el deseo. Entre los deberes matrimoniales (dispuestos por ley) están cuidar del otro hasta las últimas consecuencias (dejemos el amor de lado, es ley en éstos términos), también se debe fidelidad obligatoria, convivencia obligatoria, compartir bienes y recursos y demás cuestiones, que si no se cumplen tienen previstas sanciones en el Código Penal. La contrapartida de estas cuestiones implica la posibilidad de heredarse mutuamente, de adoptar, de decidir sobre el cuerpo del otro si enferma o muere. El peso de la ley sobre el deseo es el que plantea la antinomia. La reivindicación del libre ejercicio del deseo por parte de las personas que aman seres de su sexo opuesto, no recae, entonces en la construcción de un concepto de orgullo, según cómo evolucionó el mismo en el Stonewall neoyorquino. Mientras que la antinorma trata de quitarse los estigmas, la norma debe poder pensarse más allá de los privilegios, para ver los problemas. Ambas deben correrse del estatuto de lo legal. El punto de confluencia y consustanciación reside en superar la institucionalización del deseo. La postulación de estos preceptos se desarrolla en lo que se conoce como teoría queer. Esta teoría pretende establecer un espacio alternativo a la construcción binaria hétero–homo. Funda sus preceptos en la cristalización de las identidades (incluida la identidad gay) y plantea la posibilidad de generar des-identidades, es decir, de deconstruir el peso de las definiciones sociales que se anteponen a las construcciones múltiples y subjetivas. Este espacio alternativo, en tanto deja atrás la estructura binaria, se forja por fuera de las definiciones genitales, de roles y de sexualidad, tal como se entienden. Si planteamos lo queer como espacio del deseo y el amor dis-institucionalizado, como un más allá de la ley y de las palabras, entonces aparece ese espacio común y participativo a todos y todas. Lo hétero y lo homo no tienen sentido en sí mismos, en este constructo y sólo se establecen sus diferencias a la hora de postular reivindicaciones civiles específicas que, de ninguna manera, considero que no tienen sentido en tanto vivimos en un mundo atravesado por lo legal. Como un más allá del orgullo glttbi, considero que todxs los que asumimos identidades sexuales y de género disidentes podemos zanjar lo que puede ser nuestro próximo gran paso en la historia. Las identidades hétero tienen la posibilidad de cuestionar la norma dominante (que por dominante, muchas veces se vuelve invisible y ahistórica, o sea inmodificable). El camino, desde sus especificidades, puede encontrar su denominador común a partir de este punto que, como posibilitador de toda perspectiva, necesita ser de fuga.

martes, 18 de septiembre de 2007

Me enseñaron todo mal


Normalizar es una palabra complicada. Toda norma es cultural, claro está, por lo tanto podemos, ya mismo, despejar la dimensión de lo natural en esta discusión. Nada en la vida del hombre es natural, ya que somos seres CULTURALES y estamos absolutamente atravesados por la palabra.
Si tomamos norma como cultura, entonces estamos pensando una forma de cultura como superior a otra. Hay una pauta cultural que tiene que someterse a una pauta hegemónica. La manera de legitimar la pauta es naturalizarla, despojarla de su dimensión cultural y hacer que se la vea como natural, ahistórica y, por ende, no cuestionable, ni modificable. Este trabajito de hormiga, claramente, es encarado por la institución más fascista de todas, la iglesia con la ayuda de los milicos, el estado, la escuela, la familia y demás.
El hecho gay lésbico trans no debería "normalizarse" más bien debería tomarse como una pauta cultural más en un entramado de sentires y cosmovisiones humanas. Julia Zenko cantaba una canción que decía "Para parecer normal yo debía ser igual a los que me han enseñado todo mal". Es así!
La cuestión gay lésbico trans tiene su identidad y su especifidad cultural, que deben ser respetadas como tales. No tenemos por qué sujetarnos a las normas imperantes por la sociedad heterosexista. Aún más, los mismos heterosexuales están sujetos y no son libres de ser y elegir. Acaso un hombre heterosexual que no se proclame como el “semental cabrío- macho de américa” es aplaudido?? Acaso una mujer hétero puede pasearse de cama en cama, con cuanto chongo se le cruce, sin que le digan por lo menos puta?
La violencia es cultural y se materializa muchas veces en lo físico (pregunten a las travas si no es así). Las desimetrías en las relaciones de poder exigen un cambio histórico y cultural que nos va a llevar siglos de laburo arduo a tod@s.
El otro día mi hermano estudiaba el nazismo y mi viejo decía que el genocidio mayor de la historia no había sido el holocausto de la segunda guerra, sino que la matanza de todo un continente de pueblos aborígenes en América había sido mayor en número y consecuencias culturales. Concuerdo con eso (sin quitarle peso y gravedad al holocausto, claro). Mientras mi viejo hablaba me quedé pensando que pasa con el holocausto gay, el holocausto travesti. Cúantas travas murieron por razones similares a las que generaron el exterminio de la segunda guerra?? Cuántas siguen muriendo?? Sumemos las que se van a diario por todo el mundo… No quiero ni pensarlo… Y si a ese número le sumamos otro tanto por gays, lesbianas y demás sexualidades e identidades de género disidentes, estamos frente al holocausto del que nunca se habla.
La héteronorma (obligatoriedad de ser hétero de una determinada manera) es un dispositivo que moldea nuestro deseo y lo transforma en un ciclo pautado. Cuando iba a la escuela de curas me plantearon dos caminos posibles en la vida, en la sucesión de sacramentos: Matrimonio u orden sagrado. Ni lo uno, ni lo otro. Disidencia. Elección. Voluntad y, sobre todo, espacio para el deseo de buscar y también de encontrar y también de perderme.
Creo que la única posibilidad que tenemos ser “normales” es siguiendo la propia norma, la que necesitamos, la que construimos, la que podemos también deconstruir cuantas veces queramos, la que nos dignifica y también la que nos establece y nos posiciona (hasta nuevo aviso).